El real Athletic

¿Y si no es así?, ¿y si nos estamos equivocando y en realidad la plantilla del Athletic es mucho menos de lo que parece?

Gol del Formentera en el último instante del encuentro de Copa./Ignacio Pérez
Gol del Formentera en el último instante del encuentro de Copa. / Ignacio Pérez
Jon Rivas
JON RIVAS

José Ángel Ziganda está recibiendo candela desde todos los lados. Incluso ha tenido el dudoso privilegio de ser mencionado en una pancarta colocada en Lezama, algo que no sucedía desde las deserciones de Llorente y Javi Martínez. Pero para no ser reiterativo, que Cuco en el pecado ya tiene su penitencia, enfocaremos el análisis de la situación desde otra perspectiva: la de los futbolistas, que son, al fin y al cabo, quienes tienen que poner en práctica en el césped lo que aprenden del entrenador. O autogestionarse si poseen la personalidad suficiente, que por mucho que Ziganda les enseñe cómo colocarse en un córner, no hay táctica que resista al despiste colectivo, y eso atañe en exclusiva a los jugadores.

Ellos tienen la responsabilidad, y reciben un generoso salario a cambio. Sin embargo, no se observa que los del Athletic se hayan decidido a dar un paso adelante y mostrar su verdadera capacidad, al margen de alguna fúnebre declaración de condolencia tras el fiasco del miércoles. Esto, claro, dicho desde el optimismo y el pensamiento ideal de que esos futbolistas a los que menciono en general, tengan efectivamente, la posibilidad de dar ese paso. ¿Y si no es así?, ¿y si nos estamos equivocando y en realidad la plantilla del Athletic es mucho menos de lo que parece?

Es verdad que muchos de los jugadores tienen ya mili suficiente como para que se les suponga la calidad, pero esos que deben asumir la responsabilidad no lo están haciendo. Entre lesiones e intermitencias, pocos han alcanzado el nivel que se les exige. Falta Muniain, que fue el clavo al que agarrarse en los primeros partidos, y Beñat, cuyo misterio pubálgico se desveló después de muchos rumores. Tampoco está Yeray, –afortunadamente recuperado ya de su enfermedad–, y De Marcos se asomó un rato el domingo.

Pero al margen de Aduriz, que es caso aparte y está para lo que está, que es meter goles como consumado especialista que es, hay futbolistas como Raúl García o San José que han experimentado un imprevisto bajón en su rendimiento. En el caso del segundo, es más patente y viene acompañado de los silbidos de la grada; el primero no parece acompasarse a la forma de jugar que quiere imponer Ziganda, aunque la acate. Laporte, al que Deschamps no lleva con Francia, tal vez no esté haciendo los méritos suficientes como para escuchar la Marsellesa en posición de firmes. Iturraspe parece que ahora está pero no ha estado mucho tiempo, así que no sabemos a qué atenernos. Susaeta aparece de vez en cuando aunque para muchos aporta solvencia y dinamismo; Balenziaga parece que va mejorando aunque aún le falta. Y Mikel Rico..., ¡ay Mikel Rico! Hace unos días no contaba y ahora lo reserva Ziganda para jugar contra el Madrid, qué cosas.

Pero lo peor es que los meritorios, aquellos que se supone que deben crecer para ocupar el lugar de los veteranos, tampoco están dando la talla. Los seguidores del Athletic, por tendencia natural, se ilusionan con cada chaval que aparece en el primer equipo, pero luego vienen las decepciones. No es el caso de Williams, que cumple ya su cuarta temporada, pero este año no encuentra los espacios que busca, mientras mantiene su relación amor-odio con el gol. Algunos como Saborit o Sabin Merino se están convirtiendo en promesas eternas, enquistándose en el vestuario. Con el Formentera llegó a San Mamés Joseba Garmendia, que también lo fue en su momento. Me recordó su situación. Córdoba empieza a dar signos de agotamiento después de exprimirse sin descanso durante un tercio de la temporada. Lekue tiene despistes, como el del córner que concedió al Formentera en el último segundo, que no puede permitirse en Primera División. Vesga, empeño personal de Ziganda, mezcla con San José como el agua con el aceite por mucho que el entrenador se empeñe.

Ese es el Real Athletic, haciendo un juego de palabras con el próximo rival que visita San Mamés y que con esas ínfulas de grandeza se lamenta de que les falta Gareth Bale. Un Athletic real en estos momentos de zozobra, con unos futbolistas que no acaban de dar la talla por razones diferentes. Entre otras, la política de no fichajes de una junta directiva inoperante en la que todos acatan sin rechistar las decisiones del presidente y, aseguran, de una asesora muy influyente, como en el Vaticano se asume la infalibilidad del Papa. Los jugadores se sienten cómodos. La clase media renueva porque el Athletic es el mejor lugar para ellos y no hay competencia.

Luego, claro, están los que despuntan, como Kepa, pero esa es ya otra historia.

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