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Exfutbolistas del Athletic se 'arrodillan' ante la clase del navarro, pero exigen «paciencia»
8 de febrero de 2011
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JUANMA MALLO | BILBAO..-

Él ya lo tenía asumido. Había interiorizado que se encontraba ante el curso de la reválida, ese punto de su carrera en el que o se consigue encauzar todo el talento en favor del equipo o, por el contrario, esa proyección se estanca y el futbolista queda como uno más, sí, con calidad, pero quizá nada del otro mundo. Él lo sabía. «Quiero ser un jugador importante», proclamó en julio, cuando disputaba con la selección Sub'19 el Europeo de la categoría en Francia. Y de las palabras, Iker Muniain (Pamplona, 19-12-1992) ha pasado a los hechos. El navarro se ha transformado en una pieza esencial en el esquema de Joaquín Caparrós, un elemento básico en las alineaciones, y un ingrediente de clase que no deja de sorprender y maravillar a una entregada afición de San Mamés cada vez que atrapa un balón, arranca su carrusel de virguerías y desquicia a sus oponentes con inesperados recortes y acrobacias; el sportinguista Lora, por ejemplo, aún le está buscando. «Es un jugador muy importante para el equipo porque desequilibra, sorprende. Es impulsivo y nada previsible», le define Julen Guerrero, que se estrenó en la élite con el Athletic a los 18 años, la edad que ahora mismo tiene el de Chantrea.

Recién cumplida la mayoría, Muniain roza ya los sesenta duelos oficiales de rojiblanco. Eso sí, en Liga, entre las dos últimas temporadas, sólo ha sumado cinco partidos completos. Y eso responde a una minuciosa planificación, a darle minutos, sí, pero también tiempo para crezca, para que se forme, para que madure. «Hay que ir poco a poco con él, como ha hecho Caparrós, que ha sabido dosificarle. El 'míster' sabe cómo llevarle», expone Felipe Guréndez. Él, de todos modos, aprovecha cada instante sobre el terreno de juego, sin excesiva presión, como si estuviera jugando con sus amigos de toda la vida. «Me divertí bastante», confirmó con una sonrisa tras el duelo contra el Getafe en San Mamés en octubre.

Y eso lo enseña siempre sobre el césped, con detalles que no se observan en otros futbolistas, síntomas de 'crack'. «Muniain tiene una chispa diferente. Su desparpajo, su atrevimiento y decisión son insultantes. Es un jugador de calle, de barrio, descarado y chupón», afina la radiografía José Ángel 'Cuco' Ziganda. Sin miedo. Lejos de corsés, con grandes dosis de movilidad, Muniain agarra el esférico e idea múltiples trucos de magia con sus botas, como demostró en el partido contra el Sporting, último ejemplo de su descaro, una actuación que viene precedida de otras muchas de sublime factura. «A medida que pasan los partidos está con más nivel y exigencia, pero también de rendimiento. Y eso es brutal», considera Aitor Larrazabal.

Llegan los goles

En este sentido, el navarro había pecado de falta de gol hasta mediados de enero. De protagonizar derroches de imaginación, de eléctricas carreras por la hierba, de zig-zags dejando atrás a oponentes que sólo pueden frenarle a base de faltas: se encuentra en el puesto 18 de los más castigados por los rivales, a infracción cada treinta minutos. Sin embargo, no culminaba su tortura con el balón en la portería rival. Hasta el 15 de enero: anotó contra el Racing (ha sido uno de los partidos que ha disputado completos) y lo celebró mostrando una espinillera con la imagen de Bart Simpson, apodo con el que le conocen en el caseta. Y una semana más tarde, superó a Calatayud en el duelo contra el Hércules.

Este chaval al que reclutó Caparrós nada más llegar a Bilbao para efectuar la pretemporada con el primer equipo en Covaleda en el verano de 2007, sólo 14 años entonces, luce ocho dianas en los 57 encuentros oficiales con el Athletic. El primero, allá por agosto de 2009, en Suiza, un decisivo gol que sirvió a la escuadra bilbaína para pasar la ronda previa en la Liga Europa. Desde ahí, su crecimiento ha resultado imparable; limitado, eso sí, por episodios puntuales, como la lesión sufrida en el Mundial Sub'17 de Nigeria entre octubre y noviembre de 2009. Atravesó un bache. Dos meses sin jugar. Pero regresó. Con fuerza. «Como ha ocurrido con Fernando Llorente, Muniain está pasando de 'Fernandito' a Don Fernando. Está explotando como es él. De manera precoz. Pero hay que seguir con paciencia a pesar de sus buenas actuaciones», reclama Carlos Ruiz, el último pichichi rojiblanco, que lanza una comparación, similar a la que efectúan muchos aficionados del Athletic: «Salvando las distancias, el ejemplo es Messi. Tiene que entender que está en un grupo y que si crece, él también crece».

Primero el equipo

Y esa lección parece que la ha aprendido, si se analizan sus declaraciones, en ocasiones un tanto grandilocuentes, típicas de su juventud, pero a veces cargadas de cierto poso. «Llevo bien la presión. Por encima de todo hay que destacar la actuación del grupo, lo demás queda en un segundo plano», ha reiterado este chaval, a la última, con presencia en las redes sociales y que hoy se estrenará con España Sub'21, al menos en la convocatoria.

- Tiene 18 años, ¿le llega demasiado pronto esta citación?

- «Si es mejor que el resto y lo está haciendo muy bien, ¿por qué no va a ir? Es muy importante para su moral y para su progresión. Eso sí, todo llevado bajo la máxima humildad y sabiendo que esto no ha hecho más que empezar y que hay un largo camino por recorrer. Tiene que estar con los pies en el suelo, rodearse de la gente que le lleve por el buen camino y pensar en el fútbol y seguir mejorando día a día», le aconseja Guerrero.

Para esto trabaja en Lezama cada día, cada sesión, casi siempre con desparpajo, con una sonrisa, y con sus compañeros ejerciendo de 'padres' para que crezca y se convierta en un referente en el porvenir del Athletic. Aunque algunos ya le consideran un tipo fundamental. «Hay madera. Se ve que tiene fútbol... Pero no es un futbolista con futuro, ya es una realidad. Tiene que aprender, pero ya es una realidad», remata Juanjo Valencia.

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