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Las paradojas de Urrutia

Josu Urrutia, durante su intervención en una asamblea del Athletic.
Josu Urrutia, durante su intervención en una asamblea del Athletic. / IGNACIO PÉREZ

Al cumplir seis años en Ibaigane, el presidente del Athletic ofrece un excelente balance económico y deportivo, pero ha dejado en el camino apoyos que le permitieron ser el candidato más votado de la historia rojiblanca

Javier Muñoz
JAVIER MUÑOZ

Josu Urrutia cumplió el pasado viernes seis años como presidente del Athletic con evidentes signos de desgaste pese a la solidez financiera y deportiva del club. Su reciente intervención en Internet, en la que tachó las críticas a Lezama y a su gestión de interesadas y anunció que sólo concederá alguna entrevista a quienes remen a favor de la entidad, ha puesto de relieve el enrocamiento del inquilino de Ibaigane, pero también es un indicador de que las alianzas que se trenzaron a su alrededor en las elecciones de 2011, y que le permitieron salir elegido con el mayor número de votos de la historia, no son tan amplias ni sólidas como entonces. En el ecuador de su segundo mandato, su entorno le ha aconsejado que no se presente a uno nuevo, aunque tratándose del deustoarra nada puede darse por seguro.

El máximo responsable rojiblanco vive inmerso en una paradoja. El Athletic nada en liquidez gracias a los traspasos de Javi Martínez y Ander Herrera, y su balance deportivo es excelente (dos entrenadores de élite, Bielsa y Valverde, cinco temporadas en Europa, cuatro de ellas consecutivas; una final de Europa League, dos de Copa y un título de Supercopa). Esos vientos de cola, en parte debidos a la coyuntura, en parte fruto de decisiones acertadas, le permitieron a Urrutia repetir en el cargo en 2015 sin encontrar adversarios. Pero desde entonces -en realidad desde que llegó a Ibaigane- ha ido dejando en el camino a algunos de sus mayores apoyos, el último el del PNV, que en 2011 le brindó su maquinaria electoral para derrotar a Fernando García Macua.

Los números del presidente

4:
finales con Urrutia en Ibaigane. Europa League en 2012, Copa de ese año, otra final de Copa con Valverde y la Supercopa en 2015.
3:
entrenadores. Marcelo Bielsa (2011-2013), Ernesto Valverde (2013-2017) y Ziganda (2017).
76:
millones por las cláusulas de rescisión de Javi Martínez (40 millones al Bayern, 2013) y Herrera (36 al Manchester U., 2014).
25,3:
millones en fichar a Beñat (10 millones); Sola (4,3), Viguera (1) y Raúl García (10).

Ha transcurrido un lustro largo desde aquellos comicios, y a tenor de las últimas declaraciones públicas del presidente, en las que incluso parece enviar recados a antiguos colaboradores y amigos, algunos burukides vizcaínos confiesan en privado que no se entiende el tono plenipotenciario del mandatario del Athletic, una actitud que lejos de remitir se ha acentuado con el tiempo. Es un juicio que se escucha en otros foros con una claridad desconocida, aunque Urrutia ya lo había suscitado hace tiempo; sin ir más lejos, en junio del pasado año con la regañina, en público y por partida doble, que les dio a las máximas autoridades del Ayuntamiento de Bilbao y de la Diputación de Bizkaia en el homenaje a las chicas del Athletic que ganaron la Liga 2015-2016. Aquel éxito había movilizado a las instituciones y a una gran masa de aficionados en concordancia con el interés creciente que despierta el deporte femenino; sin embargo, aquí se abrió un debate sobre si las jugadoras merecían o no botar la gabarra, y una de las conclusiones fue que el presidente no acudía a sus partidos.

Lo que los detractores de Urrutia le reprochan es que, en vez de sacar provecho de la bonanza del club, lo haya enredado en una serie de patinazos por su inflexibilidad sobre lo que entiende que son las esencias del Athletic y cómo las lleva a la práctica en el día a día, y por no cuidar los detalles. Una de las últimas equivocaciones que se le han reprochado es enviar una delegación de menor rango a los actos de despedida del estadio Vicente Calderón. Fue una invitación de enorme valor simbólico y una muestra de respeto de una entidad importante en el fútbol europeo, que además apelaba a la mejor historia de los leones, pero Ibaigane la dejó pasar sin que a ningún directivo relevante lo persuadieran para buscar un hueco en su agenda y viajar a Madrid.

Ziganda, nuevo entrenador, estrecha la mano de Urrutia. / I. PÉREZ

Ese episodio es ilustrativo de uno los déficits que más se achacan a los gestores de Ibaigane: el que atañe a la representación de la entidad rojiblanca en la Liga de Fútbol Profesional y en la Federación Española, dos organismos en los que el Athletic carece de apoyos y en los que Urrutia en particular no ha cultivado relaciones y contactos. El presidente constituye, en este sentido, una excepción comparado con sus predecesores, cuyo peso entre los clubes de Primera siempre ha sido destacado incluso cuando el club atravesaba dificultades y no obtenía buenos resultados. En tales circunstancias, la presencia del Athletic era mayor, por supuesto, que la que se apreció en la final de la Copa contra el Barça de 2015, cuando la negativa del Real Madrid a ceder el Bernabéu derivó en un conflicto que llevó el partido al estadio culé.

Polo de unión

Es un contrasentido que el Athletic se haya fortalecido económicamente y mejore su palmarés deportivo mientras empequeñece como institución. Lo hace hacia fuera, en los centros de decisión del fútbol, y hacia dentro, es decir, con la masa de socios y la sociedad vizcaína, para la que el club es una seña de identidad y un polo de unión. Sin embargo, los actos e iniciativas del Athletic, como el One Club Man, galardón a las estrellas internacionales que han comenzado y terminado su carrera en el mismo equipo, tienen insuficiente proyección, y la entidad como tal podría incrementar su presencia mediática al exhibir una filosofía única.

Pero esas controversias se estrellan contra el muro de silencio de la directiva, sólo alterado por las declaraciones unilaterales de Urrutia. El deustoarra, un hombre impermeable a las críticas, ha formado un bloque insólito en el mundo del fútbol, en el que no se ha producido ni una deserción en seis años y casi todos sus componentes desempeñan un papel subsidiario y silente con la excepción de la vocal Silvia Muriel, mano derecha del presidente, responsable de la estrategia informativa y que ha superado en poder al secretario, Javier Aldazabal, y al contador del club, Alberto Uribeetxebarria. Piezas todas ellas de un equipo gestor que, no se puede olvidar, ha salido de las asambleas de compromisarios con unos niveles de aprobación abrumadores y que, en palabras de Urrutia, interpreta el silencio de la masa social como un asentimiento tácito a su proceder.

El entorno de Urrutia le ha aconsejado que no se presente a un tercer mandato respaldos

El presidente sale de las asambleas con un apoyo abrumador e interpreta el silencio como aprobación socios

La invitación tenía valor simbólico y reflejó respeto, pero el Athletic no envió una delegación de peso Despedida del Vicente Calderón

A algunos directivos les causó malestar haberse enterado por la prensa del fichaje de Gaizka Garitano Bilbao Athletic

Ese principio -la aprobación implícita del socio- marca la política de comunicación del Athletic, que se aplica de forma tan férrea, con un ‘timing’ tan estricto y frío, que en ocasiones se vuelve contra el club, como lo demuestra el enfado del presidente cuando se enteró de que a Gorka Iraizoz le habían prohibido hacer declaraciones en su propio homenaje de despedida en Bilbao, un acto poblado de niños al que habían acudido José Ángel Iribar y Carmelo Cedrún, dos leyendas vivas rojiblancas.

De todos modos, el rapapolvos que dio Urrutia a sus colaboradores por ese episodio no ha sido óbice para que el monolitismo presidiera su reciente aparición en Internet, en la que rechaza las voces discrepantes y deja entrever su alejamiento de viejos amigos y colaboradores y el deseo de saldar cuentas. Una consecuencia inevitable, quizá, de las rupturas personales y profesionales que se han ido produciendo durante sus seis años en Ibaigane y cuyo capítulo más notable es su inexistente relación con Aitor Larrazabal, exjugador y entrenador con quien toda la vida mantuvo un estrecho vínculo.

El debate de la cantera

Otro desencuentro reciente de Urrutia concierne a uno de sus inseparables, Joseba Etxeberria, profundamente decepcionado al comprobar que no se contaba con él para el banquillo del Bilbao Athletic. La designación de Gaizka Garitano en su lugar ha sido uno de los últimos movimientos polémicos de Urrutia en Lezama, donde ha podido arrancar una tregua tácita entre los partidarios de Cuco Ziganda, apuesta personal del presidente para reemplazar a Valverde, y los fieles a Amorrortu, con sus propias ideas acerca de quién debía ser el sucesor. Sobre esa escisión bascula el debate de cómo administrar la cantera y qué es un jugador ‘fichable’ para el Athletic, vidrioso expediente que aparece como el Guadiana y que ha resucitado tras la captación del joven Diarra por el Basconia.

Sorprendentemente, con la incorporación de Gaizka Garitano al organigrama de Lezama, Urrutia ha generado unas ondas sísmicas que se han expandido más allá y han provocado el único caso de malestar en la directiva: el cabreo de algunos miembros por haberse enterado de ese fichaje a través de la prensa. Sin embargo, es el relevo en el banquillo del primer equipo tras las cuatro temporadas de Valverde lo que verdaderamente cuenta, lo que a todas luces marcará la recta final del segundo mandato de Urrutia.

Hasta ahora, los éxitos deportivos y el estado de cuentas saneado han ido de la mano. La cuestión es si ese binomio continuará con Ziganda, que debe sobrellevar el legado de su predecesor. Ese interrogante puede pesar en la decisión de Josu Urrutia de postularse o no para un tercer mandato. La incógnita está abierta.

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