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OPINIÓN

La sonrisa de 'Zizou'

A cualquier aficionado al fútbol atento a los pequeños detalles le bastará con observar el primer gesto de Zidane en la sala de prensa de San Mamés para saber lo que ha hecho su equipo. No necesitará ver el partido. Si su famosa sonrisa le sale de forma espontánea significará que el Madrid ha ganado. Si la dibuja de una manera más forzada, como escondiéndose detrás de ella, será que sus pupilos han caído y se han complicado la vida. La verdad es que me tiene muy intrigado la risita de ‘Zizou’. Es cierto que los resultados le han acompañado desde que dirige al Real Madrid y ello es un buen motivo para sonreír. Sin embargo, cuanto más le observo, más sensación tengo de que hay algo en su actitud que tiene que ver no sólo con la manifestación natural de un sentimiento sino con el desarrollo de una inteligente estrategia.

Creo que el técnico francés ha descubierto que su sonrisa es un arma letal. En cada comparecencia ante los medios, obra un prodigio que me recuerda al de los domadores de fieras cuando consiguen que el león les coma en la mano como un gatito. ¿Entiende que Isco quiera jugar más y dude sobre su renovación?, le preguntan. Y ‘Zizou’ sonríe de oreja a oreja y dice que sí, que por supuesto que lo entiende y que el malagueño es un gran futbolista. ¿Le preocupan los errores de Keylor Navas?, le interrogan. Y el francés sonríe y recuerda que el costarricense es un porterazo y salvó al equipo con su última parada. Y ahí se acaba todo. A este paso, un día los periodistas dejarán de interrogarle, desarmados de antemano, y cuando regresen a las redacciones y sus jefes les pregunten si Zidane ha dicho algo jugoso les responderán que sí, que les ha dicho que son unos pillines y que la vida es bella. Que gran titular, por cierto.

Dicho todo esto, debo reconocer que me encantaría que el domingo a Zidane se le borre de cuajo la sonrisa y entre en la sala de prensa como si en el túnel de vestuarios se hubiera encontrado con Materazzi y éste le hubiera preguntado por su hermana. Sé que la mía es una actitud fea y condenable. Estas cosas se les desean a los malos de verdad, a Falconetti o al reverendo Powell, y no a un buen tipo del barrio de La Castellane que ha sido, además, uno de los futbolistas más elegantes de la historia. Debo controlarme estos días.

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