El Athletic se tranquiliza

Athletic y Alavés, en el último partido disputado en San Mamés./
Athletic y Alavés, en el último partido disputado en San Mamés.

El equipo de Ziganda estrena 2018 ganando con comodidad a un pobre Alavés y empieza a olvidarse de su crisis

Jon Agiriano
JON AGIRIANO

El Athletic ha comenzado el 2018 con la buena inercia de resultados con la que despidió el año pasado. Dicho así, parece que estamos hablando de un equipo que disfruta de una racha triunfal y de un entrenador que está en el área técnica con una corona de laurel y un esclavo a su lado para recordarle que es mortal. Y no. Por supuesto que no. Nos referimos a que el equipo de Ziganda continúa su arduo proceso de reflotación tras haber estado casi hundido. Ayer venció con comodidad a un pobre Alavés y mantuvo la racha que le ha permitido escalar hasta la mitad de la tabla: son diez de los últimos doce puntos posibles. Tres victorias y un empate. En fin, que ya llueve menos en el Athletic, más allá del indigesto culebrón de Kepa. El equipo sigue mostrando muchas goteras, pero se le advierte también una nueva fiabilidad que resulta tranquilizadora. Al menos, si pensamos en un porvenir que hace apenas un mes pintaba tan negro.

2 Athletic

Iago Herrerín; De Marcos (Lekue, m.83), Etxeita, Laporte, Saborit; Williams, Iturraspe, Mikel Rico, Susaeta; Raúl García (Beñat, m.80) y Aduriz (Sabin Merino, m.91).

0 Alavés

Fernando Pacheco; Martín Aguirregabiria, Alexis, Maripán, Duarte; Manu García, Pina (Medrán, m.66); Ibai (Rubén Sobrino, m.72), Burgui (Bojan, m.21), Pedraza; y Munir.

Goles
1-0, m.8: Etxeita. 2-0, m.64: Aduriz, de penalti.
Árbitro
González Fuertes (Asturias). Mostró tarjeta amarilla a los locales Susaeta (m.53) y Etxeita (m.79), y a los visitantes Pedraza (m.12), Martín (m.24), Alexis (m.62) y Munir (m.64).
Incidencias
Partido correspondiente a la decimoséptima jornada de LaLiga Santander disputado en San Mamés ante 41.000 espectadores, según datos oficiales. Unos 700 aficionados visitantes. Los jugadores del Athletic portaron brazalete negro en memoria del socio número 1 de la entidad rojiblanca, Federico Urieta Medrano, fallecido el pasado 2 de enero.

Lo cierto es que el arranque del partido obligó a temerse lo peor. Durante ocho minutos no pasó nada, ni en el campo ni en las gradas, donde el ambiente de derbi no se veía por ningún lado. Está visto que un pertinaz espíritu contemplativo se ha instalado en San Mamés. Ni los choques de rivalidad vecinal lo alteran. El azar, sin embargo, quiso echarle ayer un capote al Athletic y, por extensión, a sus aficionados. En la primera aproximación con peligro a la portería de Pacheco, Williams forzó un córner. Etxeita subió al remate, como es preceptivo. Es un aceptable cabeceador. Lo que nadie podía esperar es que el balón le llegara para rematarlo a una apreciable distancia, escorado y de volea. Y mucho menos que acabara dentro de la portería tras tocar en un defensa y envenenarse con una parábola mortífera. Fue un bonito regalo de Reyes que sirvió para que la tropa de Ziganda se fuera asentando y se pusiera a dominar apoyado en tres soportes fundamentales: el criterio de Iturraspe, el dinamismo de Susaeta y la velocidad de Williams, que a su marcador, Duarte, le sentó ayer como la parrilla a San Bartolomé.

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El Athletic buscó a continuación el segundo gol. Ahora bien, sin desmelenarse. Hay algo en el equipo rojiblanco cuando toma ventaja, una reacción refleja de precaución que sería como un vestigio del hambre y las estrecheces pasadas, que le impide todavía liarse la manta a la cabeza y avasallar. Aún así, llegó a fabricar un par de buenas ocasiones, la mejor un cabezazo de Raúl García en el minuto 19. Del Alavés no había noticias. La única, la temprana lesión de Burgui que obligó a Abelardo a sustituirlo por Bojan. No era fácil de entender, la verdad, el plan de los vitorianos en San Mamés. Presionaban poco y demasiado atrás, se liaban sacando el balón, no tapaban la vía de agua que tenían en la zona izquierda de su retaguardia... Ante pocos rivales se había sentido tan cómodo el Athletic, que en toda la primera mitad sólo pasó un par de apuros, pasada la media hora, en un centro de Ibai al que casi llega Bojan y en una llegada por la izquierda de Pedraza.

El único problema de los rojiblancos, en realidad, se lo plantearon ellos mismos, con sus pocas luces a la hora de terminar las jugadas. Williams se hinchó a entrar por su banda, indefendible para sus rivales, pero ninguna de sus incursiones tuvo el premio del gol. O pasaba mal o fallaba en el disparo o daba una buena asistencia y el que perdonaba era el destinatario de su pase. Aduriz, por ejemplo, que en el minuto 35 tuvo el 2-0 en sus botas. Pacheco respondió con mucha categoría a su derechazo, pero era un remate para marcar. El donostiarra, sin embargo, no tenía su día. Entraba poco el juego, apenas se metía en pendencias, que en su caso es casi un síntoma de enfermedad, y el portero rival se le agrandaba en cada jugada.

Y Aduriz no perdonó

Así las cosas, cuando llegó el momento decisivo del partido, Aduriz estaba muy presionado. Fue en el minuto 62. Segundos después de que Pacheco volviera a amargarle sacándole un mano a mano, el pichichi rojiblanco tuvo que lanzar un penalti que el asturiano González Fuertes concedió gentilmente al Athletic. Un forcejeo entre Alexis y Raúl García lo interpretó como pena máxima para desesperación lógica de los babazorros. Era la gran ocasión, el momento de dar la puntilla. Y Aduriz no perdonó. Era su gol número 15 en lo que va de temporada. Estando en las fechas que estamos, la cifra es soberbia. Evidentemente, no sólo obliga a quitarse el sombrero ante el ariete rojiblanco sino a reflexionar un poco sobre el don del gol, esa virtud mágica y misteriosa, ese talento indescifrable que se tiene o no se tiene. Viéndole a Williams fallar una ocasión clamorosa ante Pacheco en el minuto 76, esta misma reflexión se impuso de nuevo.

El Alavés aceptó su triste destino de derrotado. Su falta de ideas -o de una gran idea básica-, unida a su menor frescura física ya que venía de jugar entre semana, le impidió dar réplica a un Athletic que terminó el partido como muy pocas veces en lo que se lleva de temporada, es decir, disfrutando de la situación, deseando que el juego continuara para poder ampliar la renta, como pudo hacerlo Etxeita en un cabezazo franco en el minuto 85. Como remate fue mucho más fácil que la volea que significó el 1-0, pero el fútbol es así de caprichoso.

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