Athletic 1 - Villarreal 1

Esto es lo que hay

El Athletic consigue un punto ante el Villarreal./
El Athletic consigue un punto ante el Villarreal.

El Athletic vuelve a jugar mal, pero su arrojo en la segunda parte le permite al menos rescatar un punto ante el Villarreal

Jon Agiriano
JON AGIRIANO

Hay una táctica que le suele funcionar al Athletic con bastante frecuencia. En los seminarios de entrenadores y demás academias futbolísticas la llaman 'De perdidos, al río'. Su significado está claro. Cuando te falta fútbol, las cosas cada vez están más torcidas y vas perdiendo, no lo pienses más. Arriésgalo todo.

Más o menos esto es lo que, este domingo, ha hecho el Athletic, que continúa muy malito pero al menos sigue teniendo las constantes vitales necesarias -sobre todo si Mikel Rico está en el campo- como para lanzarse al abordaje ante un rival superior como el Villarreal y rascar un empate.

Con gol de Aduriz, por supuesto. El 1-1 no era lo que se buscaba, por supuesto. Ziganda quería «un partidazo». Que su equipo lo haga, sin embargo, sería un milagro. Aunque bueno es que lo siga intentando. Esta semana tiene dos buenas oportunidades.

1 Athletic

Kepa; Lekue, Unai Núñez, Laporte, Balenziaga; Williams, Iturraspe, San José (Mikel Rico, m.54), Córdoba (Susaeta, m.54)); Raúl García (Aketxe, m.71) y Aduriz.

1 Villarreal

Barbosa; Mario, Bonera, Víctor Ruiz, Jaume Costa; Rodri, Trigueros, Soriano (Cheryshev, m.75), Fornals; Bakambu (Raba, m.85) y Bacca (Sansone, m.70).

Goles
0-1, m.28: Trigueros. 1-1, m.76: Aduriz.
árbitro
Medié Jiménez (Cataluña). Mostró tarjeta amarilla al local Iturraspe (m.18) y a los visitantes Bonera (m.5), Jaume Costa (m.34) y Víctor Ruiz (m.63).
incidencias
Partido correspondiente a la duodécima jornada de LaLiga Santander disputado en San Mamés ante 36.666 espectadores, según datos de LaLiga.

El Athletic quiso mostrar desde el primer minuto sus buenas intenciones. Por ganas, ilusión y espíritu de enmienda no iba a quedar. El partido tenía una importancia enorme y eso tenía que quedar claro. Al Villarreal, en fin, había que ponerle las cosas en su sitio sin contemplaciones. Este ímpetu premeditado sirvió a los rojiblancos para dominar durante el primer cuarto de hora.

Al equipo de Calleja le incomodaba mucho la presión del Athletic, con San José descolgándose arriba para molestar la salida de los centrales. Sin balón, el Villarreal es como un mago sin chistera y lo pasó mal. De eso se trataba, por supuesto.

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Los pupilos del Cuco, por el contrario, parecían sentirse a gusto. Trabajaban bien las bandas, sobre todo la de Lekue y Williams, colgaban algunos centros en el área y aprovechaban los errores del rival para crear peligro en la portería de Barbosa. Aduriz remató un par de veces con peligro y Williams, del que sus marcadores, mucho más lentos, sólo veían el rastro de polvo que el rojiblanco dejaba como el Correcaminos, entró dos veces gasta la cocina.

El gol de Aduriz vino a premiar el amor propio de los rojiblancos, su capacidad de insistencia

El problema es que en ambas ocasiones se estrelló contra el lavavajillas. La segunda, en el minuto 18, fue una pena porque la jugada fue magnífica y lo último que merecía era un nefasto pase sin mirar al único defensa rival que estaba solo. Y también lo fue (una pena, se entiende) porque el partido no iba a tardar nada en dar un giro inesperado.

Fue en el minuto 19. Se puede decir con precisión porque fue cuando Iturraspe hizo un penalti tontísimo, de esos que quitan hasta las ganas de protestar y te hacen maldecir el mal día en que prohibieron las petacas de whisky y demás destilados en San Mamés. Es cierto que Kepa paró el lanzamiento de Trigueros, lo que le valió muchos aplausos e incluso algunos gritos de ‘quédate’, pero lo cierto es que la jugada tuvo un doble efecto curioso.

Vértigo

De repente, el Athletic sintió el vértigo de quien se libra por los pelos de un accidente gravísimo. El Villarreal, por el contrario, se revitalizó. Trigueros, Rodrigo y Bruno Soriano se pusieron al timón, mientras Mario y Costa tiraban hacia arriba por primera vez. Cada vez más a gusto, el submarino amarillo acabó marcando el 0-1 en el minuto 27. Trigueros se desquitó del error del penalti con un derechazo soberbio desde la media luna del área.

El Athletic no supo reaccionar algo. La diferencia de pulcritud y calidad entre los dos equipos moviendo el balón era abrumadora. Es cierto que no pasaron muchas cosas en las áreas hasta el descanso, salvo una buena parada de Kepa a una chilena de Bacca, pero la impresión de lo que sucedía en el campo no podía ser más negativa y preocupante desde la perspectiva rojiblanca. Un equipo se iba agrandando y el otro, menguaba. Uno tenía ideas y el otro, ocurrencias. Al Athletic, en fin, sólo le valía con un cambio drástico en la segunda parte, una propuesta ardiente que le permitiera crear peligro y activar a su afición, que se iba enfriando a medida que pasaban los minutos. En realidad, su temperatura ambiente nunca ha sido muy alta esta temporada. De la vieja fiebre del antiguo San Mamés, ni hablar.

Rico por San José

Un par de ocasiones en las botas de Raúl García y Córdoba en el arranque parecieron retratar a un Athletic en el buen camino. El equipo de Ziganda, sin embargo, volvió a espesarse y el Villarreal, a tocar y tocar. El Cuco actuó de inmediato. Tan pronto como en el minuto 53. Quitó a San José, cuya titularidad sigue siendo un misterio insondable, y dio una oportunidad a Mikel Rico.

Por otro lado, metió a Susaeta en lugar de Córdoba, lo cual no sentó muy bien a un sector de la hinchada. La entrada del centrocampista de Arrigorriaga fue una bendición para el Athletic por su vigor y su afán indomable de estar en todas partes. Rico recuperó balones, contagió determinación y, por supuesto, nos obligó a preguntarnos a todos por qué motivo no ha jugado más teniendo en cuenta el nivel que vienen mostrando sus competidores en el puesto.

Digamos que fue muy importante para que el Athletic se lanzara al abordaje y acabara haciendo el empate en el minuto 75. Balenziaga, que se pegó una paliza tremenda, puso un balón perfecto y Aduriz, quién si no, cabeceó a la red. El gol vino a premiar el amor propio de los rojiblancos, su capacidad de insistencia, y castigó a un Villarreal al que le faltó un poco más de mordiente arriba. La que perdonó Cherishev en el descuento, solo frente a Kepa, fue de las que no se olvidan. Aunque la última, digámoslo todo, la tuvo Aketxe con un derechazo que se le marchó por poco.

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