San Mamés se cansa

San Mamés se cansa

El Athletic firma un derbi lamentable ante el Eibar y se gana la pitada de su afición, indignada viendo cómo su equipo terminaba defendiendo el empate, el séptimo de los últimos diez partidos

JON AGIRIANO

El Athletic decepcionó, aburrió y hasta indignó en un derbi que, por lo visto, le pilló con la cabeza en otra parte, un poco mareado todavía tras la montaña rusa de emociones contrapuestas que se han vivido con la renovación de Kepa y la marcha de Laporte. Que empatara a duras penas una vez más fue casi lo de menos y así lo demostró la afición, que dedicó a su equipo una buena pitada. Y es que no era fácil de encajar la imagen vergonzante de los jugadores de Ziganda defendiendo el puntito en el tramo final del partido mientras el Eibar peleaba por la victoria con grandeza, como debe pelear un equipo que se viste por los pies. En realidad, siendo más precisos, lo que no es nada fácil de encajar es el fútbol cavernario y más simple que un rábano que propone este Athletic, que ahí sigue, de empate en empate hasta el aburrimiento final.

Lo cierto es que no hubo ayer ni un segundo para la esperanza. Desde el arranque, el partido dibujó un escenario descorazonador para la hinchada local, que vio cómo su equipo renunciaba a cualquier posibilidad de llevar la iniciativa. Hizo justo lo contrario. Se puso a cubierto en su campo, como un abuelete con miedo a coger un frío, y dejó que el Eibar dominara. Es cierto que los pupilos de Mendilibar no acertaban a crear peligro, pero esa renuncia tan explícita del Athletic a imponerse, esa apuesta timorata de equipo pobre que asume su incapacidad para dominar a través del balón y se dedica a pegar pelotazos y a esperar el fallo del rival, no pudo ser más decepcionante. Estamos hablando de que delante estaba el equipo de Mendilibar, no en el Barcelona o el Manchester City. Y tener que jugarle así al Eibar, con esos andrajos, más allá del resultado que pudiera darse al fin de los noventa minutos debido a los azares del juego, no deja de ser penoso. Y más si pensamos en las promesas de vino y rosas de Ziganda en la pretemporada.

1 Athletic

Iago Herrerín; Lekue, Unai Núñez, Etxeita, Saborit; Williams, Iturraspe, Mikel Rico (Beñat, m.79) Susaeta (Vesga, m.87); Raúl García (Sabin Merino, m.70) y Aduriz.

1 Eibar

Dmitrovic; Rubén Peña, Ramis, Arbilla, Junça (Capa, m.79); Escalante, Pape Diop; Iván Alejo (Charles, m.61), Orellana, Inui; y Kike García.

Goles
1-0, m.50: Aduriz. 1-1, m.73: Kike García.
Árbitro
Melero López (Andalucía). No mostró tarjetas.
Incidencias
Partido correspondiente a la vigésima primera jornada disputado en San Mamés ante 39.331 espectadores, según datos oficiales.

La primera parte fue deprimente. Eso sí, el fútbol tiene sus paradojas y las mejores ocasiones fueron de los rojiblancos, en dos errores de la defensa eibarresa que Williams estuvo a punto de aprovechar. Se lo impidió Dmitrovic, rapidísimo y más atento que un buho real con hambre. También Etxeita tuvo cerca el gol tras un córner, pasada la media hora, donde hubo dos o tres minutos en los que al Athletic pareció acelerársele un poco su pulso de moribundo. El Eibar, por su parte, tuvo sus mejores opciones en un despeje de Iturraspe hacia su propia portería en el minuto 24 y en un cabezazo de Kike García en el 35.

Quizá a Ziganda esta estadística le sirviera para avalar su planteamiento infumable. A los aficionados presentes en San Mamés, sin embargo, les sentó como una patada en la espinilla. Y no es que esta temporada no estén acostumbrados a ver partidos malos como la quina, pero lo de ayer era un derbi y el Athletic tenía que mostrar otra actitud, otra prestancia, otra altura de miras. ¿O no? La pitada al descanso, por tanto, no es que fuese justa sino diríamos que higiénica. Sencillamente, lo que la gente estaba viendo en el campo, un equipo dedicado a tapar huecos, a despejar balones de mala manera y a intentar fabricar alguna ocasión de carambola con los pelotazos de su portero, le parecía vergonzoso. Y lo era.

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En el descanso, algunos no perdieron el humor. «Vamos rápido, que vuelve el espectáculo», apremiaba un espectador a su compañero de localidad, a la salida de los baños. Su sorna estaba más que justificada. No había ninguna razón para pensar que era necesario darse prisa porque, de lo contrario, podríamos perdernos algo bueno. En el fútbol, sin embargo, no conviene hacer muchas gracias ni dictar sentencias porque es probable que se vuelvan en tu contra. Así sucedió. En el minuto 50, Williams se fue en velocidad por su banda y depositó un centro perfecto en el segundo palo, donde Aduriz acertó a meter la cabeza. Era la primera aparición del donostiarra, al que hasta entonces sólo se le había visto en un par de rifirrafes con Arbilla. El Athletic celebró el gol e insistió en su búsqueda de Williams, que volvió a crujir a Junca cuatro minutos después. Era una apuesta lógica. Lo incomprensible, de hecho, es que no le hubiera buscado más y mejor en la primera parte, ya que se trata del jugador de la plantilla al que mejor le viene ese fútbol de repliegue y contragolpes.

Un plan peligroso

El Athletic, sin embargo, no estaba ayer por lo visto para arriesgar, dar un paso al frente y seguir intentando lanzar flechazos por la derecha. Quizá porque para eso los centrocampistas tienen que dar al menos un pase bueno. El caso es que los rojiblancos recularon de nuevo, dispuestos a dejar pasar el tiempo y a que el Eibar, pese a su dominio, continuara con las luces apagadas cada vez que merodeaba el área de Herrerín. Era un plan triste. Y algo peor: peligroso. Se demostró en el minuto 72, en una internada de los armeros por la derecha que terminó en un derechazo a la red de Kike García. Era el 1-1. A la tropa de Mendilibar se le antojó un resultado malo por escaso y continuó trabajando para mejorarlo. Al Athletic, pese a la entrada de Beñat por un Rico muy impreciso, le debió parecer aceptable y lo defendió. En esas estamos.

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