Muniain llega con las vitaminas

Muniain llega con las vitaminas

Los rojiblancos vencen al Betis gracias a los goles de Muniain y Aduriz

Jon Agiriano
JON AGIRIANO

Casi es mejor no esperar nada del Athletic y acudir a San Mamés como quien va a la oficina de lunes a viernes, a cumplir con la tarea sin pretensión de pasarlo bien. Y es que de esta manera uno puede llevarse a veces sorpresas agradables. Sucedió ayer. Más de 34.000 espectadores ocuparon sus asientos en el estadio rojiblanco. Descontando al medio millar de hinchas béticos, que llevan dos meses bailando sevillanas de aquí para allá, el resto lo hacía por diversos motivos fácilmente detectables. Para ver a Carles Puyol en el descanso recibiendo el premio 'One Club Man'. Para seguir fiscalizando el juego de los rojiblancos. Para pitarles y desahogarse un poco. Para animarles y mostrarles su comprensión por las penalidades de la temporada. Por costumbre. Para pasar el rato porque no tienes nada mejor que hacer... Ninguno de estos motivos, como podemos comprobar, tenía que ver con el disfrute, con el componente lúdico del fútbol, con la esperanza de disfrutar de un buen espectáculo. Y aunque espectáculo sea mucho decir, lo cierto es que la hinchada del Athletic salió ayer contenta. Un notición, oiga.

No sólo se trató de la victoria, que el equipo de Ziganda mereció de largo. Hubiera sido injusto que el Betis empatara en las tres o cuatro ocasiones claras que tuvo en los últimos cinco minutos, cuando los rojiblancos estuvieron a punto de emborronar todo su trabajo. De hecho, se libraron del disgusto del empate gracias a dos paradones de Kepa y a un gol mal anulado por falta de Loren al portero. Fue de esos que te pitan en contra y te subes por las paredes. Y hubiera sido injusto, como decíamos, porque el Athletic fue superior y supo competir, vitaminado y refrescado con la presencia de Muniain, autor del primer gol. Al equipo se le vio con vitalidad. Dejó de ser ese señor pálido y ojeroso que se pasea en pijama por el pasillo del hospital arrastrando el gotero. Digamos que rejuveneció un poco, que recuperó algunas de sus constantes vitales. Y la gente lo agradeció, sobre todo pensando en la próxima temporada.

Entre dos equipos que esta temporada podríamos considerar antagónicos en el fondo y en la forma, lo lógico era suponer que el partido se desequilibraría de algún modo a las primeras de cambio. Lo que ocurrió, sin embargo, es que las dos fuerzas contrapuestas se anularon y el Athletic-Betis se igualó, con alternativas en el juego y hasta un cierto interés en el que era muy difícil confiar antes del encuentro. Al menos, desde la perspectiva rojiblanca. Los precedentes eran los que eran en San Mamés -Deportivo y Levante, no les digo más- y la alineación del 'Cuco' tampoco era como para salir a la calle con un altavoz y corearla con entusiasmo. El equipo volvía a la defensa de tres, cuya última aplicación en Girona fue un desastre, y la responsabilidad en la medular recaía en Beñat y Mikel Rico, que se antojaba una pareja de baile antigua y caduca. Por otro lado, volvían Saborit y Aduriz. Un once demasiado experimental, en fin.

2 Athletic

Kepa; Unai Núñez, Yeray, Iñigo Martínez; Lekue, Beñat (Iturraspe, m.62), Mikel Rico, Saborit (Córdoba, m.74); Muniain (Susaeta, m.82), Williams y Aduriz.

0 Betis

Pedro; Jordi Amat, Bartra, Júnior (Camarasa, m.19); Tello, Javi García, Fabián, Durmisi; Joaquín (Boudebouz, m.74); Sanabria (Rubén Castro, m.62) y Loren.

Goles
1-0, m.76: Muniain. 2-0, m.92: Aduriz.
Árbitro
Alberola Rojas (Castilla-La Mancha). Mostró tarjeta amarilla a los visitantes Bartra (m.27) y Javi García (m.88).
Incidencias
Partido correspondiente a la trigésimo sexta jornada de LaLiga Santander disputado en San Mamés ante 34.491 espectadores. Cerca de un millar de ellos seguidores visitantes. En el descanso del partido, el exjugador internacional del FC Barcelona Carles Puyol recibió el premio 'One Club Player', que otorga el Athletic a jugadores que, fuera del equipo bilbaíno, desarrollaron toda su carrera deportiva en un mismo club.

Al Athletic, sin embargo, se le vio a gusto. Salvo diez minutos en el que corrió el riesgo de quedar hipnotizado por el carrusel de toques del Betis, dominó con claridad durante la primera parte, siempre por encima de un rival sin picante ni profundidad. Era evidente que los de Quique Setién no habían venido a Bilbao a dejarse los higadillos. Su objetivo de la temporada ya lo habían celebrado y su único interés está puesto en el próximo derbi contra el Sevilla. Natural. Aún así, no hay que restar méritos a la tropa de Ziganda, a la que le vino de perlas la chispa de Muniain y su conexión con Williams. Entre ambos generaron peligro suficiente como para lograr una jugosa ventaja al descanso.

Si esto no ocurrió fue por un doble motivo, de sobra conocido en estos resignados lares. El primero, la falta de puntería. El segundo, la suerte, que ayer hizo una mueca a los rojiblancos. De las dos cosas hubo, obviamente, en un cabezazo de Aduriz que se fue por centímetros y, sobre todo, en los tremendos disparos al larguero de Williams en el minuto 27 y Rico en el 42. El balón salió despedido con astillas y fue imposible no lamentarse por el infortunio. Ahora bien, eran remates para embocar, oportunidades clarísimas que es obligado aprovechar ante un enemigo como el Betis, con fútbol de sobra para despertar en cualquier momento.

Mejores argumentos

¿Lo haría o el partido continuaría siendo en la reanudación lo que había sido durante los últimos veinte minutos de la primera parte, es decir, un monólogo local? Era la pregunta que flotaba al descanso. La respuesta llegó rápido. El Betis subió su voltaje y el monólogo dejó pasó a un diálogo fluido. Ahora bien, la voz cantante la siguió llevando el Athletic. Suyos eran los argumentos de mayor peso: apenas sufría en defensa, donde su trío de centrales se acompasó con bastante armonía, y sus despliegues en ataque tenían más energía. Aunque muchos de sus centros fueron malos, directos a su marcador, como si apuntara a un muñeco de feria, Lekue aportó mucho como carrilero por la derecha, su puesto natural. Estuvo repicando todo el encuentro, lo que siempre se agradece. Igualito que Saborit, vaya. Williams tampoco quiso salirse del partido y Aduriz se fajó a buen nivel si se tiene en cuenta que llevaba tiempo jugando con cuentagotas. Una jugada entre ambos, ya en el descuento, significó el 2-0 definitivo.

El factor diferencial, en cualquier caso, lo aportó Iker Muniain. Regresó a la titularidad y el equipo lo agradeció. Hay algo en su fútbol, una alegría natural, un desparpajo eternamente adolescente, que resulta contagioso y de lo más benéfico para equipos deprimidos. San Mamés se llevó una gran alegría cuando le vio marcar el 1-0, empujando con la cabeza desde el segundo palo el mejor centro de Lekue en toda la tarde, y le despidió con una gran ovación al ser sustituido por Susaeta. Sospecho que pensando que con él las cosas pueden ser distintas en un futuro.

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