En el purgatorio

Sábado de pasión frente a un Celta que dejó lo mejor de su repertorio para el final, cuando al Athletic le entró ese miedo escénico tan habitual de los últimos tiempos

Kepa estuvo muy acertado con dos grandes paradas./
Kepa estuvo muy acertado con dos grandes paradas.
JON RIVAS

No hay tregua para el Athletic, que sigue en el purgatorio. Ni cerrando Lezama tres días para trabajar lejos de los focos expía el equipo de Ziganda sus pecados. Tendrá que pedir una indulgencia plenaria al Papa en la bendición Urbi et Orbi de este domingo de resurreción, o lanzarse al camino como hizo en su día José Mari Belauste, cuando su mujer, que era sobrina del pintor Zuloaga, se curó de una enfermedad. El mediocentro rojiblanco de los años veinte del siglo pasado, quiso viajar desde Bilbao hasta Lourdes descalzo. No consiguió llegar, pero lo intentó.

También lo intentó el Athletic más aseado de los últimos tiempos, al que le faltó fuelle, como si hubiera jugado otro partido hace dos días. Tal vez lo jugó, pero nadie lo vio, porque Lezama estaba cerrado.

Sábado de pasión frente a un Celta que dejó lo mejor de su repertorio para el final, cuando al Athletic le entró ese miedo escénico tan habitual de los últimos tiempos. Es normal, cuando ves que ni Del Cerro Grande, que siempre había sido una garantía, al menos de impacialidad, te da la espalda. Williams -que ve borrosas las porterías de San Mamés- lo sufrió, sobre todo en la primera parte, cuando un penalti de libro lo convirtió en tarjeta amarilla por simular. Luego en la segunda, hubo otro tal vez no tan claro. Y ni compensar, oiga.

Así que los jugadores de Ziganda, acostumbrados a las penurias, a la desazón de un fútbol sin lustre, no aprovecharon ese Celta que descorazonaba a sus cientos de fieles, que empezaban a cuestionarse un viaje tan largo, y que estuvo empanado más de una hora. El equipo vigués dio toda clase de facilidades, con un Iago Aspas que parecía absorto en los recuerdos de su brillante partido con la selección, y ni aún así lo aprovechó el Athletic sin puntería. Con llegada por las bandas pero escasa precisión en los centros; que bullió al ritmo de Córdoba y De Marcos, que se embarulló en las áreas y sólo después de un remate de Raúl García al larguero, consiguió su gol en el rechace que embocó Unai Núñez.

Pero la alegría dura muy poco en casa de los pobres. Obligado por las circunstancias, aunque parecía tener el Athletic el partido controlado, el Celta se espabiló un poco, no demasiado, pero lo suficiente como para las piernas empezaran a temblar, como el público en la grada, que comenzó a temerse lo peor después del tercer pelotazo sin sentido en busca del desahogo.

Todo se decidió en el descuento. El Athletic no supo contemporizar, facilitó el empate del Celta, una parada milagrosa de Kepa -la segunda de la tarde-, que desvió la pelota al poste, y otra acción que acabó en gol anulado por fuera de juego de Maxi Gómez.

Menos mal, aunque para ese momento el Athletic ya sabía que no iba a salir del purgatorio. Que tendrá que penar entre el cielo y el infierno hasta final de temporada. Olvidados los sueños europeos, que se convierten en entelequia, al menos tendrá que responder Ziganda por la mejora del juego del equipo, que esta temporada ha sido como el coche de Fernando Alonso en los últimos años, siempre esperando piezas nuevas para la siguiente carrera, decepción tras decepción.

En fin: esperamos todos que acabe la temporada lo mejor posible y que se haga una transición satisfactoria hacia un nuevo proyecto. El de Cuco Ziganda, pese a los destellos de ayer, ha fracasado. No salimos del purgatorio.

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