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No es ingratitud

Hay una cuestión candente estos días en los corrillos rojiblancos a propósito de Ernesto Valverde. Mucha gente no entiende que, con la hoja de servicios que puede presentar el técnico del Athletic, la afición no se haya volcado con él, pidiéndole su continuidad durante los partidos, intentando tocarle la fibra sensible, organizando concentraciones de apoyo, promoviendo manifiestos de adhesión, procesiones, vigilias en el parque de Doña Casilda, qué sé yo. Algunos creen que San Mamés está siendo demasiado frío con Txingurri y consideran esa frialdad como una forma sibilina de ingratitud. Y no se cansan de lanzar una advertencia, a modo de aviso a navegantes. Con el tiempo valoraréis lo que ha hecho Valverde y le echaréis de menos, insensatos, vienen a decir.

Sinceramente, creo que se están sacando las cosas de quicio. No conozco a nadie que, más allá de discrepancias puntuales sobre cambios o alineaciones, no tenga una buena opinión del trabajo de Valverde. Seguro que lo hay porque la fauna del fútbol tiene más variedad que la de la selva de Papúa Nueva Guinea, y ustedes saben bien que en ese lugar remoto hay especies rarísimas. El murciélago yoda, no digo más. Pero los detractores de Txingurri son eso: especies muy raras de confines selváticos. La inmensa mayoría de la hinchada valora y agradece lo que ha aportado al club desde su llegada en 2013. Básicamente, estabilidad, buenos resultados, un título después de 33 años, sensibilidad con la cantera, renovación de la plantilla con aire fresco del filial, y una idea de fútbol ambiciosa. No se puede pedir más, efectivamente.

Ahora bien, admitir esto es una cosa y otra bien distinta es que para no parecer ingratos o directamente unos lunáticos los aficionados del Athletic tengan la obligación de movilizarse y desgañitarse pidiendo su continuidad. Pues no, oiga. Hay al menos tres razones para que la mayoría de la gente actúe como está actuando. Veamos.

1. Si Valverde se va es porque le da la gana. Es él quien rechaza la oferta del club para seguir. Y está en su derecho. Exactamente, en el mismo derecho, no lo olvidemos, que los futbolistas que un día decidieron irse. Por cierto, no puede decirse que éstos recibieran un trato muy cálido por parte de la mayoría de la afición, ni desde luego por parte de Josu Urrutia, al que supongo que le dolerá mucho que su amigo Txingurri haya encontrado una aspiración mejor de la que él considera la máxima posible en este mundo, la de estar en el Athletic. Tampoco es que imagine al presidente sangrando por este desengaño –«Tú también, Bruto, hijo mío»–, pero tendría su lógica. Al menos, narrativa. En fin, que si el deseo del técnico es marcharse, muy probablemente al Barcelona, los aficionados han entendido con buen criterio que su obligación es respetárselo.

2. Ernesto Valverde es un hombre tímido y discreto, una de esas personas a las que parece agobiar más un elogio desmedido que una crítica feroz. Siendo como es un hombre de la casa, la gente tampoco ha querido amargarle. En realidad, lo que ha demostrado el público de San Mamés es que, como aprecia y conoce bien a su técnico, sabe que lo peor que podía haberle hecho es presionarle de un modo exagerado, chantajearle emocionalmente.

3. La sensación de fin de ciclo se está imponiendo en el Athletic. Y con razón. Independientemente del puesto que acaben ocupando o de que terminen con más puntos que la pasada temporada –el equipo suma 63 cuando sólo necesitó 62 para ser quinto hace doce meses–, nadie puede negar el bajón futbolístico de los rojiblancos. Este ha sido, con diferencia, el peor ejercicio de la era Valverde en lo que se refiere a juego. Bastan los dedos de una mano para contar los grandes partidos de la temporada y los jugadores que han ofrecido un gran nivel de manera sostenida. Más allá de los resultados, el aburrimiento ha sido la nota predominante. Se ha jugado mal. Dicho llanamente: salvo excepciones, ni cascote. Pensemos en la decepción europea y recordemos el nivel al que llegó el equipo la pasada campaña en el partido del Sánchez Pizjuán. No hay comparación. Es así de sencillo. Otra cosa es que a este Athletic le baste con su despliegue físico y su potencia de fuego para estar donde está y quitarse de encima, como motas de polvo, a un montón de equipos de la Liga. Pero la involución ha saltado a la vista. Valverde, que es inteligente, lo sabe y entiende que su ciclo ha terminado. ¿Cómo no respetar esa opinión cuando, además, son tantos los que la comparten?

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