El Athletic se gana una tregua

Aduriz se lamenta tras fallar una ocasión./
Aduriz se lamenta tras fallar una ocasión.

El equipo de Ziganda tira de carácter para sostenerle el pulso al Real Madrid y logra un empate que aplaza unos días el diagnóstico definitivo de la crisis

Jon Agiriano
JON AGIRIANO

El clásico contra el Real Madrid no pudo ser el chutazo de adrenalina en el corazón, en plan 'Pulp Fiction', que muchos aficionados anhelaban para ver resucitar a un Athletic moribundo tras la debacle ante el Formentera. Pero al menos sirvió para que el equipo se ganara unos días de tregua y retrasara el examen final del proyecto de Ziganda a los dos próximos partidos, frente al Zorya en la Europa League y el Levante. Los rojiblancos respondieron con coraje y orgullo a una cita muy complicada. Nunca perdieron la cara al partido, supieron defender -¡por una vez!-, y acabaron desesperando a un Real Madrid sin pegada y escaso de luces; algo paradójico teniendo en cuenta el ramillete de futbolistas que dispone Zidane. Ayer casi ninguno ofreció su mejor versión, especialmente un Cristiano Ronaldo negado en sus remates y obsesionado quizá con la imagen deformada que le está ofreciendo el espejo del agua.

0 Athletic

Kepa, De Marcos (Lekue, min. 72), Etxeita, Unai Núñez, Balenziaga, Iturraspe (San José, min. 39), Mikel Rico, Williams (Córdoba, min. 82), Raúl García, Susaeta y Aduriz.

0 Real Madrid

Keylor Navas, Carvajal, Varane, Sergio Ramos, Marcelo, Modric, Casemiro, Kroos, Isco (Kovacic, min. 82), Benzema (Mayoral, min. 82) y Cristiano Ronaldo.

árbitro
Mateu Lahoz (Valenciano). Tarjetas amarillas a De Marcos, Etxeita, Casemiro, Carvajal y Cristiano Ronaldo; y a Sergio Ramos, en dos ocasiones, por lo que fue expulsado en el minuto 86. También expulsó a Chendo, delegado del Real Madrid, en el minuto 93.
iNCIDENCIAS
Partido correspondiente a la 14ª jornada de Liga, disputado en San Mamés. Unos 45.000 espectadores.

Era evidente que ayer no se iba a ver al Athletic soso, rumiante y gris de tantos y tantos otros partidos de la presente temporada. De la misma manera que un buen anfitrión se pone sus mejores galas y sala la cubertería de plata para recibir en casa a un visitante muy ilustre, cuando el Real Madrid hace acto de presencia en Bilbao los rojiblancos responden dando lo mejor de sí mismos. Esto a veces es mucho y veces es poco, suficiente o insuficiente, pero siempre provoca duelos disputados. Ganar en San Mamés, en fin, obliga a picar mucha piedra a los equipos grandes. Otra cosa es que uno sea el Formentera o el Zorya, lo que podría considerarse un visitante de baja ralea, casi furtivo. En ese caso uno puede encontrarse al Athletic en el sofá, comiendo uvas y tocado la lira, y aprovechar para dar la sorpresa.

De manera que a la afición rojiblanca no le sorprendió en absoluto que los pupilos de Ziganda se fajaran con intensidad desde el pitido inicial y, a lo largo de toda la primera parte, mantuvieran el pulso bastante igualado ante un Real Madrid que jugó con el once titular de la última final de la Champions. El equipo era el mismo que en Cardiff, no así su nivel de juego. El Madrid tuvo más posesión y fabricó tres o cuatro buenas ocasiones en la portería de Kepa -la mejor un tiro cruzado de Benzema al poste en el minuto 8-, pero no terminó de jugar bien a partir de tres cuartos de campo. Isco apareció con cuentagotas y eso lo nota en exceso el conjunto blanco, que no pudo quitarse de encima a un Athletic bravo, al gusto de su afición en estos grandes clásicos.

Lo cierto es que carburaban bastante bien los rojiblancos, ajustados en sus quites y aprovechando con inteligencia la desgana merengue a la hora de presionar los balones largos con los que Kepa daba salida a muchas jugadas. El equipo pivotaba alrededor de Iturraspe, un futbolista que se crece en los grandes eventos. Dicho de otro modo más crudo: juega cuando quiere. O esa sensación da. Y ayer quería. Fue una lástima que se lesionara en el minuto 39. Y no sólo pensando en el partido de ayer sino en los que vienen por delante. Como fue una lástima también que el equipo de Ziganda no acertara en las tres ocasiones que tuvo para adelantarse en el marcador: un cabezazo de Aduriz a pase de De Marcos, un disparo de Williams excesivamente cruzado (para no variar), y un balón cabeceado por Etxeita al que el delantero donostiarra no llegó para empujar por centímetros. Al Real Madrid, que lleva un par de meses despistado, lejos de su mejor versión, como quitándose de encima el confeti y las turutas de sus últimas celebraciones, le hubiera hecho mucho daño esa adversidad.

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San Mamés se divertía y continuó haciéndolo tras el descanso. A ninguno de los dos equipos le valía el empate y el partido se fue animando más y más hasta convertirse en un toma y daca vibrante. Los paladares más finos destacarán el exceso de imprecisiones en ambos bandos. Cierto es. Existieron. Ahora bien, comparado con los espectáculos que se han visto en el estadio bilbaíno, donde llevamos cuatro meses de sesión continua de cine posibilista búlgaro, como diría el gran Forges, aquello era una película de Indiana Jones. Uno no se acordaba ni del frío. Aduriz y Susaeta hicieron temblar al Madrid. Y Cristiano al Athletic, más allá de su escasa puntería. Mateu Lahoz, por su parte, estaba ahí, como un peligro latente. La ley de la ventaja que en el minuto 57 no aplicó tras una falta de Etxeita a Modric -Cristiano se iba solo- fue algo asombroso.

A medida que pasaban los minutos, sin embargo, a los rojiblancos se les planteó un problema. Los de Zidane se pusieron apretar con todo, conscientes de que no podían desperdiciar la ocasión de reengancharse a la Liga. Y ese impulso de los merengues vino a coincidir con el bajón físico de un Athletic cansado y, probablemente, cada vez más convencido de que el 0-0 tampoco era un mal resultado teniendo en cuenta las circunstancias. La perspectiva no era muy halagüeña, pero entre que los pupilos de Ziganda defendieron bien, muy atentos a los cruces y afilados en las anticipaciones, y que a los campeones de Europa se les nublaban las entendederas al llegar al área de Kepa, lo cierto es que poco o nada hubo que temer. Y menos después de que Sergio Ramos dejara a su equipo en inferioridad en el minuto 86 por doble amarilla, tras volver a sacar el brazo a pasear en un salto con Aduriz. El clásico, de hecho, terminó con los blancos metidos en su área defendiendo el 0-0 y el Athletic colgando balones al área. Quién no lo hubiera firmado.

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