El Athletic no levanta cabeza

El Athletic no levanta cabeza

Los rojiblancos prosiguen en su viaje por la vulgaridad y no pueden pasar del empate a cero con el equipo más goleado de Primera

JON AGIRIANO

Una parte del público de San Mamés volvió a despedir a su equipo con una pitada, incluso con algún que otro pañuelo, tras el pobrísimo y justo empate a cero ante la UD Las Palmas, vicecolista y equipo más goleado de Primera. Una mayoría resignada, sin embargo, abandonó su localidad con prisas y haciendo cuentas: un puntito más. 28. Faltan 14 o 15 para la permanencia. O mejor dicho, para que concluya sin más disgustos un campeonato de Liga que se está convirtiendo en un verdadero suplicio. Ver jugar al Athletic es una pesadez tremenda que solo la afición y la incertidumbre del resultado hace soportable. Y no hablemos de ver a algunos de sus futbolistas. Este viernes varios de ellos quedaron retratados: Saborit, Rico, Iturraspe e incluso Williams, cuyo clamoroso error en el minuto 86 -solo frente a Chichizola le bastaba con dar el balón a Aduriz para que empujara- hizo que algunos se acordaran de su pedazo contrato. Natural. Pero tampoco es cuestión de personalizar. El problema del Athletic sigue siendo colectivo, el de un equipo al que la mediocridad en su fútbol le está devorando como una plaga de termitas.

0 Athletic

Kepa; De Marcos, Yeray, Iñigo Martínez, Saborit (Lekue, m.83); Williams, Iturraspe (Beñat, m.62), Mikel Rico, Susaeta (Córdoba, m.72); Raúl García y Aduriz.

0 Las Palmas

Chichizola; Míchel Macedo, Ximo Navarro, Gálvez, Aguirregaray; Gaby Peñalba; Hernán Toledo (Tana, m.32), Etebo, Jonathan Viera, Nacho Gil (Aquilani, m.68); y Calleri (Pedro Bigas, m.89).

Árbitro
Estrada Fernández (Comité Catalán). Mostró tarjeta amarilla a los locales Aduriz (m.12), Saborit (m.51) y Kepa (m.52), y a los visitantes Ximo Navarro (m.12), Calleri (m.41) y Michel Macedo (m.59) y Chichizola (m.79).
Incidencias:
Partido correspondiente a la vigésima tercera jornada de LaLiga disputado en San Mamés ante 33.679 espectadores, según datos oficiales. Unos cientos de ellos seguidores amarillos. Antes del partido, Aritz Aduriz recibió la distinción de Mejor Jugador de LaLiga Santander en el mes de enero por un deportivo gesto en el partido ante el Eibar en San Mamés con el que negaba la existencia de un penalti y pedía a la afición respeto a la decisión arbitral

En sus compases iniciales, el partido se dejó ver durante un rato. No es que el fútbol brillara, que no lo hacía en absoluto, pero al menos se sentía un cierto vértigo. Tenía la culpa de ello la UD Las Palmas, que como todos los equipos de Paco Jémez asume riesgos con una determinación que no se sabe si hay que adjudicársela a la valentía o la temeridad. Estará en una frontera entre ambas. El caso es que con los canarios adelantando muchísimo su defensa y saliendo con el balón tocado, el Athletic pudo ver lo que no había visto en muchos otros partidos: espacios. El problema de los rojiblancos es que su fútbol fue demasiado plano para aprovecharlos. Demasiados balones largos mal dirigidos o con sus destinatarios en fuera de juego por detrás de la línea defensiva rival, algunas carreras de De Marcos por la derecha, algún que otro córner o falta...

Lo de siempre, vaya. El mismo surtido de simplezas. Muy poca cosa para una primera parte que fue de más a menos hasta terminar bastante lánguida y monótona. Eso sí, en ella se produjo un fenómeno curioso. Como la UD Las Palmas es como es y cada vez que arranca las jugadas uno parece escuchar los chirridos de violín de ‘Psicosis’ en la escena de la ducha, daba la impresión de que el Athletic no lo tenía demasiado difícil para crear peligro. Tres pases seguidos en buenas condiciones, era suficiente. Ahora bien, había que darlos. Y eso para la tropa de Ziganda ya se sabe que son palabras mayores. De hecho, solo pudo crear una ocasión digna de tal nombre en toda la primera parte, un chutazo fuera de Raúl García en el minuto 34. Ninguna otra.

Fue una pena, eso sí, que Estrada Fernández anulase un golazo a Yeray a los cuatro minutos por falta previa de Mikel Rico, y también que poco después dejara sin señalar un penalti a Raúl García por un agarrón en un córner. Por no hablar de que podía haber expulsado perfectamente a Ximo Navarro por un intento de agresión a Aduriz. Más allá de este tipo cuestiones arbitrales, lo cierto es que la tropa de Paco Jémez, que a la media hora no dudó en sacrificar a Hernán Toledo y sacar a Tana, se fue asentando poco a poco hasta adquirir una cierta prestancia. Lo hizo a su estilo, a base de tocar y tocar, de una forma un poco monocorde pero sin demasiados borrones. Y no le fue mal. De hecho, estuvo a punto estuvo de irse al descanso en ventaja. Jonathan Viera, que ya había dado un aviso a Kepa en el minuto 9, desperdició una magnífica ocasión tras un bonito contragolpe en el minuto 43.

La jugada sentó mal a la grada, a la que el fútbol del Athletic se le había ido indigestando más y más a medida que pasaban los minutos. En el descanso, desde la tribuna de prensa pudimos detectar aromas de hierbas del Rif fumadas por algunos notables violadores de la ley con el argumento de que, visto lo visto, necesitaban plantas medicinales para sobrellevar el espectáculo. Y hubo quien les entendió. En cualquier caso, la emoción persistía. El partido estaba roto y el público, a la expectativa. En el caso del Athletic, a la espera de que apareciese Williams, muy frío y poco activo; o Aduriz, irritado desde el principio pese a recibir el premio al jugador de enero por su fair play; o Raúl García o Susaeta, que al menos revolvía un poco. El problema es que no aparecieron -tampoco tenían suministro, la verdad- y que los canarios se fueron agrandando. En el minuto 62, tras una magnífica jugada colectiva, Nacho Gil perdonó el 0-1 de mala manera. A Paco Jémez se lo llevaban los demonios y con razón.

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Ziganda movió pieza tras esa jugada que le debió producir taquicardia. Su cambio estaba cantado. Sacó a Beñat y quitó a Iturraspe, que estuvo en su versión más pobre e irritante, sin apenas impacto en el juego. Es como para hacérselo mirar que un futbolista de esa categoría se permita estas desconexiones, estas caídas en la vulgaridad. Poco después de la entrada de Beñat, le tocó el turno a Córdoba, que ocupó el lugar de Susaeta. No hace falta decir que los cambios eran un indicio evidente de que ‘Cuco’ veía el tema muy malito. Había que mejorar. Mucho. Y no lo hizo el Athletic. Beñat, por ejemplo, apenas apareció. Es cierto que, a base de insistencia y aprovechando el bajón físico del rival, los rojiblancos acabaron encerrando a la Unión Deportiva en su área durante el último cuarto de hora, pero su falta de lucidez en ataque fue absoluta. Y no hablemos de la de Williams casi al final, en la que debió ser la jugada de la victoria. Para llorar.

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