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Un santuario del Torino en Santutxu

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Carlo de Lodi, con la bandera del Torino al fondo. / El Correo

  • Carlo de Lodi ha convertido el bar La Nube del barrio bilbaíno en un pequeño templo del conjunto turinés, aunque acudirá a ver el encuentro a San Mamés

"Turín es una ciudad mágica. Tiene magia blanca y negra. A nosotros nos ha tocado tener la negra. A la Juventus, la blanca". La resignación forma parte del ADN de los hinchas del Torino. Tanta tragedia, éxitos arrebatados y fatalidad construyen una muralla en los aficionados del Toro, nostálgicos por naturaleza. Es también el caso de Carlo de Lodi, un turinés afincado en Bilbao desde hace 12 años (ahora tiene 45), que ha convertido el bar La Nube de Santutxu en un pequeño santuario grana. Él luce con orgullo una chaqueta del club, con sus letras bien visibles, y ha colgado una gran bandera. La decoración adquiere una gran relevancia a medida que el decisivo encuentro del jueves se acerca. A él, no obstante, le cuesta dar rienda suelta al optimismo desenfrenado, quizás como medida preventiva al desengaño.

"Confío en que podamos pasar, pero lo veo muy difícil", afirma Carlo, que cuenta las horas para que llegue el partido. Será la primera vez que acuda al nuevo San Mamés, y lo hará además con sus amigos, que llegarán desde Turín. En sus palabras, no obstante, se percibe cierta añoranza respecto al viejo Comunale, adonde asiste cada vez que viaja a la capital piamontesa. "El viejo San Mamés me parecía aburrido. En el Comunale se empuja más", dice sin titubeos, aunque reconoce la buena conexión que mantiene con la hinchada del Athletic, a pesar de las constantes bromas que ha recibido de amigos y clientes desde que se conoció el cruce de la Europa League.

A pesar de estar asentado en Bilbao desde hace 12 años, Carlo tiene clara su preferencia. Así lo demuestra su colgante, con el viejo escudo del Torino como principal motivo. Puede que haya desarrollado cierta simpatía hacia el Athletic, pero cuando se trata de defender su pasión, no caben medias tintas. Irá con el Torino a muerte, sin detenerse demasiado en la posibilidad de la derrota. Resulta lógico, después de que lo que le ha costado regresar a Europa al conjunto de Giampiero Ventura. Hoy, el liderazgo del Torino se encuentra algo difuso tras la marcha de Cerci y, sobre todo, Immobile, aunque Carlo confiesa que siente debilidad por el polaco Kamil Glik y por Quagliarella y Amauri, los hijos pródigos repescados. Para dar con su mayor ídolo "hay que remontarse a muy atrás", dice. "Bueno, a Martín Vázquez también lo considero un grande", reconoce.

Carlo abandonará La Nube para ver a su equipo en San Mamés con sus amigos, una ocasión que asume que será difícil de repetir. El hecho de que los dos conjuntos se mantengan en Europa (más difícil en el caso del Torino, cuyas participaciones son más esporádicas), que se hayan cruzado en el primer cruce de eliminatoria directa, después de que el Athletic cayera rebotado de la Champions... Demasiados condicionantes para dejar pasar una oportunidad única, de modo que cambiará su pequeño santuario por la nueva Catedral, aunque ello le conduzca a un nuevo desamor.