Una derrota apañada

Una derrota apañada

El Athletic cae en el Camp Nou, como es tradicional, pero al menos se libra de una goleada gracias a su mejoría en la segunda parte y al pasotismo de un Barça que no necesitaba hacer sangre

JON AGIRIANO

Hagamos, antes que nada, un obligado ejercicio de justicia y no adjudiquemos también a Ziganda la muerte de Manolete, de los hermanos Kennedy y de Liberty Valance. Quiero decir que no cobremos al navarro la derrota en el Camp Nou, ya que esta había que darla por descontada. Para el Athletic es una tradición salir más o menos escaldado del coliseo blaugrana. Caparrós lo comparaba con la visita anual al dentista. Otros hemos llegado a hacer analogías más brutales, hasta el punto de referirnos a mataderos y a escenarios de sacrificios humanos. Y es que Barça y Athletic viven en dimensiones diferentes y eso no hay entrenador que pueda evitarlo. ¿Que el espectáculo de los rojiblancos fue deprimente durante la primera mitad, en la que los pupilos de Valverde pudieron hacer una masacre antes de tumbarse a la bartola? Cierto. Pero la realidad es que los ha habido mucho peores en los últimos años. Este domingo, al menos, el Athletic aprovechó la descarada relajación de los culés tras el descanso para rehacerse, ofrecer una imagen digna y evitar una goleada de escándalo.

2 Barcelona

Ter Stegen; Sergi Roberto, Piqué, Umtiti, Jordi Alba; Rakitic, Paulinho, Coutinho (André Gomes, min.85); Paco Alcácer (Aleix Vidal, min.74), Messi y Dembélé (Iniesta, min.63).

0 Athletic

Kepa; Lekue, Unai Núñez, Íñigo Martínez Saborit; Beñat (Iturraspe, min.46), San José; De Marcos, Raúl García, Susaeta (Williams, min.63) y Sabin Merino (Aduriz, min.71).

Goles
1-0: Paco Alcácer, min.8. 2-0: Messi, min.30.
Árbitro
Jaime Latre (Comité Aragonés). Mostró tarjeta amarilla a Umtiti (min.17), Dembélé (min.38) y Lekue (min.40).
Incidencias
Partido de la vigésimo novena jornada de LaLiga Santander disputado en el Camp Nou ante 84.053 espectadores.

Un 2-0, seamos sinceros -¿tiene sentido no serlo?- era un resultado apañado que podía firmarse antes del partido sin ser acusado de cenizo y derrotista. Y es que no solo se trataba de que estos dos equipos vivan en dimensiones distintas, como decíamos, sino que disfrutan de trayectorias opuestas. El Barça vive en una situación tan ideal que hasta un hombre de natural mesurado como Txingurri fue capaz de decir el sábado que, a principio de temporada, hubiese «firmado con sangre» estar como estaba. El Athletic, por el contrario, es un ‘dead man walking’ que ya solo aspira a que la Liga concluya sin más incendios y pañoladas, con una cierta calma, aunque sea un poco tensa. Quiere pasar desapercibido, no llamar la atención, como todos los pecadores que sueñan con que se vayan olvidando sus pecados.

En este sentido, se puede decir que no había partido. No podía haberlo porque no hay duelos sin incertidumbre. Sin ella, sin esa duda básica y esencial, lo que existen son ejecuciones más o menos dolorosas y la de ayer, las cosas como son, fue bastante llevadera. De hecho, acabó sucediendo algo que parecía imposible en el intermedio: que los aficionados rojiblancos lamentaran que terminase el partido ya que en esos minutos finales su equipo estaba atacando -con todas sus limitaciones, pero atacando- en busca del gol de la honrilla. Nos lo dicen en el minuto 8, cuando Alcácer marcó el 1-0, el Barça jugaba a placer y los jugadores del Athletic daban más pena que los porteadores en las películas de Tarzán, y no nos lo creemos.

Balanza de méritos

La doble imagen del Barcelona fue tan chocante que complicó la lectura de lo ocurrido sin cometer errores en la balanza de los méritos. ¿Cómo fue posible un cambio tan insospechado y radical? Creo que lo más justo es hablar de la confluencia de dos factores. Por un lado, la mejoría evidente del Athletic, que salió tras el descanso con propósito de enmienda -Lekue representó mejor que nadie ese nuevo espíritu- y se beneficio de la entrada de Iturraspe en lugar de Beñat; por cierto, un cambio que nunca tuvo que producirse ya que el jugador de Igorre no debió ser titular. No pintaba nada en un choque de ese pelaje. Desgraciadamente, no está pintando nada en ninguno. El segundo factor fue, desde luego, la relajación tremenda del Barça. Seguramente lo vio todo tan fácil, había disfrutado tanto con un rival que no le había llegado ni a la categoría de sparring, que le venció la pereza y se tumbó en la hamaca a echar la siesta. A algunos jugadores solo les faltó darse crema solar y pedir una piña colada.

Fue lo mejor que pudo ocurrirle al Athletic, que en esta última visita al Camp Nou no puede quejarse de la fortuna, más allá del error del linier en el 1-0. Jordi Alba, asistente de Alcácer, estaba por poco en fuera de juego. Aparte de los dos goles -el segundo lo firmó Messi en el minuto 30 después de que la defensa rojiblanca le dejara solo en la media luna del área-, el equipo de Valverde disfrutó de otra media docena de ocasiones clarísimas, entre ellas dos largueros de Coutinho y un poste de Paulinho. Kepa estuvo soberbio. Su superioridad respecto al nivel ínfimo de sus compañeros fue de tal calibre que este cronista llegó a preguntarse si tendría que acabar titulando este texto «Kepa, Kepa, Kepa es cojonudo», recordando aquella actuación magistral de Iribar en la final de Copa ante el Zaragoza.

Si le hubieran dicho al portero de Ondarroa que en la segunda parte apenas iba a intervenir hubiese pensado que le estaban tomando el pelo. Y, sin embargo, así fue. Los rojiblancos adelantaron su presión y fueron con más fe a las disputas. Empezaron a robar balones y a desplegarse en ataque ante un Barça bostezante. La inoperancia de los jugadores de Ziganda para terminar alguna jugada, especialmente Sabin Merino y Williams, fue exasperante, pero como tampoco se esperaba otra cosa no dolió demasiado. Ni tan mal, nos dijimos todos, a modo de resumen.

Más información

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos