El regreso de Yeray

El regreso de Yeray
iván mata

El joven león cierra el paréntesis del cáncer retomando su carrera donde la dejó, firme y concentrado en la zaga, y con la piel más dura

JAVIER MUÑOZ

Decidió que iba a sonreír pasara lo que pasara, porque a los pesimistas sólo les queda el triste consuelo de tener razón. Pero no debió de ser fácil mentalizarse. Tanto es así que, al principio, cuando comunicaron a Yeray Álvarez, hierro forjado de Barakaldo, de 23 años, que había sufrido una recaída del cáncer que le detectaron en uno de sus testículos, y que había de pasar por la quimio, la primera reacción del defensa fue echarse a llorar.

Fue en junio pasado, en la concentración de la selección sub 21, poco antes del Europeo de Polonia. Contó el jugador a un periodista que cuando el médico del Athletic, Josean Lekue, le dio la mala noticia, Kepa Arrizabalaga e Iñaki Williams lo acompañaron a la habitación, y durante unos instantes ellos tampoco pudieron contener su emoción. Tres jóvenes pilares del Athletic -bajo los palos, en la zaga y en la delantera- lloraban a lágrima viva. Son demasiado jóvenes para saber lo que el destino les tiene reservado, pero aquella experiencia compartida les quedará grabada en el recuerdo. «El fútbol se queda en miniatura», resumió Yeray.

No parece un muchacho de muchas palabras. No las necesitó al reaparecer el pasado viernes en La Catedral después de haberlo hecho oficialmente en Girona la jornada anterior. Su posición en el campo requiere poca verborrea y grandes dosis de concentración, y eso fue lo que desplegó Yeray ante la UD Las Palmas. El jugador cerró ante la afición rojiblanca el paréntesis de ocho meses que había abierto la reproducción de su cáncer, y reemprendió su carrera ascendente allí donde la había dejado. Si acaso ha añadido a su sobriedad futbolística, la que se percibió desde sus inicios con el primer equipo en septiembre 2016, algo de experiencia de la vida y una capa anímica endurecida por todo lo que ha pasado.

Yeray resolvió que se iba a enfrentar al cáncer sin borrar la sonrisa de su rostro

Endurecida por la montaña rusa de emociones que ha vivido desde que en las navidades de 2016 le detectaron el tumor. Una dolencia que en un primer momento, tras pasar por cirugía, permitió su regreso a los campos de juego a las pocas semanas. Sin embargo, al reaparecer en un control trajo de nuevo momentos difíciles: los efectos del tratamiento, el parón físico, el sobrepeso... La terrible frustración de no poder competir, la preocupación por la familia... Una semana antes de que le dieran el alta a Yeray falleció su abuela, que también estaba aquejada de un cáncer. Con ella en el recuerdo, Ziganda le confirmó horas antes del partido contra el Girona que regresaba a la alineación. Demasiados sentimientos para procesar. Fue el del estadio Montilivi un choque para olvidar por todo el mundo, tanto por juego como por resultado, menos por él.

No estaba solo

El central ha recogido con José Ángel Iribar, el premio 'Fair Play' del 'Mundo Deportivo', un galardón concedido al Athletic por la iniciativa de su plantilla de cortarse el pelo cuando Yeray tuvo que recibir la quimio. «Siempre va a ser un momento que va a quedar ahí grabado. En el momento en que estaba y en la manera en cómo me vino todo aquello. No tengo palabras para el detalle de mis compañeros», declaró el defensa.

Aquella foto de los jugadores del Athletic rapados al cero conmovió a todo el estamento futbolístico. La afición rojiblanca colmó al defensa de Barakaldo de manifestaciones de apoyo, y no quedó nadie sin insuflarle ánimos: cartas, tuits, mensajes de voz... Jóvenes seguidores se acercaron a Lezama para dejar constancia de que Yeray no estaba solo en su batalla. Pero todo eso ha quedado atrás, y al jugador lo único que le preocupa ahora es recuperar el tono físico y de juego que tenía en junio pasado, cuando el entrenador Albert Celades lo convocó para la selección sub'21 antes de conocer la recaída.

Como en otras historias, lo importante de ésta no es cómo empezó -con tres promesas del Athletic llorando en una habitación-, sino cómo ha terminado. El viernes pasado, La Catedral estuvo a punto de asistir a una pequeña apoteosis de Yeray. Al comienzo del partido contra la UD Las Palmas, el central entró como una exhalación en el área rival para marcar a pase de Iturraspe. El árbitro anuló el gol, y en la cara del jugador se adivinó la rabia cuando regresaba a su posición en la zaga. De haber subido al tanteador, hubiera sido un gol de gran belleza. Espectacular. Fue como volver a empezar.

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