Bochorno en Marsella

Bochorno en Marsella

Solo la fortuna y un regalo del árbitro impidieron que un Athletic penoso encajara una goleada de escándalo ante un Olympique que mereció mucho más que un 3-1

JON AGIRIANO

Convertida en la última esperanza, en el único remedio posible para no morirnos de aburrimiento lo que resta de temporada, la Europa League había concitado las ilusiones -esos restos de naufragio- de la afición del Athletic. Y de los jugadores y el técnico, a tenor de sus declaraciones. Esto exigía este jueves una gran versión del equipo ante un rival como el Olympique de Marsella, todo un clásico. Y lo que se vio fue justo lo contrario, una versión patética. Los rojiblancos firmaron un partido de juzgado de guardia que no hizo si no ratificar -¿acaso hacía falta?- que este proyecto está muerto. Solo un regalo del árbitro, una buena dosis de fortuna y algunas intervenciones de Herrerín libraron al Athletic de una goleada escandalosa. El 3-1 final, de hecho, fue para los rojiblancos como el tesoro cuyo plano entregó el abate Faria a Edmundo de Dantes muy cerca de Vélodrome, en la prisión del castillo de If. Vamos, que pueden darse con un canto en los dientes por el castigo recibido, muy leve para los deméritos del equipo.

3 O. Marsella

Mandanda, Sakai, Rolando, Rami, Amavi, Lopez (Sarr, min. 86), Luiz Gustavo, Thauvin (N'Jie, min.62), Payet, Ocampos y Germain (Zambo Anguissa, min. 71).

1 Athletic

Herrerín, De Marcos, Yeray, Etxeita, Balenziaga (Lekue, min. 69), San José, Beñat, Williams, Raúl García (Vesga, min. 79), Susaeta (Córdoba, min. 62) y Aduriz.

Goles
1-0: min. 1, Ocampos. 2-0: min. 13, Payet. 2-1: min. 45, Aduriz, de penalti. 3-1: min. 58, Ocampos.
árbitro
Manuel Jorge de Sousa (Portugal). Amonestó a Germain, Rami y Payet del Marsella y a San José (se pierde la vuelta), Susaeta y Beñat del Athletic.
Incidencias
Partido de ida de octavos de final de la Liga Europa disputado en el estadio Vélodrome de Marsella.

El Athletic comenzó el partido batiendo un récord, que puede ser algo muy meritorio o tremendamente desagradable, como todo el mundo sabe. Esta vez tocó lo malo. A los 45 segundos, tras una gran jugada de Thauvin bien finalizada por Ocampos, el Olympique se adelantó en el marcador. Nunca se le habían adelantado con tanta celeridad al Athletic en competición europea. El gol fue tan rápido que a los rojiblancos no les dio tiempo ni a descomponerse. Como en un acto reflejo, se fueron hacia arriba y parecieron poder inquietar a los franceses, que flaquean mucho en su retaguardia. En el minuto 6, de hecho, Aduriz obligó a lucirse a Mandanda. El panorama no parecía muy negro en estos instantes iniciales pese al 1-0. Realmente, no había ninguna razón para pensar que el equipo de Ziganda iba a descomponerse de forma fulminante hasta acabar reducido a escombros. Y, sin embargo, sucedió.

Fue una especie de fallo multiorgánico que comenzó por el costado izquierdo de la defensa -la ocurrencia de ‘Cuco’ de hacer regresar a Balenziaga ante un miura como Thauvin fue de traca-, prosiguió por Etxeita, continuó por Beñat y San José -qué manera de escaquearse con el balón-, y se extendió por todo el grupo. Durante un cuarto de hora, el desastre fue absoluto, de auténtica vergüenza. Por fortuna, al Athletic solo le costó un gol más, en el minuto 14. Lo firmó el gran Payet, que aprovechó un despeje terrorífico de Etxeita y la desatención de Yeray para fusilar a Herrerín. Si no cayeron otros dos fue de milagro. Los tuvo Germain en sendos manos a manos con Herrerín, el segundo tras una cesión lamentable de Etxeita. El central de Amorebieta estaba blanco tras el error que supuso el segundo gol y no daba pie con bola. Eso sí, en su descargo hay que hacer constar que no se vino abajo, se serenó en la segunda parte y hasta salvó al equipo de un cuarto gol que hubiera sido definitivo.

Auténtica pena

El Athletic volvía a dar pena. En lo que se refiere a la circulación del balón, verdadera grima. ¿Qué hacer? Nada parecía posible. Ziganda, además, había podido contar finalmente con Aduriz, autor de un golazo memorable hace dos años en el Velodrome, de manera que ni siquiera tenía esa opción en el banquillo. Los rojiblancos necesitaban respiración asistida de forma inmediata y vinieron a encontrarla justo antes del descanso, en el descuento, y de la forma más sorpresiva posible: con un regalo del árbitro, el portugués Jorge Sousa. O más en concreto, de uno de los jueces de gol. En general, son gente cuya intervención en los partidos es nula. Se dedican a estar allí, haciendo el don Tancredo, y son capaces de presenciar hasta escenas de canibalismo en el área sin inmutarse.

Pues bien, esta vez el juez que vigilaba la portería del Marsella tuvo el valor de corregir al árbitro y decirle que pitara penalti de Rami en un balón que le pegó de costado y con el brazo recogido. ¿Por qué lo hizo? No puede descartarse, desde luego, el afán de protagonismo o una predisposición natural a la invención. Ahora bien, mi teoría es que al hombre le impresionó la reacción colectiva de los rojiblancos pidiendo la pena máxima. Tanta era su unanimidad y desgarro en las protestas que le debió parecer imposible que éstas no respondieran a la verdad. Y no. A lo que respondían eran a la desesperación de un equipo que estaba firmando una primera parte infecta.

Aduriz marcó con maestría, pero ni siquiera ese gol de regaliz sirvió para que el Athletic levantara cabeza. Su segunda parte fue sangrante. Una decepción absoluta. Y no solo se trató de que el Olympique, aparte de hacer el 3-1 en el minuto 58 -Ocampos remató ante un contemplativo De Marcos- dispusiera de otras tres o cuatro buenas ocasiones para ampliar la diferencia. Lo peor fue la imagen de un Athletic que no había por donde cogerlo. ‘Cuco’ y varios de sus jugadores se quedaron definitivamente sin excusas. Sencillamente, no merecen ocupar el sitio que ocupan. Lo de Ziganda no tiene nombre. Lo de Beñat y San José -a este chico le paso algo porque no es normal lo que está haciendo- es vergonzoso. Lo de Raúl García, bastante triste. Y lo de Williams, el del pedazo contrato, indignante, más que nada por el contraste que supone frente a rivales como los que tuvo ayer, Thauvin o Payet, sin ir más lejos, que están a años-luz de él. En fin, que un milagro permitió al Athletic volver muy golpeado pero todavía vivo de Marsella. Y otro milagro será necesario para seguir aferrados a la esperanza de la Europa League y no morirnos de aburrimiento o quién sabe si de irritación.

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