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Athletic Club

OPINIÓN

El tiempo de Kepa

Kepa Arrizabalaga entrenó ayer por la mañana con la selección absoluta por lesión de Reina y pareció que acabaría sustituyéndole en la convocatoria. De hecho, así lo anunciaron algunas ediciones digitales. Al final, sin embargo, el portero del Nápoles se recuperó y el ondarrés se quedó en la sub21. No creo que Kepa se llevara un gran disgusto, la verdad. Me cuentan que es un chaval tranquilo y sensato que no acostumbra a precipitarse en nada y menos a la hora de hacerse ilusiones. Sabe que todo lleva su tiempo -si no lo sabía, lo aprendió durante sus cesiones en la Ponferradina y el Valladolid- y que el suyo en la selección ya llegará, de la misma manera que ha llegado en el Athletic.

Fue en el derbi de Anoeta cuando quedó claro que ya no había discusión. Kepa era el portero del Athletic. Sólo así podía entenderse que Valverde arriesgara al hacerle jugar después de dos meses en el dique seco y que los aficionados rojiblancos se alegraran tanto de su regreso. Sencillamente, le echaban de menos sin necesidad de que su sustituto lo hiciera mal, algo que no ha ocurrido en este club desde los tiempos de Iribar. ¿Nos encontramos, pues, ante ese digno heredero del ‘Chopo’ cuyo advenimiento desea San Mamés tanto como los sebastianistas portugueses ansiaban el regreso de su rey muerto? Sé que puede resultar un poco temerario decirlo, pero a veces hay que mojarse y apechugar con la hemeroteca. Yo diría que sí.

Es verdad que el ondarrés tiene todo por demostrar y que la comparación con Iribar puede ser diabólica. De hecho, se ha cobrado muchos cadáveres durante los últimos cuarenta años. Pero Kepa me parece especial. Por su forma de andar, firme y bien erguido, por su forma de estar en la portería, por la madurez que muestra siendo tan joven, por su falta de afectación, por la autoridad que emana... Dicho esto, reconozco que no soy del todo objetivo. Kepa Arrizabalaga me ganó hace ya varios años, cuando me enteré de que una de sus grandes aficiones eran los pájaros cantores. Me lo imaginaba cambiando de jaulas a los canarios y jilgueros, dándoles de comer, separando los machos de las hembras, eligiendo al maestro de trino para cada cría... Cosas increíbles, no me digan, en el fútbol actual. Y supe entonces que no era como los demás.

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