Raíces del desencanto

El domingo, lo más preocupante fue la absoluta falta de sintonía entre equipo y afición

Raíces del desencanto
Andoni Ayarza
ANDONI AYARZA

Aunque debo confesar que me resultó doloroso, no seré yo quien ponga en solfa la actitud de quienes el domingo optaron por apuntarse al coro del «Cuco, vete ya». Como apuntó el propio técnico, «el público es soberano» y, por lo tanto, la libertad de expresión también incluye esa posibilidad.

Pero si estos cánticos puntuales y no masivos fueron sintomáticos del enrarecido clima que envuelve la actual temporada de los leones, lo verdaderamente preocupante fue la absoluta falta de sintonía entre equipo y afición. Y para constatarlo ni siquiera fue necesario que el partido consumiera sus primeros minutos.

El sonido hueco de San Mamés helaba el corazón. Una frialdad y un distanciamiento que nada tienen que ver con la pasión y el orgullo de pertenencia que históricamente han identificado a este campo y a la gente que habita sus gradas. Y no solo en momentos de gloria, sino también en situaciones futbolísticas sombrías con agobios clasificatorios mayores que los actuales.

¿Razones? Lo que resulta evidente es que el desencanto está ahí. Y cada vez más latente. Y quien busque las raíces exclusivamente en una persona se equivoca por completo. Porque, sin duda alguna, nacen mucho más profundas.

¿Que el juego del equipo, salvo capítulos esporádicos, está siendo decepcionante? Por supuesto que sí. ¿Que no se ha encontrado el camino en términos de identidad competitiva? Así es. Pero más allá de estas realidades, les invito a reflexionar sobre la curva del potencial de la plantilla del primer equipo en el último lustro y medio. E igualmente les invito a evaluar la incidencia cualitativa (no cuantitativa) de los futbolistas canteranos durante ese mismo periodo. Recuperar esas dos fuentes de competencia real y de altura a nivel interno se antoja vital para poder pensar en futuro. Pero esa es una historia que debería empezar a escribirse a partir de la próxima temporada.

La inmediatez se llama Valencia. Y aunque quizá no atraviese su momento más álgido (su último partido frente a la Real Sociedad fue de los más flojos de la presente campaña), abróchense los cinturones. Porque si hay un equipo que no entiende de pausa esa es la escuadra de Marcelino. Con el cuerpo de su tropa en perfecto estado de revista bajo la implacable ley de la báscula -su primer fichaje fue un fisiólogo- , el fútbol combinativo de transiciones rápidas y verticales (casi siempre a través de Parejo) y un diente afilado a la contra, el conjunto ‘che’ será, sin duda alguna, una prueba de órdago para los leones.

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