El día de gala del novio del Athletic

EL CORREO vivió con Julen Ojeda, hincha canario que se casó hace un mes con la camiseta rojiblanca, la visita de su equipo a Las Palmas

Julen Ojeda anima al Athletic durante el partido de ayer frente a Las Palmas. /Ignacio Pérez
Julen Ojeda anima al Athletic durante el partido de ayer frente a Las Palmas. / Ignacio Pérez
Javier Ortiz de Lazcano
JAVIER ORTIZ DE LAZCANO

Julen Ojeda (40 años, Las Palmas, jardinero en un vivero) dio un paso al frente ante la incredulidad del concejal de la capital, el socialista Mario Regidor, que iba a oficiar la boda en el Pueblo Canario, un complejo arquitectónico en el barrio de Ciudad Jardín con casas de arquitectura tradicional isleña.

El propio Julen explica el motivo de la extrañeza del edil. «Iba vestido de novio de cintura para abajo (pantalones de pinzas y zapatos de charol) y del Athletic de cintura para arriba (camiseta rojiblanca con el 19, día del enlace el pasado agosto, con el nombre Julen & Jasmina y las uñas pintadas con los tres colores de la ikurriña). No era desde luego un novio covencional, je, je».

Al final de la ceremonia sonó el himno del Athletic y Julen se arrodilló. Un invitado grabó el vídeo y se convirtió en viral. «Demostré cómo se casa uno del Athletic», bromeaba ayer Julen mientras se preparaba para el gran día en su casa.

«Algunas personas me dijeron ‘yo no me habría casado así’. Les contesté que eso será porque no querían al novio. Había avisado de que se casaría así. La gente no le creía, pero yo sí y le animé a ello», explica Jasmina Rodríguez (33 años y cocinera en un bar familiar).

La víspera de la visita del Athletic acudieron a la cena de celebración del primer aniversario de la Peña Artami (en homenaje a un príncipe guanche). Él lo hizo igual que el día de su boda. Para decepción de buena parte de los 40 asistentes, no estuvo ninguno de los exjugadores en la nómina en el club por ser representantes institucionales. La delegación rojiblanca estuvo compuesta por los directivos Jon Muñoz e Ignacio Palacios-Huerta y Guillermo Estecha, de Prensa. «Nos ha dado pena que no vengan Gurpegui o Iribar. A los peñistas nos hacían ilusión ellos», lamenta.

Las claves

Su boda en agosto.
«Fui vestido de novio de cintura para abajo y del Athletic de cintura para arriba»
La esposa.
Acude al campo con una camiseta del Las Palmas. «Es por chincharle», bromea
La descendencia.
«Me gustaría engendrar un hijo en Bilbao. Si es chico, se llamará Markel en homenaje a Susaeta»

«Yo soy del Atlético de Madrid, pero hoy voy al estadio con la camiseta amarilla del Las Palmas. Es por pincharle je, je», dice Jasmina. Abre la puerta de su casa en Pedro Hidalgo, un barrio de calles estrechas colgado de la montaña en el que viven 4.000 personas. «Las casas pasan de generación en generación. Los dos somos de aquí».

La esposa acicala al marido. «Me gusta que el maquillaje y las uñas me las haga ella». Cuando acaba le echa laca en la cara. «Es para que no se corra la pintura».

Antes se ha puesto el uniforme de los días de partido del Athletic. Por debajo, unos calzoncillos ajustados con el 8, el escudo del Athletic en el centro y un ‘Aupa Athletic’ en la goma. «Homenaje a Yeste», bromea.

IGNACIO PÉREZ

A la vista quedan las zapatillas, los calcetines y la bandolera con el escudo, el pantalón de jugar, la camiseta rojiblanca con el 8 y el texto «Muyayo», el sombrero de cascabel, una bufanda como cinturón, su cara pintada con colores rojiblancos y de la ikurriña y su inseparable peluche de león. «Se llama Iñaki, lo llevo a todos los partidos».

Un templo rojiblanco

La casa es un templo rojiblanco. No hay esquina sin esos colores. Sólo le falta tener pintada la fachada así. Tiene una colección de alrededor de 50 camisetas y todos los objetos y prendas con un escudo del Athletic que uno pueda imaginar. «Y en casa de mi madre tengo más cosas porque esta es chiquita y no entra todo», dice Julen. «Llevamos dos años viviendo juntos. El otro día reparé en que era la primera lavadora que hacía sin una prenda del Athletic», relata la esposa.

Vestido del Athletic, él. Del Las Palmas, ella. El matrimonio baja las cuestas que le sacan del barrio en un automóvil que conduce la esposa. Pasan por la calle de la madre de Julen. Pitan y ella, Blanca, sale al balcón con una bandera amarilla. «Hoy os ganamos», le dice a modo de despedida.

Julen era Julián hasta que a los seis años se hizo del Athletic. «Todos los niños eran del Madrid o Barcelona. Vi una camiseta rojiblanca y me gustó».

Han quedado en la playa de Las Canteras con dos amigos, el matrimonio que forman Javier Aedo e Izaskun Alkorta, dos bilbaínos que viven en Colmenar Viejo (Madrid). «Son muy del Athletic. Ella es de las peñas de Colmenar y California». «Les conocimos a través de un grupo de Whats-App. Vinieron a visitarnos a Madrid. Les prometimos que cuando su peña fuera oficial vendríamos a un partido. Y aquí estamos. Son los mejores anfitriones», elogia Izaskun Alkorta.

El grupo se dirige a un hotel. La peña Artemi ha organizado junto a un grupo local un fin de semana de actos de confraternización. El sábado se midieron en un partido (8-7) para los rojiblancos en que el Julen, que llegó a regional en el equipo de su barrio, participó.

El domingo tocaba comida de hermandad. Setenta personas se citan en franca camaradería. David Feijoo, un bilbaíno que lleva diez años en Las Palmas, da los último detalles a la colocación de las banderas. «Julen es muy querido por todos», indica. No hay más que ver los abrazos que le dan al entrar.

Suben todos al estadio en guagua. Julen es un manojo de nervios. «Este partido es muy importante. Cada vez que juega el Athletic aquí me pasó dos días sin comer de la tensión. Es importante ganar, porque si no, luego tengo que oír de todo, como tras al 3-1 de la pasada Liga».

Se colocan en el fondo Este. Julen ama todo lo que suene rojiblanco, pero tiene especial fijación con dos jugadores. De un lado, Julen Guerrero, su ojito izquierdo. «Llegué a ir a su restaurante en Lezama a conocerle. Me trató con mucho cariño». El derecho es para Susaeta. «Un chico humilde, encantador y un gran jugador». Julen fue el sábado a esperar al Athletic al hotel. «Me prometió su camiseta».

Julen es fácil de contentar en las fechas señaladas. «En mi cumpleaños y Navidades siempre pido lo mismo, un viaje a Bilbao para ver al Athletic».

A la puerta del campo, habla de descendencia. «Me gustaría un hijo con Jasmina y engrendrarlo allí», lanza. «Pues me tendrás que llevar, porque aún no lo has hecho», salta ella al quite. Hay consenso en cuanto al nombre si es chico. «Se llamará Markel», en homenaje al ayer capitán.

Comparte grada con 200 aficionados rojiblancos. Apenas se sienta. «Me da la sensación de que vamos a ganar», se esperanza en el descanso. Se equivocó. Y desvela que tiene más consecuencias de las previstas. «Mi mujer me dijo que si ganaba el Las Palmas dormía en el sofá. Mal partido. Ahora a aguantar las bromas de los amigos».

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