LA NECESIDAD DE ADAPTARSE

El Athletic no solo tiene que realizar una formación integral de los niños, jóvenes y profesionales que pertenecen al club, sino que no le queda más remedio que reforzarla

Julen Guerrero
JULEN GUERRERO

Es evidente que los tiempos han cambiado. La vida vuela, todo es más fácil, las cosas, aunque son las mismas de antaño, parecen diferentes. La juventud no tiene reparo en cambiar de ciudad e incluso de país en busca de retos que le satisfagan y le beneficien profesional y económicamente. No hay que cerrar los ojos. Los jóvenes están muy influenciados por lo que ven en los medios de comunicación y en las redes sociales, y los clubes que optan a ganar todos los títulos en juego son los que más minutos disponen en ese mundo multimedia que nos rodea. Esta es la realidad en la que vivimos -también el Athletic- y poco conseguiremos si la obviamos.

A todo esto unimos que las grandes agencias se hacen con los mejores jugadores a medida que van subiendo de categoría. Su negocio y su forma de vida pasan por velar por los intereses económicos propios y de los futbolistas que representan. Son grandes agencias, con sedes en ciudades e incluso países, muy alejadas del club en el que el deportista se encuentra. Agencias, sociedades y conglomerados financieros fruto de la sociedad ‘de cuanto más, mejor’ y en la vorágine de un sistema llevado al extremo. Invitar a su cliente, como decía el escritor peruano Carlos Castaneda, a recorrer un camino por el mero hecho de que tenga corazón no entra dentro de su lógica de actuación, y es respetable. Es otro paso para que el romanticismo, en estos casos, pase a mejor vida.

Por este motivo, las negociaciones para el Athletic cada día se están volviendo más incómodas. Hemos visto en los últimos años cómo piezas importantes de la plantilla han optado por marcharse, bien pagando la cláusula, bien esperando a que acabe su contrato. Pero no nos engañemos, otros e incluso alguno de ellos también llegaron al Athletic a través de esas grandes agencias. El club rojiblanco, por tanto, también participa en ese juego. Son varios los casos en los últimos años y -¡atención!, todo esto puede que vaya a más- en los que hacer solo un guiño a que quiera quedarse, aludiendo al sentimiento, parece no ser suficiente. Es evidente que el Athletic no solo tiene que realizar una formación integral en todos y cada uno de los niños, jóvenes y profesionales que pertenecen al club, sino que no le queda más remedio que reforzarla. Tiene que seguir mostrando con orgullo sus valores, su filosofía, su forma de ser y actuar, y sí, sobre todo, su sentimiento, que es único en el mundo, y muy bien lo sabemos los que amamos al Athletic.

Saber discernir entre lo que es realmente grande y lo que está hinchado no resulta fácil, y aún menos en un mundo como el fútbol profesional, tan lleno de flashes, que más que dar luz, ciega. Al hilo de todo esto, al Athletic le toca afrontar en estos momentos la renovación de Kepa Arrizabalaga. No es fácil firmar un contrato con un jugador que acaba de llegar al primer equipo -apenas lleva algo más de 20 partidos en Primera- y tener que pagarle uno de los salarios más altos de la plantilla sin que esto no tenga consecuencias dentro del vestuario. Suponiendo que no quiera una cláusula alta, porque no está en relación al salario que se le ofrece, y pareciendo una posición lógica y entendible en los tiempos que vivimos: ¿Es mejor pagarle menos, que tenga una rescisión asequible, buscando con ello un vestuario más tranquilo pero con la posibilidad de que, abonando esa cantidad de dinero, se pueda ir? ¿O es preferible tensar la cuerda, jugar con el sentimiento, no fracturar las jerarquías del vestuario pero con la posibilidad de que finalmente se rompa y se marche gratis?

¿Quién debe cobrar más? ¿Los que llevan más tiempo, aunque en este momento vean cómo los que están llegando les aprietan e incluso les superen en algunos casos o, por el contrario, los que a pesar de estar empezando y parece que ya tienen un gran presente y puedan asegurarte (si es que eso es posible) el futuro?

Y, ¿qué sucede con quienes decidieron irse, pero que en un momento dado por necesidades del club podrían volver? Muchas preguntas para concluir en una: ¿Qué postura le conviene al Athletic tomar con ellos? Son preguntas que no son fáciles de resolver y me temo que al contrario de lo que cantaba Ismael Serrano no estamos a salvo de preguntas sin respuestas. Por este motivo hay que hacérselas, prepararse e intentar -si es posible- contestarlas.

Volar alto no es fácil, tiene su precio. Los nuevos tiempos aprietan…

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