Aduriz ejerce de embajador en Rusia

Aduriz ejerce de embajador en Rusia

Dos goles del donostiarra permiten al Athletic cambiar de rutina y ponen los cimientos de una gran victoria ante el Spartak que deja al equipo un paso de los octavos

JON AGIRIANO

En la rueda de prensa del miércoles, a Ziganda se le vio muy ilusionado con el partido ante el Spartak. «El torneo, el campo y el rival te sacan de la rutina diaria», aseguró. Fue inevitable detenerse en esas palabras. Había en ellas, quizá sin pretenderlo, un trasfondo de desesperación de lo más llamativo. En cierto modo, eran una confesión de culpabilidad. Ningún equipo que marcha bien quiere escapar de sus rutinas. Todo lo contrario. Solo piensa en prolongarlas. Y al revés, claro. Los que quieren cambiar drásticamente de vida es porque lo están pasando mal. En este sentido, el partido en el Otkrytie Arena de Moscú puede considerarse un cambio brusco de rutina para el Athletic, que llevaba casi mes y medio sin ganar y contra todo pronóstico dejó casi sentenciada la eliminatoria. Rematadamente mal se tienen que dar las cosas el próximo jueves para no entrar en octavos. Y no solo se trata de que el 1-3 sea un resultado fantástico sino también de que el Spartak, por lo visto, está todavía en paños menores tras el parón invernal.

1 Spartak

Rebrov; Kombárov, Tasci, Kutépov, Yéschenko; Fernando, Zobnin, Glushakov (Hanni, min.75); Melgarejo (Ze Luís, min.59), Promes y Luis Adriano.

3 Athletic

Iago Herrerín; Iñigo Lekue, Yeray, Etxeita, De Marcos; Iturraspe, Rico; Williams (Merino, min.82), Raúl García, Susaeta (San José, min.67); y Adúriz.

Goles
0-1, min. 22: Adúriz. 0-2, min.40: Adúriz. 0-3, min.45: Rico. 1-3, min. 61: Luis Adriano.
Árbitro
Benoit Bastien (FRA). Amonestó a Raúl García, Etxeita y Luis Adriano.
Incidencias
Partido correspondiente a la ida de los dieciseisavos de final de la Liga Europa disputado en el Estadio Otkritie Arena ante casi 45.000 espectadores (lleno). El equipo rojiblanco recibió el apoyo de unos 300 aficionados.

No es exagerado considerar el partido de este jueves la sorpresa más agradable de la temporada. El fútbol no fue como para poder confiar en una pronta regeneración. Eso debe quedar claro. Fue bastante vulgar en líneas generales, especialmente en la segunda parte, que fue un pestiño. Ahora bien, el equipo dio una lección de eficacia y se defendió con garantías, con muy escasos errores. A Yeray, por ejemplo, dio gusto verle. Salvo en una pérdida tonta en la segunda mitad, estuvo impecable, pujante y con jerarquía. Fue uno de las grandes alegrías de una tarde que tuvo como gran protagonista a Aduriz. Ya con 37 años, el delantero donostiarra continúa marcando la diferencia. Y más en la Europa League. Sus dos goles, uno marcado con maestría y otro con astucia, estando al quite, fueron decisivos. En realidad, lo cambiaron todo, no solo el marcador. En fin, que volvió a quedar demostrado que Aduriz es nuestro hombre en Europa, nuestro ministro de Asuntos Exteriores, nuestro embajador plenipotenciario, nuestro cónsul honorario...

Mal cariz

El fútbol es imprevisible. Nunca deberíamos olvidarlo. Pensemos, por ejemplo, en el arranque del partido en la helada Moscú, en los veinte minutos iniciales. Si te dicen entonces que el Athletic iba a ganar por 1-3 y que Sabin Merino -¡madre mía, dame paciencia!- iba a perdonar una ocasión inmejorable para el 1-4 en el descuento, nos hubiese entrado una risa floja. Y es que el equipo, a modo de presentación, volvió a ofrecer una de sus habituales versiones fantasmales de esta temporada. Les tocabas y no había nada dentro. La buena noticia para los rojiblancos, eso sí, era que el Spartak tampoco estaba para echar cohetes. Ni mucho menos.

A los jugadores de Massimo Carrera se les notaba a la legua su falta de ritmo después de dos meses de parón, disfrutando de una especie de pretemporada en Marbella y Dubai. Les costaba activarse en ataque -solo Glushakov asustó a Herrerín con un zapatazo desde fuera del área- y en defensa no daban una apariencia muy sólida que se diga. Era una pena -eso pensábamos, temiendo que sería la tónica de todo el partido-, que el Athletic, incapaz de dar dos pases seguidos, con Williams congelado en su banda, no le exigiera nada.

Llegó entonces el minuto 22 y Raúl García, que hasta entonces solo había aparecido para ganarse una tarjeta amarilla y protestar al árbitro, mandó un pase perfecto en profundidad a Aduriz. El donostiarra lo hizo a la perfección. Observó a Rebrov justo después de hacer el control, le dribló con frialdad y marcó el 0-1. La hinchada moscovita, que tenía muchas ganas de fútbol tras la larga abstinencia invernal y organizó unos bellos mosaicos en las gradas antes del encuentro, se quedó de piedra. Aquel muerto se había levantado.

Sorpresa

Las resurrecciones siempre impresionan y a los pupilos de Carrera les sentó muy mal. El sonido de la tapa del aquel ataúd les atormentaba y no terminaban de centrarse. Algunos no lo hicieron en todo el partido. Fueron llamativos los casos de Promes, Melgarejo o Fernando, sobre todo del primero, que bien podía haberse quedado en Marbella porque no dio pie con bola siendo como es una de las estrellas del Spartak. Solo el capitán Glushakov, insistimos, daba la talla. En el minuto 32, estuvo a punto de firmar el 1-1 tras un gran disparo al poste. Por cierto, que su entrenador le quitase mediada la segunda parte fue una de esas cosas que hacen a veces los técnicos y no lo entienden ni ellos.

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La debilidad de los rusos la aprovechó el Athletic con una puntería y un punto de fortuna desconocidos y enormemente agradables. Aduriz firmó el 0-2 en el minuto 39 tras aprovechar un doble rebote feliz en el saque de una falta, y Mikel Rico -aunque la UEFA le otorgó el balón a Kutepov, que no supo sacarlo sobre la raya y se lo metió dentro-, firmó el 0-3 justo antes de retirarse a los vestuarios. Verlo para creerlo. Tres llegadas y tres goles. Impresionante. La segunda mitad fue una nadería que no merece mayor relato. Como estaba cantado, los rojiblancos la dedicaron a conservar su tesoro -San José salió por Susaeta-, y aunque tuvieron que lamentar un gol de Luiz Adriano en el minuto 60, lo hicieron con mucho oficio. Por supuesto, regresaron a casa encantados. Con razón.

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