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Gloria, tragedia y compasión

Quagliarella y Glik son dos de las principales figuras del Torino.
Quagliarella y Glik son dos de las principales figuras del Torino. / Efe
  • El Torino sufrió el capítulo más dramático de la historia del fútbol en 1949, cuando un accidente aéreo se llevó a uno de los mejores conjuntos que se recuerdan en Italia

Los hinchas del Torino tenían la certeza de que sus sueños estaban a buen recaudo, que con el equipo que tenían en la segunda mitad de la década de 1940 serían invencibles durante mucho tiempo. Compaginaban la embriaguez del éxito con la calma que proporciona hace del triunfo algo cotidiano. El ahora rival del Athletic en la Europa League había levantado cuatro títulos de Liga de manera consecutiva, estaba a un paso del quinto, suscitó la admiración de toda Italia, se encumbró como uno de los mejores conjuntos transalpinos de la historia y diez de sus jugadores llegaron a coincidir en las alineaciones de la selección ‘azzurra’ (sólo el portero jugaba en otro club). Y, de pronto, tras disputar un amistoso contra el Benfica, todo quedó reducido a ceniza en el monte Superga, junto a la emblemática basílica, donde murieron todos los miembros de la expedición. La gloria y la tragedia se fundieron en la espesa niebla que cubría Turín.

Desde aquel día (4 de mayo de 1949), al Torino se le ha medido en base a los dos extremos, y el conjunto grana ha alternado campañas desastrosas y algún periodo triunfal, aunque ninguno que se le acerque a la hegemonía que impuso en los 40. En su historia rebosan pasajes que mezclan el drama y la alegría, con algunos capítulos de humor macabro. Con la fecha que le marcó a fuego de por vida comenzó una nueva existencia y una alianza tácita con el resto de los equipos de la Serie A. Todos se compadecieron del desastre de Superga, y, a pesar de que han pasado ya más de 65 años, los ‘tifosi’ de las escuadras rivales añoran al ‘Grande Torino’. Los del Comunale, mientras tanto, se resignan a perdurar a la sombra de la vecina Juventus a la espera de un nuevo brote de gloria.

El trágico accidente aéreo desató la solidaridad a nivel mundial, hasta el punto de que el River Plate, con Di Stéfano, Labruna, Carrizo y Rossi a la cabeza, promovió numerosos partidos benéficos y le brindó un amistoso por todo lo alto al Torino con el fin recaudar fondos para el club y las familias afectadas. El extraordinario gesto del campeón argentino aún se recuerda en las calles de Turín, donde la mayoría de sus habitantes sienten más el granate que el negro y el blanco. En algunos de sus partidos a domicilio, de hecho, el equipo piamontés luce una camiseta blanca con una franja roja como tributo al club de Buenos Aires.

Decir que al Torino le costó rehacerse del desastre de Superga sería una obviedad, pero el grado fatalidad que le ha perseguido desde entonces ha rallado lo absurdo. El conjunto grana se refugió en el pasado y en su propia nostalgia para sobrellevar una dura reconversión. Los socios volvieron a atreverse a soñar casi veinte años después del accidente, con la irrupción del genial centrocampista Gigi Meroni, llamado a convertirse en leyenda del club. Sin embargo, en 1967, a los 24 años, fue embestido por el descapotable de Attilio Romero, un fanático aficionado de 19 años, que portaba una fotografía del futbolista en su propio coche. Décadas después, en el 2000, aquel joven llegó a la presidencia del club. Su aventura al frente del Torino, no obstante, estuvo a la altura del dantesco suceso que protagonizó con su vehículo.

Muchos aseguran que bajo el mando de Romero llegó el lustro más negro del Torino, con interminables problemas financieros y condenado al descenso en 2005. Pero no todo acaba en desastre en el relato del club de Piamonte. También consiguió un ‘scudetto’ en 1976 –el primero y último desde 1949–, en una época notable en la que luchó frente a frente con la enemiga Juventus. Alcanzó incluso una final de la UEFA en 1992 después de haber eliminado al Madrid, pero cayó en el choque decisivo ante el Ajax.

Ahora, con un liderazgo aún algo difuso más allá de Quagliarella y Glik, juega por primera vez en el Viejo Continente desde aquel año. Y tampoco su clasificación fue cotidiana. El Torino debía ganarse su plaza europea en la última jornada de la pasada campaña ante la Fiorentina y contaba con un penalti a favor en el último minuto. Demasiado fácil. Cerci lo falló y los turineses tuvieron que esperar a que el Parma fuera sancionado y perdiera su plaza. Este es hasta hoy el último capítulo grotesco del Toro tras un sinfín de disparates históricos.

Entre los pasajes más famosos se encuentra el mal fario de 1914, cuando la Primera Guerra Mundial precipitó el final de Liga a falta de un partido decisivo para el campeonato. El Torino se enfrentaba al Genoa, líder, al que superaría en caso de victoria, algo más que factible después de que en la primera vuelta le endosara un severo 6-1. También le retiraron su primer título, en 1927, después de haber intentado comprar a un jugador de la Juventus para que se dejaran ganar. Las conversaciones se desarrollaron en un hotel, y en la habitación de al lado se encontraba un periodista que después lo desveló todo. El Torino mantiene aún su interminable persecución a recuperar el éxito, ya que sus aficionados, por cuestión de probabilidad, confían en que el infortunio deje de perseguirles.