la respuesta que no tendremos

Queremos saber los porqués de esta temporada tan decepcionante y me temo que nos vamos a quedar con las ganas

Mikel Rico en un momento del partido del sábado./EL CORREO
Mikel Rico en un momento del partido del sábado. / EL CORREO
Jon Agiriano
JON AGIRIANO

Habrá que ver qué efecto tiene en los próximos días el buen partido y la victoria ante el Betis. Quizá sirva para que el ambiente en la plantilla, básicamente entre el entrenador y sus jugadores, vuelva a sus cauces habituales de recogimiento. Como saben, el discurso oficial imperante al que estamos acostumbrados, sin la más mínima estridencia, se resquebrajó el jueves y el viernes con sendas declaraciones de Mikel Rico y José Ángel Ziganda. No tuvieron el eco duro y altisonante de lo que los periodistas conocemos como 'rajadas', pero sí una gran carga de profundidad. Por no hablar de un aire fresco y vivificante. El futbolista de Arrigorriaga no tuvo reparos en criticar al técnico navarro asegurando que no había sacado a la plantilla el rendimiento debido. Y el aludido, suponemos que tocado en su orgullo, tras meses dando muestras de una capacidad de contención propia de un lama tibetano, le respondió 24 horas después asegurando que sólo tres de sus jugadores -Kepa, Córdoba y Unai Núñez- habían rendido al nivel que les corresponde.

En la sala de prensa de Lezama debieron saltar las alarmas con ese insólito fuego cruzado. Si no lo hicieron fue porque no las hay. Creo que el departamento de comunicación del Athletic, que ha vuelto a triunfar con la difusión 'urbi et orbe' del 'One Club Man Award' a Carles Puyol y el aprovechamiento de la figura del jugador catalán como reclamo para vender camisetas, ha cometido un error. Se ha confiado demasiado. Y esto en el fútbol siempre es un pecado. No debería volver a suceder. Por favor, que no se repitan estos deslices que nos agitan tanto. Instalen de una vez un detector que, a partir de cierto grado de sinceridad, haga sonar una sirena, active un inhibidor de frecuencias o directamente deje sin corriente a la sala de prensa. Las descargas eléctricas en la silla del declarante se me antojan un poco peligrosas, sobre todo por el riesgo de que un exceso imprevisto de voltaje -imaginen al futbolista que se pasa de vueltas y arremete contra todo bicho viviente, incluso contra el propio presidente- pueda provocar lesiones musculares o incluso quemaduras en las posaderas. Lo que nos faltaba en Lezama. ¡Un futbolista con el culo chamuscado en pleno uso de su libertad de expresión!

Bromas aparte, estoy convencido de que en Ibaigane van a intentar por todos los medios que esta pequeña grieta insospechada no vaya a más. Y lo entiendo. Yo haría lo mismo. Una cosa es tragar con una mala temporada y otra tener que soportar, además, una desagradable traca final en forma de reproches, malos rollos y tiestos volando sobre nuestras cabezas. Esto nos dejará con las ganas de saber lo que de verdad nos importa. Que no es lo que ha pasado, como algunos jugadores pretenden hacernos creer cuando repiten, simulando además que hacen autocrítica, que la temporada ha sido mala. ¡Como si no nos hubiéramos enterado! ¡Como si el recuerdo de algunos partidos no fuera una pesadilla! No, perdonen. Lo que nos interesan son los porqués, las causas de esta decepción.

Me temo que algunas informaciones acabarán filtrándose y podremos hacernos un idea aproximada, pero que no llegaremos al corazón de estas tinieblas. Quizá escuchemos algo interesante a 'Cuco'. Entiendo que el hombre querrá permitirse una elegante exculpación a final de temporada. Ello le permitiría despedirse con clase y, por supuesto, defenderse de quienes creen que todo lo que ha pasado se debe a que es más malo que la quina y no estaba preparado para el cargo. En este sentido, es probable que el técnico de Larrainzar acabe reconociendo que el compromiso de los futbolistas con su proyecto no ha sido el que él hubiera deseado.

Nuestro problema es que esto también lo tenemos comprobado y que lo que nos interesa, de nuevo, son los porqués. Y éstos no los tendremos porque están en manos de los jugadores, es decir, de quienes más razones van a tener para guardar silencio en las próximas semanas. En primer lugar, porque este gran chasco no es que vaya a salirles gratis sino que les ha producido grandes dividendos. Más de la mitad de la plantilla ha sido renovada. Aquí el único que va a pagar el pato por su responsabilidad es el entrenador. Y en segundo lugar, porque algunas cosas no son nada fáciles de explicar. Veamos: salir al campo con una empanada del quince y no dar dos pases seguidos; dedicarse a pegar zurriagazos y a pasar el rato; presionar al rival como lo haría mi prima la de Cuenca; pasarse partidos enteros casi sin rematar a portería, o mostrar una actitud pasota y negligente ante rivales inferiores. ¿Cómo explicar que has hecho lo que un entrenador jamás te pediría que hagas?

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