El Correo
Athletic Club

Una herida muy profunda

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Thomas Christiansen consuela a Muniain. / Ignacio Pérez

  • Negado de cara al gol y víctima de la vulgaridad de su fútbol, el Athletic cae en Europa y se condena a la melancolía el resto de la temporada

El fútbol del Athletic llevaba toda la temporada ofreciendo alarmantes señales de indigencia, sobre todo fuera de casa, pero ni siquiera esta realidad podía hacer pensar que iba a sufrir un batacazo como el de ayer en Nicosia. La Europa League, una competición para que los rojiblancos se habían conjurado como nunca –o al menos, eso decían– se acabó convirtiendo no sólo en una decepción monumental sino en algo peor: en la sospecha dolorosa de que el ciclo de este equipo y del propio Valverde está llegando a su final. Hoy por hoy, el Athletic es un grupo enfermo. Su juego se ha ido degradando tanto que ha llegado a un punto terminal. Quizá con la presencia de Aduriz se hubiera escrito ayer una historia distinta, menos trágica, pero no tiene sentido pensar en ello. No ser capaz de marcarle un gol al Apoel, que jugó con diez la última media hora, es como para hacérselo mirar.

El Athletic tiene muchas cosas que mirarse, efectivamente. La confianza es una de ellas. Y es que la ha perdido por completo. Seguramente, a la misma velocidad a la que su fútbol se ha ido descomponiendo hasta convertirse en un ejercicio agónico de carreras y balonazos, tan primario que resulta incomprensible en un equipo que, hace menos de un año, mereció eliminar de esta competición al futuro campeón en su propio estadio ofreciendo una imagen soberbia. Ayer, por el contrario, fue incapaz de reponerse a los dos goles que le hicieron los chipriotas al comienzo de la segunda parte, el primero de muy bella factura, obra de Sotiriou, y el segundo de un penalti inexistente en el minuto 53. El Athletic tenía tiempo de sobra y había demostrado en la primera mitad que podía llegar con facilidad a la portería de Waterman. Sus jugadores, sin embargo, se hundieron en la vulgaridad, sumidos en las prisas, en la desesperación, sin un clavo futbolístico al que agarrarse. Fue deprimente. Uno de esos partidos que quedará ahí, en esa pequeña historia particular de la infamia que tienen todos los clubes.

Siempre se espera con mucha expectación el arranque de estos duelos. Hay verdadera impaciencia para sacar las primeras conclusiones y hacer el boceto inicial del partido. Pues bien, éste indujo al optimismo a todos los hinchas rojiblancos, a quienes el chasco posterior les pilló , por tanto, de sopetón y con la guardia baja. Dos eran los motivos fundamentales del optimismo. El primero, que el ambiente estaba lejos de ser el infierno que se había anunciado. Quien mas quien menos esperaba unas gradas retumbantes y una exhibición de bengalas tan apoteósica que su resplandor se captaría desde el satélite Meteosat, como el humo de las grandes erupciones. Y_nada. Una hinchada ruidosa, que no pudo ni siquiera llenar uno de los fondos, y poco más. El segundo motivo era el propio Apoel, que tardó unos segundos en demostrar sus deficiencias. Es más, a medida que pasaban los minutos, se fue acentuando la sensación de que los chipriotas no sólo eran malos sino peores de lo que habían parecido en el choque de ida en San Mamés.

Errores de Williams

Williams tuvo la primera ocasión a los tres minutos. Disparó fuera. Suele hacerlo con frecuencia. Quedó claro en ese instante que el delantero rojiblanco iba a tener mucho protagonismo. Su velocidad hacía añicos a los defensas del Apoel. El gol, sobre todo ese primero que tranquilizaría los ánimos, debía ser cosa suya. Y ese fue el problema. Williams no es, precisamente, un killer. Como diría un cronista un poco pedante, no es un jugador que se relacione bien con el gol. Hasta tres claras opciones tuvo de adelantar a su equipo en una primera parte que el Athletic controló con total autoridad, aunque la finalización de sus jugadas de ataque fuera un suplicio chino. El nivel de desperdicio de los rojiblancos en esta eliminatoria ha sido brutal. Tanto como la ha sido la eficacia del equipo de Christiansen. Tardará años en volver a disfrutar de una exhibición de puntería semejante.

Ningún equipo puede fallar tanto como ha fallado el Athletic sin pagarlo muy caro . Y menos uno que tiene la defensa cogida con pinzas. El Apoel sólo llegó dos veces al área rival en la primera parte, pero obligó a Iraizoz a hacerle una buena parada a Efrem y a San José a derribar a Vinicius, un penalti tonto que el árbitro no vio. Fue la primera pifia del navarro, cuyo partido fue desolador. Dicho de otro modo: daba miedo que los chipriotas se acercaran. Lo bueno es que lo hacían menos que un pícaro a un confesonario. Ahora bien, en el arranque de la segunda mitad, se decidieron a tocar el timbre. De Marcos permitió de mala manera un centro desde el córner, Etxeita se dejó comer la tostada por Sotiriou y el delantero centro chipriota marcó con un gran golpeo de espuela.

La fatalidad volvía a golpear a los rojiblancos. Duro y a traición. Cuando en el minuto 53 Giannotas hizo el 2-0 de un penalti que no fue, la impresión es que había una conjura de astros contra el equipo de Valverde, que a pesar de sus deficiencias no merecía ni de lejos ese castigo. Era un momento crítico, de esos que examinan la fortaleza de un grupo. Pues bien, la respuesta del Athletic no pudo ser más penosa. Hacer dos goles no era ninguna quimera ante un rival como el Apoel, que vendría a ser un modesto Segunda en España. Sin embargo, el fútbol de los rojiblancos fue tan pobre que las esperanzas se fueron desvaneciendo sin remedio para dar paso a algo parecido a la indignación Y, desde luego, a una profunda tristeza. Me temo que llegan meses de mucha melancolía.

Directo

APOEL 2 - 0 (4-3) ATHLETIC

Tristemente, ponemos aquí punto final a esta narración. Gracias por habernos acompañado en esta última noche europea de la temporada. Saludos!! Agur!!

Eliminado de la Copa, eliminado de la Europa League... ya sólo queda la Liga Santander. Pelear por puestos europeos, que no está tampoco nada fácil.

Los goles de Pieros y de Gianniotas (penalti) en los primeros minutos de la segunda mitad han dado al traste con los planes de un Athletic que sí ha tenido ocasiones, pero que ha sido incapaz de convertir ninguna de ellas.

Las ganas y el empuje de los chipriotas han podido con un conjunto rojiblanco que, una vez más, lejos de casa, ha mostrado muchas carencias.

EL ATHLETIC, ELIMINADO DE LA EUROPA LEAGUE

APOEL 2 - 0 ATHLETIC | 4-3 EN EL GLOBAL

FINAL DEL PARTIDO

FINAL.

Recupera rápido el Athletic... Muniain intenta meter en largo, pero corta la defensa local...

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