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El peligro de defender cuando no se sabe

Fede Cartabia se lanza al suelo ante la mirada de Aymeric Laporte./
Fede Cartabia se lanza al suelo ante la mirada de Aymeric Laporte.

El Athletic se echa atrás tras adelantarse en dos ocasiones y paga con el empate del Deportivo su debilidad en la zaga

Juanma Mallo
JUANMA MALLO

«El equipo no sabe defender». José Ángel Ziganda soltó esta reflexión el pasado jueves, tras la victoria ante el Hertha, en la sala de prensa de San Mamés. Pues bien, 63 horas después, en Riazor contra el Deportivo, el Athletic se adelantó en dos ocasiones, y en ambas oportunidades se pegó un tiro. Con la ventaja en el marcador se echó para atrás, levantó el pie del acelerador y pecó de un desmesurado conformismo. El resultado, el previsto. Cuando un conjunto que carece de eficacia en la zaga fía todo a conservar la renta, a evitar la diana del adversario, suele ocurrir lo contrario al objetivo planteado: esto es, y se vio ayer en Galicia, que recibe un tanto. Y le pasó a la tropa del técnico de Larrainzar en una mañana en la que la victoria estaba catalogada de fundamental, tanto para aumentar la autoestima del grupo como para huir de la zona de peligro en la que se ha hundido la escuadra vizcaína después de una racha de solo una victoria en diez encuentros.

La puesta de escena rojiblanca en Riazor resultó, en cierto modo, esperanzadora, en la primera y en la segunda mitad. Una formación con el balón, dueña de la posesión, y con el punto de mira fijado en la portería de Rubén. Susaeta, gracias a una magistral combinación nacida en un incombustible y reanimador Mikel Rico, con una formidable asistencia de Aduriz, adelantó a los vizcaínos. Y ahí se produjo el bajón, también después del descanso cuando Williams atinó a enviar a la red un pase de Raúl García. Quizá una sensación de deber cumplido, de haber logrado lo más difícil, lo que este Athletic ha sido incapaz de conseguir en la mayoría de los encuentros: adelantarse en el marcador. Acostumbrado a vivir a rebufo -los duelos ante el Villarreal y el Hertha, por ejemplo-, golpeó primero. Pero las dos veces reculó, dio un par de pasos hacia atrás, frenó en su empeño, y se encontró con la igualada.

Llámenle relajación, exceso de confianza o conformismo. Da igual. El asunto es que este Athletic que cojea en la defensa, que tiembla cuando el oponente se acerca a su área -por mucho que Kepa Arrizabalaga y Iago Herrerín aparezcan entre los hombres más destacados de esta deprimente temporada-, regaló la iniciativa y el balón al conjunto de Cristóbal -hasta el tanto de Susaeta la posesión era 46%-54% para los rojiblancos, y cuando igualó el Dépor ya reflejaba un 60%-40%-, y se estrelló con la dura realidad del empate de los coruñeses.

Schär remata solo

Sendos fallos de la zaga visitante, además, permitieron al equipo de Riazor, pitado en algunos tramos del duelo por la grada, sumar sus dianas. La primera, en un grave desajuste defensivo; nadie despeja la pelota y el balón llega a Adrián que marca. El segundo, más grave. En un córner, todos se lanzan a por el balón, y nadie se da cuenta de que en el segundo palo Schär vive solo. Y claro, el futbolista suizo envió el esférico a placer al fondo de la meta defendida por Kepa.

Se cumplió, en este sentido, lo esperado, por lo que se observaba en el césped. Cualquier guionista hubiera escrito este desenlace visto lo que ocurría en Riazor, con un Athletic que quiso asegurar el resultado, y se olvidó de que la mejor manera que tiene de defender es atacar.

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