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Aduriz, según sus creadores

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Aritz Aduriz celebra un gol con el Athletic.

  • Entrenadores que han dirigido al delantero desde que tenía 14 años desgranan cada paso del ariete rojiblanco y ensalzan su calidad humana. «Todavía me escribe y se reúne conmigo», coinciden

«Estuve por última vez con él hace un mes. Me decía: 'Si no es por aquel año, por vosotros, que creísteis en mí, no hubiera estado hoy aquí'. Nos pusimos a llorar. Los dos». Han pasado ya 16 años desde que Koldo Segurola entrenó a Aritz Aduriz en el Aurrera de Vitoria (1999-2000). El delantero rojiblanco es hoy el máximo goleador español del momento y acaba de recibir la llamada de Vicente del Bosque para participar en el ensayo general de cara a la Eurocopa, pero mantiene cada etapa de su pasado como una huella indeleble. Este es uno de los principales rasgos que se desprenden cuando sus mentores echan la vista atrás y recuerdan cada paso en la evolución del delantero desde que buscaba su propio estilo en el Antiguoko con 14 años.

Al contrario de lo que pueda parecer, la historia de Aduriz no es la de un delantero predestinado. El donostiarra necesitaba hacerse un hueco entre sus compañeros de equipo, todos físicamente más desarrollados que él. Perdía en la mayoría de las disputas y le costaba entrar en el 'once'. Este aspecto puede convertirse en un abismo entre los jugadores más jóvenes, ya que incluso a los menos dotados les permite superar a sus rivales. «Con 14-15 años todavía estaba poco hecho. Tenía maneras y era muy habilidoso, pero no tenía la misma fuerza. Al ser más pequeño, tenía que ser más listo, más ratilla», recuerda Roberto Montiel, hoy vicepresidente del Antiguoko. Aquel temprano hándicap fue, sin duda, la clave para que el ariete desarrollara ese instinto asesino que le caracteriza y que le permite anticiparse a casi todos los defensores.

«¡Me ponías de suplente, cabrón!», le dijo Aduriz a Montiel una de las últimas veces que coincidieron. Además del dilema físico que le asaltaba al entrenador, el talento de aquella plantilla era un auténtico lujo. Xabi Alonso, Mikel Arteta y los exrojiblancos Andoni Iraola y Ander Murillo coincidían en la caseta con el ariete guipuzcoano de forma regular. Lo que sí se le advertía al joven Aritz a mediados de los años 1990 era la dualidad en su carácter. «Era muy reservado, pero un gran compañero. En el campo era descarado. No dudaba cuando se la tenía que jugar», asegura Montiel. Sus antiguos técnicos, incluido Marcos Alonso, que le entrenó en el Valladolid, coinciden en describir su personalidad como un «liderazgo discreto y efectivo».

Aduriz encontró su estilo cuando su físico comenzó a ganar potencial, pero los hombres que le tuvieron a su cargo tardaron en verlo en alguna ocasión. Nunca cayó en el olvido ni firmó temporadas negras, pero le costó demostrar cuál era su perfil. «Hasta juveniles, que fue cuando pegó el estirón, sufrió un poco», admite Montiel. «Después de pasar por el Aurrera intentaron ponerlo en la banda y sacarlo del área. No lo pasó bien. Hablaba con nosotros, nos llamaba... Hasta que alguien lo recuperó para el área. Entonces volvió a sacar esa genética rematadora que tenía desde cadetes», recuerda Segurola.

Pese a pasar sólo un año en Vitoria, sus raíces son muy profundas en la capital alavesa. «Era un chavalito que venía de Donosti, con una sensación de andar un poquito perdido. Yo creo que se sintió tan querido desde el principio que no nos ha olvidado. Y no lo digo por mí. Es que no se olvida de ningún compañero. Habla con ellos por whatsapp, por e-mail... Les quiere y cuida cada detalle. Eso es por todo lo que se llevó», afirma su antiguo técnico alavés, que guarda una secuencia imborrable en su memoria. «Al terminar un entrenamiento, cuando se quedaban los que lanzaban las faltas –entre ellos el hermano de Rafa Alkorta, Óscar–, decidió acercarse e intentarlo. No metía una. Le dije: 'Aritz, tienes que aprender'. Y por azar o vete a saber por qué, yo, que cuando jugaba me caracterizaba por un juego más físico, la metí por toda la escuadra. Me miraba y me decía: '¿Cómo se puede pegar así al balón y no haber llegado arriba?'». Aquel fue uno de los momentos que rememoraron en su último reencuentro, al igual que su primer gol.

«No tiene precio»

«'¿Te acuerdas del primer gol que metí? Contra el Calahorra, con el exterior. No se me olvida. Es imposible', me decía. Pero más que eso, recuerdo la primera patada que le pegó al pobre central. Su reacción fue encararse con él, y Aritz le sonrió como diciendo: 'Te voy a guardar otra para la siguiente'. Era el único capaz de sacar de sus casillas a todos los defensas. A todos. Y así sigue siendo», evoca Segurola. Ese carácter, que en ocasiones llega a rozar lo pendenciero, es una pepita de oro en opinión de la mayoría de los técnicos.

«Tener un jugador de esas características humanas no tiene precio. Y ahora, como veterano, debe valer su peso en oro. Sólo hay que mirar cómo le abrazan cuando marca. Te das cuenta de que sobran las palabras. En las miradas de sus compañeros se ve el cariño, el agradecimiento y el respeto por todo lo que hace. Es un tío sensacional», admite el croata Sergio Kresic, que tuvo en sus filas al donostiarra hace once años en el Valladolid. Fue precisamente en el conjunto pucelano donde Aduriz explotó como un artillero letal. De hecho, la importancia de su papel se vio de forma clara en el momento de su marcha al Athletic, en enero de 2005. «Estábamos en zona de luchar por el ascenso, y le dije a la directiva que si vendían a Aduriz, no íbamos a subir. Lo hicieron y el equipo no bajó de milagro. Era imprescindible», subraya Marcos Alonso.

Pero antes de esa explosión en Segunda, el donostiarra tuvo que curtirse en el Bilbao Athletic y en el Burgos, sobre todo al mando de Carlos Terrazas –también tuvo a Edorta Murua y a Ernesto Valverde en el filial rojiblanco–. «Nos enteramos de que el Athletic no iba a contar con él y decidimos ficharlo para el Burgos. No fue fácil, porque tenía otras ofertas, del Eibar, por ejemplo. Pero lo conseguimos e hizo una gran temporada», recuerda el hoy entrenador del Mirandés. Sin embargo, a la hora de elegir una jugada determinante, mira hacia Lezama. «El balón estaba perdido, pero él fue a presionar al portero desde el centro del campo. Le robó la pelota y provocó penalti y expulsión. Le define a la perfección», dice Terrazas.

El vínculo inquebrantable que mantiene Aduriz con un círculo enorme de personas es uno de los grandes avales de su factor humano. «Es muy competitivo, pero muy noble a la vez. Y eso el fútbol se lo premia y lo percibe», ensalza Joaquín Caparrós, que dirigió al donostiarra en su primer regreso al conjunto rojiblanco. «Después, cuando estuve en el Mallorca –no coincidieron en el conjunto balear–, me sorprendió que todos hablaban maravillas. Se referían a él como un amigo», afirma el utrerano.

Más allá de profundizar en sus atributos técnicos y cuidarse para alcanzar el momento álgido de su carrera a los 35 años, Aduriz ha conseguido moldear sus cualidades a las exigencias de su cuerpo. «Puede sonar contradictorio. Pero ahora es más rápido que cuando tenía 25 años. La velocidad en el fútbol no sólo está en correr rápido, sino en la anticipación. Siempre ha sido listo, pero al ser joven se dejaba llevar un poco por el ímpetu. Ahora sabe cuándo correr, cuándo parar, cuándo pelear. Eso es muy difícil de saber cuando estás lleno de energía», asegura Kresic, con quien todavía intercambia mensajes en la actualidad. «Es impresionante que mantenga la potencia en el salto. Yo creo que nadie lo esperaba, sobre todo en un jugador de contacto permanente. Está pletórico», reconoce José Manuel Esnal, Mané.

«Pura fantasía»

Cada paso que ha dado Aduriz en los últimos 21 años han encontrado su lustroso premio a los 35, con el futbolista en plenitud y entre los elegidos para disputar la Eurocopa con la selección. El donostiarra ofrece un perfil que no se encuentra entre los habituales integrantes de 'La Roja'. Es un ariete definido, con un gran juego aéreo que puede actuar como desatascador en algunos encuentros. «El primer contacto que tiene con el balón es de los mejores de Europa, de máximo nivel mundial», asegura Terrazas. Mané, mientras tanto, cree que «es pura fantasía verlo suspendido en el área. Es su marca. Ha conseguido que sea su imagen inequívoca».

Aduriz es hoy uno de los mejores productos del fútbol vasco y de Lezama. «Tuve la suerte de pasar un mes en Bilbao para ver cómo se trabaja con la gente joven y aplicarlo en mi antiguo club, el Hajduk Split. Y todo lo bueno que tiene el fútbol vasco está en 'Adu'», admite Kresic. Ese es uno de los grandes hitos del ariete del Athletic: despertar admiración en cada uno de sus mentores, desde que sólo era un niño indeciso hasta convertirse en uno de los grandes depredadores de Europa.