El Athletic recupera el color

El Athletic recupera el color

El equipo de Ziganda mejora ante el Valencia su imagen de otros partidos y empata un choque de poder a poder

Jon Agiriano
JON AGIRIANO

El juicio popular en que se había convertido el partido contra el Valencia concluyó con una prórroga para el Athletic de Ziganda, que se mostró firme ante un rival de categoría. Los rojiblancos compitieron ayer con la actitud y el carácter que tanto se está echando de menos esta temporada. El empate, que pudo haber sido victoria si Aduriz no hubiera tenido una noche negra, no tuvo esta vez el sabor agrio de otras. Se agradeció ver jugar a los rojiblancos de poder a poder ante el cuarto clasificado y terminar el choque lanzando un córner a favor con el público entregado. En principio, estos noventa minutos pueden suponer una inyección de moral, un punto de partida hacia algo decente. Aunque me temo que esto también lo pensamos -puede que incluso lo escribiéramos- tras el partido de Mestalla. Y ya hemos visto lo sucedido. Tiempo al tiempo, pues.

Durante los primeros 22 minutos, antes del 0-1, el partido fue un ir y venir sin ninguna sustancia. No pasaba nada. O mejor dicho, lo que pasaba sobre el césped era un ir y venir inocuo de los dos equipos, aliñado con las caídas de los jugadores del Athletic en cada disputa por alto, unas veces con razón y alguna que otra, supongo, para presionar a Gil Manzano y que la grada se indignara y pusiera el foco en el árbitro y no en el juego, de nuevo muy pobre. Eso sí, la pobreza afectaba a los dos equipos y casi más al Valencia, que no daba pie con bola y no dejaba de atragantarse con las pérdidas y los errores de Paulista y Murillo en el centro de su defensa. El Athletic, de hecho, cosechó un buen número de córners y faltas al borde del área en ese cuarto inicial. Fue una lástima que no aprovechara alguna. Y es que, ante el Valencia, ante cualquier equipo de Marcelino en realidad, adelantarte te deja medio trabajo hecho.

1 Athletic

Kepa; De Marcos, Unai Núñez, Iñigo Martínez, Saborit; Susaeta (Williams, m.63) San José, Beñat, Córdoba; Raúl García (Lekue, m.77) y Aduriz.

1 Valencia

Neto; Vezo, Murillo, Gabriel Paulista, Gayà; Ferran (Guedes, m.75), Parejo, Kondogbia, Coquelin; Vietto (Rodrigo, m.70) y Zaza (Carlos Soler, m.83).

Goles
0-1, m.23: Kondogbia. 1-1, m.49: De Marcos.
Árbitro
Gil Manzano (Extremadura). Mostró tarjeta amarilla al local Córdoba (m.29), y a los visitantes Zaza (m.20), Murillo (m.68).
Incidencias
Partido correspondiente a la vigésimo sexta jornada de LaLiga Santander disputado en San Mamés ante 34.382 espectadores, según datos oficiales. Antes del partido se guardó un minuto de silencio en memoria del legendario exjugador internacional en recuerdo a Enrique Castro 'Quini', fallecido este martes.

Un gol con maestría

El problema es que también sucede lo contrario. Un gol del Valencia puede ser un veneno mortal y Kondogbia lo marcó con maestría en el minuto 23. Una pérdida tonta de Beñat, incapaz de dar el más mínimo aire al juego de su equipo en la primera parte, terminó con un zurdazo soberbio del centrocampista centroafricano desde fuera del área. San Mamés torció el gesto y no pudo dejar de pensar que al perro flaco todo son pulgas. No merecían ese castigo los rojiblancos -o ese premio los valencianos, sería mejor decir-, pero la suerte también juega. ¿O no jugó en Mestalla, ante el mismo rival, en el que ha sido quizá el mejor partido del Athletic esta temporada?

Athletic - Valencia

Pues bien, ayer también se hizo presente. La fortuna en su versión adversa, digo. No es que el equipo de Ziganda mereciera mucho. Su fútbol era el de siempre, plano y aburrido, mortecino, de una grisura mineral. Una vez más, no encontraban caminos por las bandas. Por la derecha, los levantinos cerraban bien entre Coquelin y Gaya. Por la izquerda, Saborit se dedicaba a cerrar y Córdoba abusaba de los recortes y conducciones hacia dentro. En el único centro que hizo en carrera en toda la primera parte, allá por el minuto 27, creó más peligro que en todas sus demás acciones, incluido un piscinazo que le valió la tarjeta amarilla. Pese a todo, el Athletic no era inferior a su rival y llegaba al área contraria con más frecuencia. Pero los astros, por lo que sea, no estaban bien alineados para los rojiblancos. Hubo que llegar a esa conclusión después de que Aduriz fallase un penalti en el minuto 36. Susaeta se lo había sacado a Murillo, que anduvo ayer con un cable pelado. Y digo ayer aunque quizá sea su estado natural.

Era difícil saber qué Athletic saldría tras el descanso, aunque los precedentes no permitían ser optimistas. Por regla general, el equipo de Ziganda se ha dedicado a dar disgustos en las reanudaciones. Esta vez, sin embargo, tuvo el detalle de enmendarse. Salió con ímpetu, sin miedo, firme en su búsqueda del empate. ¿Que no tenía otro remedio? Cierto. Pero tampoco lo había tenido otras veces y su estampa había sido penosa. El caso es que la recompensa a su actitud fue fulminante. En el minuto 48, De Marcos embocó desde fuera del área un rechace de la defensa levantina. Era el 1-1 de un partido de poder a poder en el que, por cierto, Raúl García pudo batir el récord mundial de protestas y caídas en disputas de cabeza. Gil Manzano se lo acabó tomando a broma y haciéndole menos caso que a la publicidad estática.

La respuesta correcta

Conseguida la igualada, al Athletic se le colocó entonces un nuevo interrogante sobre la cabeza: ¿Qué hacer ante un Valencia que no estaba fino pero seguía siendo un peligro?, como mostró Zaza en un zambombazo lejano justo después del empate. Su respuesta fue de nuevo la correcta. Continuó afilado y buscó el 2-1 aprovechando la locomotora de De Marcos, a la que se subió Williams en el minuto 63, por la banda derecha, que Gayá y Coquelin habían dejado con las puertas abiertas. ¡Qué importante es para este equipo el efecto contagio que provoca el futbolista de Laguardia. Aduriz y Raúl García estuvieron cerca del segundo gol mientras las gradas animaban a los suyos. No tuvieron ayer su día los dos hombres-gol, sobre todo el donostiarra, y este déficit hizo imposible la victoria. El empate, sin embargo, fue acogido incluso con agrado. Y era lógico porque el Athletic no se había conformado con él. A falta de fútbol, no se le pide otra cosa.

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