El Correo
Athletic Club

Un punto de Champions

Aduriz pide el balón en una jugada en el Martínez Valero. / FERNADO GÓMEZ
  • El Athletic suma un empate en Elche en un partido extraño, marcado por el viento, y mete presión a sus rivales

Sumar siempre es bueno. Aunque sea un punto. Continúan los empates en la gira meditarránea del Athletic. Sucedió contra el Valencia, también contra el Villarreal, y ahora con el Elche. En un partido extraño, marcado por un viento que dificultó el juego e impidió que los bilbaínos se sintieran cómodos, los bilbaínos han aumentado su recolecta con una igualada que quizá sepa a poco si se mira a la entidad del rival (sólo dos puntos por encima del descenso al inicio del choque). Pero se puede convertir en oro, en función de los resultados de los oponentes. Es uno de esos empates de oficio, que ya hubiera firmado el lunes la Real en Almería. Quizá se acuerden los donostiarras de esa igualada frustrada en el descuento, y por eso debe adquirir mayor relevancia el punto que se trae el grupo vizcaíno de un campo inexpugnable en las últimas cinco jornadas. Ya son seis. Pero el Athletic ha acumulado comida en su casillero y eso es lo que importa. Continúa su camino hacia la Champions. La acerca un poco más. De hecho, Ander Herrera lo daba "por bueno", nada más acabar el encuentro.

Estaba el Athletic en disposición de echar un candado sobre la Liga de Campeones, sobre esa cuarta plaza que posee desde que ganó al Barça en San Mamés. Gozaba de la gran ocasión de dar ese golpe de mano que provocaría que el aroma de la Champions se empiece a percibir en Bilbao, que se cuele por esos nuevos accesos cercanos a La Catedral, en una ciudad con ganas de ver a su escuadra codearse con la élite del Viejo Continente. Había que ganar para meter presión a los rivales, para que ese billete que ya está en fase de tramitación se selle y lleve el nombre del cuadro de Ernesto Valverde. Y la tropa de Txingurri se ha quedado a medias: ha sumado un punto que tiene que hacer bueno el sábado contra el Atlético en San Mamés; venganza ante el primer equipo que 'violó' la nueva Catedral. De momento, se marcha a nueve del Sevilla (que recibe este miércoels al Madrid), a diez de la Real (que juega contra el Valladolid) y a once de un Villarreal que se mide al Getafe.

Fue un partido raro, más bien feo, casi sin oportunidades de relevancia. El viento provocó que ninguno de los dos equipos afinara en los primeros minutos. Ningún jugador calibró la fuerza con la que debía golpear a la pelota. Normalmente, se pasaban. Se iban de más. Y el juego se trababa, no había ritmo, y el Athletic en estas situaciones no disfruta. Tampoco, es cierto, se lo puso fácil el Elche, presionante, sabedor de que su permanencia pasa por un Martínez Valero lleno de bolsas de plástico por ese persistente y molesto aire. No hubo grandes oportunidades en toda la primera mitad. Avisó el cuadro local nada más arrancar el encuentro, pero Boakye no llega a un centro de Rodrigues, que martirizó a Balenziaga. Minuto tres. A partir de ahí tampoco es que hubiera mucho espectáculo. Unas veces el viento, otras las imprecisiones -no siempre por ese fenómeno meteorológico-, y otras las continuas faltas, acoso y derribo de Botía sobre Aduriz, provocaban que el Athletic no se sintiera cómodo sobre el césped de un estadio maldito.

Trataba de tirar del equipo Ander Herrera, aunque no gozó de su mejor noche. Iker Muniain también lo intentaba. Agua siempre. Sin ideas. Estaba desesperado Ernesto Valverde en la banda. No reconocía a su ejército. Acumula varios duelos este grupo sin encontrarse a sí mismo. Apareció De Marcos en una ocasión por la derecha, mediada la primera parte, pero tras una serie de rebotes perdió el esférico. Es cierto que se animó una pizca la escuadra rojiblanca. Hubo una falta por la izquierda de Ander Herrera, un disparo de De Marcos muy alto... Pero nadie superaba a Manu Herrera. Iraizoz, en cambio, tampoco acumuló excesiva labor, con un buen trabajo de Mikel San José, sustituto de un Gurpegui que se perderá lo que resta de temporada por una lesión en la rodilla derecha.

Tras el paso por los vestuarios se vio, por momentos, a un Athletic más cómodo, aunque no llegaba el premio, esa diana que hubiera impulsado a los vizcaínos hacia la victoria, hacia un triunfo que hubiera supuesto tres puntos en la tabla, y otra gran transfusión de moral al vestuario vizcaíno, una pizca tocado por la lesión de Gurpegui. Muniain, por ejemplo, ideó un atrevido pase sobre Aduriz, que no aterrizó en su destinatario; en la primera mitad el guipuzcoano se quejó al navarro por no cederle un balón dentro del área. Después de una buena fase vizcaína, Herrera, que no jugará el sábado contra el Atlético por sanción, se cortocicuitó. No era capaz sobre el césped lo que su cabeza tramaba. Y los bilbaínos estaban cojos. Y se asustaron en el minuto 72 con Cristian que dispara y Laporte toca lo justo para enviar el balón a córner. Menos mal. Suspiro. Igual que a falta de diez minutos para el final: Cisma remata en el área pequeña justo a las manos de Iraizoz.

Había que buscar, de todos modos, la victoria. A la desesperada, en la búsqueda de ese "revulsivo", tiró Valverde de Toquero. Quitó a Aduriz. A por la victoria a través de la heroica. Antes habían salido Susaeta y Morán. Hubo una carámbola en el descuento, entre Pelegrín y Cisma, con un balón que se envenenó. Nada. No era el día. Y el Elche remató de pena en el 93 desde dentro del área pequeña. Uffff. Empate a cero. Casi sin oportunidades, es el resultado más justo. Un punto hacia la Champions. Que acerca un poco más ese aroma de la Liga de Campeones, que hace quince años ya se disfrutó en Bilbao.