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De Marcos y Williams hacen el trabajo

  • El Athletic no luce en El Sadar, pero la explosiva conexión de su banda derecha le basta para amarrar una victoria obligada, clave en su lucha por Europa

Había algún miedo al efecto del descanso tras el parón de Liga y también a la contrastada capacidad del Athletic para resucitar muertos por imposición de manos. En realidad, estos eran los únicos temores que le planteaba al equipo de Valverde el partido del Sadar, donde Osasuna está batiendo todos los registros negativos.

Todavía no ha ganado y ya veremos si lo hace de aquí a final de temporada. Ayer volvió a cosechar una nueva derrota, en este caso ante un Athletic que demostró lo justo, menos de lo que hubiera sido deseable. Era un duelo para ganar con autoridad y tuvo que ser por la mínima e incluso sufriendo en la última jugada. Lo cierto es que a los rojiblancos le bastó con el poder liquidador de su banda derecha en la primera parte para sumar tres puntos vitales en su lucha por Europa. Fue así de sencillo: entre De Marcos y Williams, con la colaboración de Aduriz en el 0-1, se cargaron a Osasuna, que ya trabaja pensando en su futuro en Segunda.

Antes que cualquiera de los futbolistas que saltaron al césped, el primer gran protagonista del partido fue la afición navarra. Que llenara el campo en una tarde tan desapacible y no dejara de animar a un equipo desahuciado al que marcar un gol le cuesta lo mismo que a Aníbal cruzar los Alpes con sus elefantes fue una demostración de categoría. El Sadar sí que es de Primera. El equipo de Vasiljevic, definitivamente no. Es más, uno sospecha que podría haber pasado apuros para mantenerse en Segunda. Sobre todo, si a su inexperimentado entrenador le da por hacer bromas pesadas como dejar en el banquillo a su mejor futbolista, Sergio León. Cuando en el minuto 78 el delantero cordobés marcó el 1-2 –un gol magnífico– una especie de hongo atómico de perplejidad cubrió el estadio. ¿Qué hacía ese futbolista sin jugar? Seguro que uno de los que más veces se hizo esta pregunta fue Eneko Bóveda, que si ya las pasó canutas con De las Cuevas con Sergio León estuvo a punto de arruinar el partido. Que el exjugador del Eibar no fuera sustituido a comienzos de la segunda parte, cuando el agujero a su espalda era ya escandaloso, quizá hable mucho y bien de la confianza que le tiene Valverde, pero desde luego habla fatal de la que le inspira Etxeita.

El caso es que al Athletic le bastó ayer con igualar a los navarros en intensidad para que la victoria cayera de su lado por algo parecido a la ley de la gravedad. Esa fue la impresión que todos tuvimos a los once minutos, cuando los rojiblancos se adelantaron en el marcador. Hasta ese momento, no había ocurrido nada. Choques, carreras y pérdidas. Era casi más divertido ver el cielo, cambiante y caprichoso, y buscar parecidos posibles en las nubes. El partido era una sucesión de borrones, una caligrafía ilegible. Alguien tenía que pasar a limpio todo aquello y lo hizo el Athletic, a través de su banda derecha. Williams se fue en carrera. Tres marcadores fueron a por él, como sabuesos, dispuestos a encerrarlo junto al banderín de córner. Al delantero rojiblanco se le encendió la luz en el momento justo y dio un pase magnífico a De Marcos, que entraba en carrera. El de Laguardia asistió con maestría a Aduriz y el donostiarra no perdonó. Era su gol número 100 en Liga con el Athletic.

La jugada dibujó por sí sola el destino del partido. Quedó de manifiesto que a De Marcos le han sentado de maravilla estas dos semanas de parón. Andaba el hombre fuera de punto, melancólico, preguntándose a dónde van en invierno los patos de Central Park cuando se hiela el lago, muy lejos de su mejor nivel, en fin, tras su larga lesión. Y ya se sabe que De Marcos es un futbolista sin término medio. Cuando está flojo, pone el corazón en un puño a sus seguidores. Cuando está exultante, hace añicos a sus rivales. Algo de esto sucedió ayer. El lateral alavés estalló y contó con la compañía inestimable de Williams, que en los últimos partidos está siendo, de largo, el futbolista rojiblanco más desequilibrante. Entre ambos pusieron las cosas en su sitio y sellaron la victoria poco antes del descanso. Su conexión en el minuto 43, que provocó el 0-2, fue impecable. Como la del 0-1. No se le han visto muchas exquisiteces así al Athletic esta temporada y menos fuera de casa, donde ha tocado pasar mucha hambre y, si se ha comido algo, ha sido rancho de cuartel.

La segunda parte estuvo más igualada. El problema es que la igualdad tuvo que ver con una mayor proporción de errores por parte de ambos equipos. Incluso a la hora del remate. De las Cuevas tuvo dos buenas opciones, pero llegó sin aliento al golpeo. Y Aduriz desperdició dos ocasiones aún más claras en un mano a mano con Sirigu y en un remate muy franco desde el punto de penalti. El problema del Athletic es que no acertaba a tener el balón. Beñat no daba abasto, entre otras razones porque San José prefería dedicarse a las labores de zapa y Muniain era irrelevante. Sólo se le distinguió porque le pitaban con saña. La entrada de Lekue, Iturraspe y Mikel Rico tampoco logró que la tropa de Valverde dominara y se quitara de encima a los navarros, muy voluntariosos. Y, claro, apareció Sergio León con su golazo tras un nuevo error de Bóveda y hubo que sufrir un poco hasta el final. Tampoco mucho, la verdad, pero lo suficiente como para lamentar la falta de autoridad del Athletic ante un rival condenado.

Directo

OSASUNA 1 - 2 ATHLETIC

Nada más por nuestra parte. Gracias por habernos acompañado una jornada más. Reciban un cordial saludo!! Agur!!!

Pero Sergio León, en el 79', recortó para poner el 1-2 y darle algo de emoción al tramo final del encuentro.

Williams colocó el 0-2 justo antes del descanso, dejando el partido aparentemente muy encarado

Aritz Aduriz inauguró el marcador a los 12 minutos, anotando su gol número 100 como rojiblanco.

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