El Correo
Athletic Club

Un antes y un después

Reconozco que cada vez me resulta más indigesto el círculo vicioso en el que se encuentra sumido el Athletic. Empieza a resultar mareante esta sensación de que todo va y vuelve, de que el equipo ni avanza ni retrocede sino que está instalado en un mismo punto que sólo gira y gira. Pasan las semanas y nada cambia. El equipo gana en San Mamés, siempre remontando, y pierde fuera, siempre dando un espectáculo deprimente, de esos que hacen añorar los viejos tiempos, cuando los partidos no se televisaban y uno, por tanto, no sufría en carne viva los despropósitos del equipo lejos de casa. Es más, hasta podía relativizarlos y justificarlos pensando en las cosas terribles que había por ahí fuera: calores saharianos, campos secos en los que crecían las chumberas, públicos hostiles, árbitros malísimos, defensas sudamericanos recién salidos del presidio, qué se yo. Ahora no. Ahora lo vemos todo. Y nos cansamos, claro. Son ya cinco meses así y, por lo visto, no hay forma de que el Athletic se baje de este tiovivo enloquecido en el que se subió, sin saber muy bien el motivo, el pasado mes de septiembre.

Al menos en mi caso, al cansancio contribuye también la incomprensión. No acierto a entender lo que le pasa al equipo esta temporada. O más que al equipo, cuyas carencias estructurales -¡un interior izquierda, por favor!- son de sobras conocidas, a algunos de sus jugadores. Que Aduriz haya bajado su cifra de goles es algo lógico, tanto por su edad como porque lo que hizo la pasada temporada fue tan extraordinario que para encontrarle un precedente en este club había que remontarse hasta Zarra. Lo mismo podría decirse de Iraizoz, que ya está empezando a escribir su epílogo como portero. La incomprensión tiene que ver con otros futbolistas y da pie a una cascada de interrogantes. Veamos algunos. ¿Por qué Laporte no es el del año pasado? ¿Qué le ocurre a San José? ¿Por qué una lesión de tres semanas en octubre ha desfigurado de tal manera a Beñat? ¿Por qué no espabila Iturraspe? ¿A qué se debe que De Marcos vuelva de una lesión y su mejor partido lo haga el día de su regreso y luego se venga abajo? ¿Cómo es posible que Susaeta haya perdido tantos galones que su entrenador prefiriera el domingo sacar en su puesto a Eraso antes que a él? ¿Cuál es la causa de que Williams no haya progresado respecto a la pasada temporada sino al revés?

La verdad es que no encuentro respuestas. Se me ocurre pensar en un efecto contagio. Y es que ya se sabe que, dentro de las plantillas, se producen a veces explosiones por simpatía, tanto para lo bueno como para lo malo. También podría pensarse en la erosión típica de un largo ciclo. Sin embargo, basta con observar el vídeo de la tarta que los jugadores le regalaron ayer a Txingurri en Lezama por sus 290 partidos para comprender que la relación del técnico con sus jugadores, después de cuatro años de trabajo en común, sigue siendo estupenda. Desde luego, es lo que parece. De manera que habrá que concluir -yo ya me estoy resignando a ello- que todo ha sucedido porque tenía que suceder, porque en el fútbol, un juego al fin y al cabo, ocurren a veces este tipo de cosas que nadie se termina de explicar.

Sea como fuere, lo que está claro es que al Athletic le ha llegado la hora del retrato definitivo. Hasta la fecha, ninguna de sus victorias le ha propulsado y ninguna de sus derrotas le ha traumatizado. Sus resultados han ido oscilando de forma pendular y creando una cierta decepción entre los aficionados, pero lo cierto es que el equipo sigue ahí, al quite, vivo y coleando, con las puertas abiertas tanto en la Liga como en la Europa League. Resumiendo, podríamos decir que al Athletic todavía no le ha pasado nada. A partir del jueves, ya no será así. Para los rojiblancos, el viaje a Nicosia será como para los reclutas que marchaban a la guerra. Y no lo digo porque el campo del Apoel vaya ser un polvorín sino porque ellos ya no serán los mismos tras soportar la experiencia de jugarse la vida en noventa minutos. Me temo que el jueves quedará marcado un antes y un después en la trayectoria del Athletic esta temporada. Y sospecho que Valverde, que desde que el Anorthosis eliminó a su Olympiacos de la ronda previa de la Champions en 2008 no se fía un pelo de los chipriotas, comparte esta impresión.

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