Athletic

Hasta que Muniain se centró

Iker Muniain protege el balón ante el acoso del jugador del Panathinaikos Lod, autor el primer gol local.
Iker Muniain protege el balón ante el acoso del jugador del Panathinaikos Lod, autor el primer gol local.

Ante la inoperancia de Beñat y Vesga en la sala de máquinas, el navarro asumió la dirección del equipo y encendió la reacción de un Athletic que estaba desahuciado

ROBERT BASIC

El Athletic hizo ayer un partido lamentable en Atenas y salió del Apostolos Nikolaidis con una sonrisa de oreja a oreja. Cuando olía a cadáver y amenazaba con descomponerse en el suelo griego, Iker Muniain asumió la dirección del equipo y encendió una reacción brutal que en un abrir y cerrar de ojos devolvió a la vida a los rojiblancos. Y no solo eso, sino que los bilbaínos ya tienen prácticamente asfaltado el camino hacia la fase de grupos de la Europa League gracias a una increíble victoria que se fraguó en un puñado de segundos en los que Aritz Aduriz se vistió de ejecutor. Pero fue el navarro quien sin hacer un partido brillante encendió la luz y prendió la mecha de los seis minutos de locura que bastaron a los hombres de Ziganda para sentenciar a un Panathinaikos que estaba instalado en una nube con aquel desconcertante 2-0.

El Athletic saltó al césped del Apostolos Nikolaidis sin ideas ni fluidez en el juego y su centro del campo era inexistente. El técnico navarro entregó una vez más la batuta de mando a Beñat y Vesga y la orquesta sonaba desafinada, huérfana de directores solventes que le marcaran el ritmo de la actuación. No hubo nada destacable en una primera parte horrible y en la que los rojiblancos no llegaron a tirar entre los tres palos. La imagen del equipo se alejaba muchísimo de la deseada y se necesitaba un cambio para poner a salvo una eliminatoria que se escurría entre los dedos. Tras el paso por los vestuarios, en los que Ziganda decidió mantener las mismas 11 piezas, Muniain abandonó la banda y centró su posición. Era el único que caracoleaba entre las camisetas verdes y aportaba algo de velocidad y sentido al fútbol bilbaíno.

Beñat no tuvo su noche y acabó sustituido en el minuto 77.

Beñat y Vesga seguían en el limbo y era el navarro quien se encargaba de distribuir la pelota. Tanto es así que bajaba hasta el círculo central para recoger el balón, subirlo y a partir de ahí mover un esqueleto que amenazaba con oxidarse. Sin hacer nada del otro mundo era el único que intentaba algo, meter una marcha más, y aún así el PAO marcó el segundo por medio de Bryan Cabezas. Las alarmas no sonaban, aullaban sobre todo en una defensa desordenada, y Muniain continuaba moviéndose entre líneas enemigas. Una buena jugada suya terminó en las botas de Raúl García, quien tiró al muñeco. Corría el minuto 56 y fue el primer remate del Athletic entre los tres palos.

Y entonces se desató la locura, un vendaval de seis minutos que resucitó a los rojiblancos. Muniain puso un centro desde la izquierda y localizó en el segundo palo a Aduriz, quien no perdonó de cabeza. Las migas ya estaban en el camino y solo había que seguirlas. Unos segundos después, Balenziaga asistió y De Marcos fusiló a Vlachodimos. 2-2. Ver para creer. Y el milagro lo completó Williams, quien sacó un penalti a Moledo y el donostiarra sentenció desde el punto de cal.

A falta de seis minutos, Ziganda retiró a Muniain y felicitó al hombre que inició la remontada. El fútbol tiene a veces estas cosas, ilógicas y bellas, y por eso es único.

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