Athletic

Que esto acabe de una vez

Que esto acabe de una vez

De nuevo en su lamentable versión de toda la temporada, el Athletic se deja superar por un Deportivo que le pegó un baño en la primera parte

Jon Agiriano
JON AGIRIANO

El agradable regusto del partido en Villarreal invitaba a confiar en una nueva satisfacción del Athletic, obligado en esta recta final de la Liga a hacerse perdonar un poco por los disgustos que nos ha dado durante la temporada. Pero está visto que dar confianza a este equipo es perder el tiempo. La tropa de Ziganda hizo un nuevo partido lamentable, ejerció una vez más de buen samaritano involuntario y dio un balón de oxígeno a un Deportivo que se ahogaba. Merecieron la victoria los gallegos, que sólo sufrieron en los últimos veinte minutos, a raiz de un gol olímpico de Susaeta. Hasta ese momento, el duelo había sido suyo, sobre todo en la primera parte, donde pegó un soberano repaso a un Athletic empanado y mustio; tan vulgar que daba hasta pena pensar en toda esa gente de bien, inocente y optimista por naturaleza, que todavía hacía cálculos con Europa. Pobres. Con este Athletic sólo hay una cuenta que hacer y es la cuenta atrás para que termine lo antes posible este suplicio.

Las primeras escenas del partido provocaron en los aficionados rojiblancos una sensación que podríamos comparar con la del espectador de unos multicines que, de pronto, se da cuenta de que se ha confundido de película. Y no le gusta nada lo que ve. Él iba a disfrutar con una de aventuras y final feliz, y de repente se encuentra con una cosa rara, entre el terror y el aburrimiento, que no hay por donde cogerla. La verdad es que no sabemos si fue más desagradable que sorprendente el meneo que el Deportivo le dio al Athletic durante toda la primera parte. El fútbol tiene este tipo de expedientes X. Un equipo que iba por la Liga con la mortaja a cuestas, con el descenso casi asumido, incapaz de reconocerse en su fútbol durante toda la temporada, se pone de repente a jugar y no sólo lo hace bien sino que da gusto verlo. Cosas veredes, amigo Sancho.

2 Athletic

Kepa; De Marcos, Etxeita (Yeray, m.46), Iñigo Martínez, Balenziaga; Susaeta, San José, Beñat (Muniain, m.66), Córdoba (Aduriz, m.46); Raúl García y Williams.

3 Dépor

Rubén Martínez; Juanfran, Albentosa, Schär, Luisinho; Borges, Mosquera, Krohn-Dehli (Fernando Navarro, m.); Çolak (Fede Valverde, m.58), Adrián López (Borja Valle, m.46); y Lucas Pérez.

Goles
0-1, m.5: Adrián. 0-2, m.14: Adrián. 1-2, m.47: Raúl García. 1-3, m.53: Borja Valle. 2-3, m.71: Susaeta.
Árbitro
González González (Castilla y León). Mostró tarjeta amarilla a los locales Raúl García (m.61) y Yeray (m.92), y al visitante Rubén Martínez (m.79).
Incidencias
Partido correspondiente a la trigésimo segunda jornada de LaLiga disputado en San Mamés ante 37.715 espectadores, según datos oficiales. Entre ellos unos centenares de seguidores visitantes convencidos de que «si, se puede», conseguir la permanencia.

No hace falta decir que los aficionados gallegos se frotaban los ojos. Y se reían y se daban con el codo. Y decían 'manda carallo'. Normal. No sólo se trataba de que Adrián hubiera abierto el marcador a los seis minutos aprovechando un córner que la defensa del Athletic defendió fatal, dejando cabecear a dos rivales a falta de uno. Se trataba de que los pupilos de Seedorf, lejos de replegarse para conservar la renta, decidieron seguir jugando y atacando, con un convencimiento admirable en un grupo tan tocado. De perdidos al río, debieron decirse los coruñeses, que ya no podían andarse con chiquitas y, de tener que caer, decidieron caer a lo grande, intentándolo hasta el final. Ya dijo el clásico que una bella muerte hace honorable toda una vida. Su actitud les valió el 0-2 en el minuto 14 y otras dos o tres magníficas ocasiones para firmar el 0-3, la última clarísima, ya justo antes del descanso y de que las gradas de San Mamés se revolvieran contra su equipo y le regalaran una pitada de las buenas.

Pésimo nivel

Más que justificada, por supuesto. Y es que el nivel del Athletic fue pésimo. Su falta de ideas, su empanada a la hora de posicionarse, el ritmo mortecino de equipo sin sangre, su falta de ardor en las disputas, sus terroríficos centros al área, casi todos a los manos de Rubén... Aquello fue tremendo y se vio venir desde el pitido inicial. La presencia de Beñat en el once ya daba muy mala espina porque el de Igorre o no está recuperado del pubis o está para el homenaje. San José volvió a su versión lúgubre, lo mismo que Raúl García y Williams, que volvió a ser el 9 titular y apenas entró en juego. Todo lo contrario que en Villarreal, efectivamente. El engranaje rojiblanco chirrió hasta colapsar durante 45 minutos tan malos que sólo tuvieron algo bueno. El equipo iba a tener que salir embistiendo en la reanudación si no quería protagonizar un bochorno mayúsculo y salir a gorrazos del campo.

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Ziganda movió el banquillo. Probablemente le hubiera gustado hacer ocho o nueve cambios, pero tuvo que conformarse con dos. El reglamento, ya se sabe. Yeray entró por Etxeita, algo tocado, y Aduriz por Córdoba. La incorporación del donostiarra llevó a Williams a la banda derecha. Antes de que hubiera tiempo para calibrar el impacto de los cambios, el Athletic acortó distancias en un córner que Raúl garcía cabeceó a la red. Un gran comienzo, efectivamente, que pudo ser mucho mejor si González González no hubiese anulado injustamente a Raúl García el 2-2 por un presunto empujó a Albentosa. Dio la impresión de que el Deportivo iba a sufrir un tembleque, pero su respuesta no se hizo esperar. Borja Valle, que había salido por el lesionado Adrián, firmó el 1-3 tras una buena jugada por la izquierda del Deportivo. Por cierto, en su origen estuvo Beñat, que no dio una a derechas.

Al Athletic volvió a meterle en el partido una casualidad. Suelen serlo casi todos los goles olímpicos. El 2-3 de Susaeta, ya con Muniain en el campo, hizo que los locales se lanzaran al abordaje. Pudieron empatar, sobre todo gracias a Raúl García, en apariencia indetectable para la floja defensa de Seedorf. Que no lo lograsen y el Deportivo, defendiéndose panza arriba y perdiendo todo el tiempo que podía, sumara los tres puntos que le dan alguna esperanza de resurrección tuvo algo de justicia poética.

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