Todos son responsables

Si Ziganda está decepcionando, también lo están haciendo el club, incapaz de reforzar la plantilla desde hace dos años, y por supuesto los jugadores

Jon Agiriano
JON AGIRIANO

La crisis de un equipo tiene diferentes niveles que vendrían a ser como escalones descendentes hacia un fondo tenebroso. ¿En cuál está el Athletic? Palpando ayer el ambiente rojiblanco, la sensación es que está ya muy abajo, en el peldaño del enfado y las exigencias de responsabilidades. Pues bien, a esto último quería referirme, más que nada porque ya veo venir en el horizonte ese tornado de simplismo que consiste en adjudicar toda la responsabilidad de la crisis a Ziganda mientras otros actores, tanto o más importantes que él, se van de rositas, como si la cosa no fuera con ellos. Sí, ya sé que en el sueldo de los técnicos va incluida la disposición a ser utilizados como cabezas de turco, pero que hayamos adoptado esa costumbre no significa que sea justa. Basta con observar la realidad rojiblanca con una mínima dosis de objetividad para repartir la responsabilidad al menos entre tres estamentos.

El club. Representado en su presidente, Josu Urrutia, que lleva dos años sin reforzar el equipo teniendo dinero de sobra para hacerlo. Es algo difícil de entender. No sabría decir si la razón es la autocomplacencia, el conformismo, la ausencia de perspectiva o directamente la incompetencia, pero el mal está hecho. Basta con ver jugar al equipo. Las plantillas hay que mejorarlas en los buenos momentos, no en sus horas bajas. Hay que prevenir, no curar. En este sentido, la plantilla del Athletic tuvo que empezar a refrescarse y mejorarse en 2015. Sin embargo, no se hizo nada. Mejor dicho, sí que se hizo algo: dejar que entrara, poco a poco, casi sin darnos cuenta de lo que sucedía, en una evidente fase de declive. ¿O hay alguien que no vea en los actuales lodos los polvos del año pasado, aquel fútbol cada vez más primario, infumable fuera de casa, y sostenido, básicamente, en la fortaleza en San Mamés personificada en Aduriz? Ante esta realidad, el club no ha reaccionado o lo ha hecho tarde y mal. Que haya sido incapaz de fichar a alguno de los jugadores más apetecibles de la Real puede ser duro de digerir -¿a ninguno se le pudo convencer?-, pero puede tener una disculpa. Ya es más difícil encontrarla para la imposibilidad de haber echado el lazo a Monreal en todos estos años y, especialmente, a Berenguer y Mikel Merino este mismo verano. Haber perdido a este último, que ya está en el radar del Real Madrid y el Barça, es como para comer cerillas teniendo en cuenta el nivel de los cuatro medios centros que Ziganda tiene a su disposición.

Los jugadores. Ya la pasada temporada se pudieron contar con los dedos de una mano los que rindieron a un buen nivel. La mediocridad fue la nota dominante. Ahora, ese virus se ha extendido, hasta el punto de que, descontando al lesionado Muniain y a Aduriz, que todavía da algunas pinceladas, sólo Kepa, Núñez y Córdoba, tres chavales recién llegados como quien dice, han dado algunas satisfacciones. El resto, poco o nada. La defensa sangra por los laterales y Laporte es una sombra de lo que fue y debe ser. Lo de los medios centros ya está dicho. Un erial. Y encima hay que aguantar las reflexiones de San José. Arriba, Raúl García languidece. Que en Leganés no se le viera ni protestando a Mateu Lahoz fue como para temer algo grave. En cuanto a Williams, un jugador imprescindible, sigue estancado. En Butarque estuvo veinte minutos sin rascar bola -un ejemplo de actitud- y sólo su ofuscación de cara a gol impidió al Athletic marcar el 0-1 al comienzo del segundo tiempo.

El entrenador. Last but not least. La decepción que ha provocado Ziganda es doble. No sólo se trata de que su equipo juegue tan rematadamente mal y sólo haya ganado uno de sus últimos nueve partidos, sino de que se está comportando de manera exactamente contraria a la que prometió cuando accedió al cargo. La sensación de estafa es, por tanto, general. La atroz propuesta futbolística del Athletic el pasado domingo era algo impensable para muchos de nosotros hace apenas tres meses. Al ‘Cuco’ el cargo le está viniendo grande. Y no porque no esté preparado o le falten conocimientos y experiencia, como ya empieza a escucharse. En absoluto. Su problema, ya estoy convencido de ello, ha sido que ha desconfiado de la plantilla y, abrumadoramente responsabilizado por hacerlo bien como estaba, se ha acobardado. Ha tenido miedo a arriesgar lo más mínimo con el juego del equipo y éste se ha hundido. Es lo que suele pasar. Parece mentira que Ziganda haya sido futbolista tantos años y no haya reparado en que, si algo detectan los jugadores con una precisión sorprendente, como algunos mamíferos detectan las feromonas de sus congéneres, es que su técnico desconfía de ellos. Esa percepción suele ser mortal.

Fotos

Vídeos