El mal menor en el RCDE Stadium

Raúl García se lamenta de una jugada. ./FERNANDO GÓMEZ
Raúl García se lamenta de una jugada. . / FERNANDO GÓMEZ

El Athletic sigue asentándose y suma un punto ante el Espanyol en un partido movido y con poco fútbol

Jon Agiriano
JON AGIRIANO

Habida cuenta del tremendo maleficio que pesa sobre el Athletic en el campo del Espanyol, el empate cosechado en el RCDE Stadium es una buena noticia. Los más ambiciosos dirán que no, que la de ayer era una gran oportunidad para dar un paso al frente y entrar en la pelea por Europa. No diré que no tengan parte de razón. Pero no hay que perder la perspectiva y menos la histórica. Desde hace dos décadas, el empate es el mejor resultado que se puede conseguir en esa visita, de manera que hay que celebrarlo y valorar que los rojiblancos continúen su buena racha de puntuación de las últimas semanas. Son ya ocho partidos seguidos sin perder y el equipo parece asentarse en la zona confortable de mitad de la tabla.

1 Espanyol

Pau López; Javi López (Marc Navarro, min.61), Óscar Duarte, Mario Hermoso, Aarón; Granero, Víctor Sánchez, Darder; Baptistao (Melendo, min.86), Jurado (Dídac, min.51) y Gerard Moreno.

1 Athletic

Herrerín; Lekue, Unai Núñez, Laporte, Saborit; Rico, Iturraspe; Williams, Raúl García (Beñat, min.88), Susaeta (Córdoba, min.82) y Aduriz (Sabin Merino, min.72).

goles:
1-0, min.29: Gerard Moreno. 1-1, min.36: Williams.
árbitro:
Trujillo Suárez (comité tinerfeño). Amonestó a Mario Hermoso (min.60), Iturraspe (min.67), Saborit (min.76), Aarón (min.77) y Raúl García (min.79).
Incidencias:
partido correspondiente a la decimonovena jornada de LaLiga Santander, disputado en el RCDE Stadium ante 20.228 espectadores.

No hace falta decir que la mejoría defensiva ha sido una de las claves de esta nueva situación. Por ejemplo, Laporte firmó este domingo una de sus mejores actuaciones de la temporada. Hizo su trabajo, una parte del de Saborit y tuvo que ayudar a Núñez, que anduvo un poco pasado de rosca. El central de Agen, en fin, fue decisivo. Sin él no hubiera sido posible aguantar los voluntariosos arreones de un Espanyol que lo intentó hasta el último segundo. Darder, de hecho, tuvo una clarísima ocasión en la jugada final. Su zurdazo, tras un gran pase de Gerard Moreno, el mejor de los ‘periquitos’, se fue a las nubes. El Athletic suspiró y dio las gracias a la diosa Fortuna.

El partido no fue para recordarlo, la verdad. El pulso resultó bastante igualado, aunque observando la foto finish hubiéramos visto un poco por delante al equipo de Quique Sánchez Flores. Al Athletic le faltó constancia y frescura arriba. Susaeta estuvo muy dinámico y Williams hizo muchas cosas y hasta marcó un gol magnífico de cabeza, pero los dos rematadores no tuvieron su día. Raúl García anduvo demasiado espeso y Aduriz, prácticamente desaparecido. Verle retirarse en el minuto 72 y ser sustituido por Sabin Merino resultó bastante deprimente. Y es que, sin estos dos jugadores, que son la referencia absoluta en ataque, los destinatarios de tantos y tantos centros como pone este equipo en el área, el Athletic suele ser papel mojado. Menos mal que ahora las calamidades en la retaguardia han menguado mucho.

Error de Mikel Rico

El arranque fue engañoso. El Athletic comenzó mandando, muy ambicioso, y al Espanyol le costó unos minutos quitárselo de encima. A partir de ahí, del equilibrio, todo fueron borbotones. Parecía que sucedían muchas cosas sobre el césped, porque el trajín de los dos equipos era constante, pero en realidad no sucedía casi nada y los porteros pasaban el rato como espectadores de una obra que no les concernía. El balón iba y venía de un campo a otro en medio de una gran actividad que, sin embargo, no se traducía en ocasiones. Ni siquiera en emoción.

Así fue durante casi media hora. En concreto, hasta el minuto 29, cuando precisamente el jugador más activo, Mikel Rico, cometió una torpeza. El de Arrigorriaga estaba en todas partes. Si la ambulancia hubiera tenido que entrar al campo, no nos hubiera extrañado verle de conductor. La sensación de ubicuidad que ofrecía era casi hipnótica. Pues bien, puesto a protagonizar tantas cosas, a estar en misa y repicando, el medio centro rojiblanco protagonizó un grave error. Se dejó robar el balón por Gerard cuando quería sacarlo jugado del área y el españolista lo aprovechó para batir por bajo a Herrerín, al que le pilló el remate con el pie cambiado y reaccionó tarde.

El gol en contra le sentó muy mal al Athletic. De repente, se desajustó y dejó que el Espanyol dominara con claridad y disfrutara de posesiones largas. En una de ellas, Duarte estuvo cerca de hacer el 2-0 entrando al segundo palo. Saborit le agarró, pero Trujillo Suárez no lo vio. En realidad, el árbitro tinerfeño dio la sensación de no querer ver nada durante la primera mitad y dejar su rigor y sus tarjetas para la segunda. Es una estrategia como cualquier otra. Eso sí, al menos sirve para no arruinar partidos antes de tiempo.

A la media hora, el partido pintaba mal para el Athletic. El fútbol, sin embargo, es caprichoso. En el minuto 35, cuando peor estaban las cosas, los rojiblancos lograron abrir una grieta por la banda izquierda. La defensa españolista dejó centrar a Saborit y cabecear a Williams. Es verdad que un gol en ese tipo de jugada concreta –centro de Saborit y testarazo de Williams, que hasta la fecha sólo había marcado un gol de cabeza en la Liga– se pagaría uno a mil en las casas de apuestas, pero en Primera los excesos de confianza se pagan muy caros.

A los periquitos les costó un gol que les supuso un bajonazo tremendo. De sentirse felices y reafirmados, pasaron de nuevo a los ceños fruncidos, al trabajo duro, al ir y venir ante un rival siempre pegajoso y trabajador como el Athletic. Y así continuó el partido hasta el final, convertido en una brega incesante, sin un dominador claro aunque con el Espanyol, a través casi siempre de Gerard Moreno, un poco por encima de los rojiblancos, que no miraron con malos ojos el empate. Tampoco es algo que se les pueda reprochar. El equipo está muy justo de juego y ver sus partidos sigue siendo una experiencia plomiza, pero al menos ha recuperado sus constantes vitales, tiene una coraza mucho más dura, encara a los rivales con más confianza y la suerte le pellizca de vez en cuando con su deseable compañía. Se diría que se va regenerando poco a poco, pasito a pasito.

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