Una noche trágica y fría

Una noche trágica y fría

El Athletic pasa a octavos pese a perder ante el Spartak en un partido que nos dejó sin palabras por la muerte de un ertzaina junto a las puertas de San Mamés

JON AGIRIANO

Se recordará siempre el partido de este jueves en San Mamés. Y no precisamente porque fuese memorable en lo que a fútbol se refiere. En eso fue una vulgaridad, una más en una temporada infame. El Athletic perdió por 1-2 ante un Spartak mejorado, pero continúa vivo en la competición gracias al mullido colchón que se trajo de Moscú. Sin embargo, no hablaremos de esto cuando hablemos en un futuro del Athletic-Spartak, sino de la inadmisible atmósfera prebélica en la que tuvo que jugarse el partido y, sobre todo, del ertzaina que murió en acto de servicio, en los alrededores de San Mamés. Es esta, pues, una crónica negra; la de una noche trágica en la que cuesta hablar de fútbol.

1 Athletic

Iago Herrerín; Lekue, Yeray, Etxeita, Saborit; De Marcos, Iturraspe, Mikel Rico (San José, m.53), Susaeta; Raúl García (Aduriz, m.84) y Williams (Córdoba, m.92).

2 Spartak

Selikhov; Eschenko, Tasci (Kutepov, m.11), Bocchetti, Kombarov; Pasalic (Melgarejo, m.70), Glushakov; Zobnin, Hanni (Ze Luis, m.59), Promes; y Luiz Adriano.

Goles
0-1, m.44: Luiz Adriano. 1-1, m.57: Etxeita. 1-2, m.85: Melgarejo.
árbitro
Tobias Stieler (Alemania). Mostró tarjeta amarilla al local San José (m.86) y a los visitantes Bocchetti (m.31), Eschenko (m.67), Glushakov (m.80).
Incidencias
Partido de vuelta de dieciseisavos de final de la Liga Europa disputado en San Mamés ante 36.873 espectadores, según informó del Athletic. Antes del partido, el capitán del Spartak, Denis Glushakov, ofreció la tradicional ofrenda foral al busto de Pichichi de cada equipo que visita por primera vez La Catedral.

Como hay que hacerlo, debemos recordar que Ziganda dijo el miércoles que el partido contra el Spartak era una oportunidad para ver «al Athletic de los grandes partidos». Y se quedó tan ancho. No sintió la necesidad de explicar que ese equipo al que se refería lleva sin aparecer toda la temporada y su dolorosa ausencia es justo lo que está provocando la gran decepción de la hinchada rojiblanca. Una afición cuyo mérito es formidable. Que este jueves, a las nueve de la noche, hubiera cuarenta mil personas en San Mamés sabiendo los espectáculos que ofrece el Athletic esta temporada, que la eliminatoria estaba casi sentenciada y que había riesgo de encontrarte en una esquina con un veterano de Chechenia borracho y lleno de tatuajes hay que valorarlo como se merece.

Pensando en ellos, en esa gente tan paciente, sacrificada y fiel, en los primeros diez minutos concebimos esperanzas de que su asistencia al campo tuviera premio. Y es que la defensa del Spartak volvió a ofrecer la imagen endeble de la semana pasada. Por la banda izquierda, por ejemplo, se podía hacer un desaguisado porque Kombarov es un aventurero que acostumbra a irse de casa y dejar las puertas abiertas. Por si esto fuera poco, Tasci se lesionó a los seis minutos y Kutepov, una calamidad en Moscú, tuvo que saltar al terreno de juego sin calentar. El Athletic apretó arriba, sobre todo por la derecha, y no tardó en amenazar la portería de Selikhov, que tuvo que lucirse para despejar un gran cabezazo de Raúl García. Por cierto, el rechace le cayó a Williams y a un metro de la portería no acertó a meterla dentro. Menos mal que el árbitro anuló la jugada porque, de lo contrario, a estas alturas su fallo sería viral y motivo de escarnio en todo el mundo. Aunque parezca mentira, a veces un futbolista tiene que agradecer que el linier invalide su posición.

Nos las prometíamos más o menos felices, pese a todo, y entonces, sin que se sepa el motivo, el Athletic se desconectó y volvió por sus fueros. Es decir, volvió a la nada futbolística de toda la campaña, a ese juego que no hay por dónde cogerlo, a los despejes de mala manera, a las irritantes imprecisiones, al no saber qué hacer. El Spartak se aprovechó de ello y, poco a poco, se fue echando hacia delante, buscando a Promes, Luiz Adriano, Zobnin, Hanni o Glushakov. Buenos futbolistas todos ellos. No habían venido a Bilbao muy motivados, pero al menos querían dar buena imagen tras su horrible comportamiento en Moscú.

Gol al filo del descanso

El caso es que se pusieron a dominar y a hacer acto de presencia en el área rojiblanca. Zobnin en dos ocasiones y Promes en otras dos estuvieron cerca del gol, sobre todo este último en el minuto 38. La superioridad de los rusos era evidente y el objetivo del Athletic quedó claro hasta para los más ciegos: llegar al descanso con el 0-0. No fue posible. En el minuto 44, Luiz Adriano hizo el 0-1 con un gran cabezazo a pase de Kombarov. El gol dejó a los rojiblancos más perdidos de lo que estaban y animó a la tropa de Massimo Carrera, que lamentó la retirada a vestuarios. Todo lo contrario que los pupilos de Ziganda.

Había motivos, pues, para que los aficionados rojiblancos estuvieran fríos en el descanso. Su frialdad, sin embargo, no tenía mayor importancia. Nunca la tiene el fútbol cuando se le compara con las cosas verdaderamente importantes. En este caso, la trágica muerte de un ertzaina durante los sucesos violentos que se habían registrado antes del partido. La noticia llegó en ese momento, antes de la reanudación, sin jugadores todavía sobre el césped, y la verdad es que dieron ganas de dejarlo todo e irse para casa. Pero, en fin, el partido se reanudó y el Athletic tuvo al menos el detalle de tensarse un poco para que el Spartak no se viniera del todo arriba y se lanzara a degüello en busca de la eliminatoria. Esta actitud acabó teniendo, en el minuto 57, un premio insospechado, sobre todo por la forma en que se produjo: una entrada hasta la cocina del área de Saborit y un centro que sale rechazado y cae en la cabeza de Etxeita, cerca del punto de penalti. El central de Amorebieta apuntó y colocó su cabezazo contra el poste de forma impecable.

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Lograr el empate tuvo un efecto revitalizador para el grupo de Ziganda. Básicamente, en su estado anímico, en la confianza. Se quitó el miedo de encima y empezó a aguantar el pulso del Spartak, que fue declinando a medida que pasaban los minutos, sus fuerzas menguaban y sus posibilidades de remontada se desvanecían. Una jugada puntual, sin embargo, lo alteró todo en el minuto 84. Melgarejo, que había salido del banquillo, hizo el 1-2 con un toque impecable cuando nadie lo esperaba. No hace falta decir que, a partir de entonces, tocó sufrir hasta el pitido final como auténticos bellacos. Como lo viene haciendo la familia rojiblanca toda la temporada. Pero hablamos de fútbol. El sufrimiento de verdad estaba en otro lado.

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