De esto se trataba

De esto se trataba
IGNACIO PÉREZ

En su mejor partido de la temporada, el Athletic somete sin contemplaciones a un Villarreal desarbolado al que mereció golear

Jon Agiriano
JON AGIRIANO

Entre el gafe del viejo Madrigal, sólidamente acreditado, y la intrascendencia objetiva del partido, lo cierto es que había que escarbar mucho para encontrarle al Villarreal-Athletic algo de interés. En realidad, era necesario que el aficionado profundizara en su interior hasta encontrar el primer vestigio del alma rojiblanca para sentarse delante del televisor a presenciarlo. Y no digamos para desplazarse hasta tierras de Castellón y vivirlo en directo, animando a la tropa de Ziganda desde las gradas. Para eso se requería un acto heroico digno de ser recompensado por parte del club. Pero esto, la presunción de un nuevo aburrimiento solemne más, era solo la teoría; justo lo que saltó por los aires en el estadio de La Cerámica. Contra todo pronóstico, el Athletic firmó el mejor partido de la temporada y se dio un paseo en un campo maldito en el que no ganaba desde hace catorce años.

Fue, sin duda, el día más feliz de Cuco desde que ocupa el banquillo bilbaíno. Sus jugadores respondieron durante los noventa minutos, sin paréntesis o pérdidas de concentración, y merecieron golear a un Villarreal que fue un coladero en defensa. El Athletic le superó de cabo a rabo, en todas las facetas del juego. Sólo la falta de puntería y algunas magníficas intervenciones de Asenjo impidieron un resultado de escándalo, absolutamente insospechado. En cualquier caso, el partido fue una fiesta para los bilbaínos, que incluso pudieron celebrar un regreso campanudo de Iker Muniain. Seis meses y medio después, el navarro volvió al equipo -salió el último cuarto de hora- y puso la guinda a esta buena noticia con un gol, el 1-3 definitivo. El primero lo hizo Córdoba, que se estrenó. No lo olvidará.

1 Villarreal

Asenjo, Rukavina, Álvaro, Bonera (Pau Francisco, m.46), Jaume Costa, Javi Fuego, Trigueros (Cheryshev, m.61), Rodri, Fornals (Soriano, m. 8), Bacca y Ünal.

3 Athletic

Kepa, De Marcos, Núñez, Íñigo Martínez, Balenziaga (Lekue, m.62), San José, Iturraspe, Susaeta (Muniaín, m. 76), Raúl García, Córdoba (Mikel Rico, m.89) y Williams.

Goles
0-1, m.5: Cordoba. 0-2, m.51: Williams. 1-2, m.67; Bacca. 1-3, m.87: Muniain.
Árbitro
Iglesias Villanueva (comité gallego). Amonestó por el Villarreal a Bonera, Asenjo y Bacca y por el Athletic a Íñigo Martínez, De Marcos, Iturraspe, Williams, Kepa y Núñez. Expulsó por doble amonestación al local Álvaro (m.89)
Incidencias:
partido disputado en La Cerámica ante 14.900 espectadores. El defensa del Villarreal Víctor Ruiz causó baja una hora antes del encuentro por una gastroenteritis y fue sustituido en la convocatoria por Pau Francisco.

Frente a tantos caretos lúgubres que se le han visto en estos siete meses de penitencia, el Athletic tuvo buena cara desde el principio. Salió al campo tranquilo, airoso y despreocupado. Todo lo contrario que su rival, que venía de perder con el Málaga en La Rosaleda y se había complicado el pasaporte para Europa. El Villarreal acumulaba toda la presión y esta diferencia de peso en las alforjas tuvo un efecto muy superior al esperado. Mientras los rojiblancos disfrutaron como nunca desde que el balón se pudo a rodar, el Villarreal se sintió incómodo. Y encajar el 0-1 en el minuto 4, tras una magnífica jugada entre De Marcos y Williams, cuyo pase atrás embocó con mucho mérito Córdoba llegando en carrera, terminó de agobiarle. El caso es que la tropa de Ziganda acabó ejerciendo un dominio total. Mereció el segundo gol. Lo tuvo Raúl García en el minuto 30, tras otra gran asistencia de Williams, de nuevo imparable en sus maniobras. Asenjo se la sacó con el pie. Una parada de balonmano, como dicen algunos.

Titulares

Viendo jugar al Athletic, que presionaba arriba con mucha eficacia y combinaba el balón con autoridad y solvencia, fueron inevitables algunas bromas e ironías sobre el retraso con el que se ha hecho presente esta bonita versión del equipo. «Ziganda da con la tecla 31 partidos después». «De esto se trataba». «A buenas horas, mangas verdes». Fueron algunos titulares que imaginamos viendo como los rojiblancos iban y venían por el césped con soltura y prestancia. Por momentos, hasta apreciamos algo insólito: los leones disfrutaban del fútbol.

Lejos de sentirlo como una tortura, como una desgracia más de la vida, se divertían con él. Lejos de desear que el partido fuese lo más corto posible, a ser posible de cinco o diez minutos y con anestesia, su ilusión parecía ser que durase mucho y se prolongara lo máximo posible. Porque lo cierto es que el Villarreal, que perdió a Fornals por un desmayo nada más empezar, no daba ningún miedo. Pocas veces se le había visto tan atrancado e inofensivo en su estadio al submarino amarillo, que al Athletic le ha hecho allí auténticas sangrías. El equipo de Calleja no creó una sola ocasión digna de tal nombre en toda la primera parte y la desesperación de sus delanteros clamó al cielo. El piscinazo de Bacca en el minuto 43 fue de juzgado de guardia.

Quedaba la duda de cómo reaccionarían los dos equipos tras el descanso. Era lógico esperar un Villarreal más pujante y un Athletic quizás más especulativo. Esta era la teoría y de nuevo saltó por los aires. Los rojiblancos se lanzaron a cuchillo, siempre a lomos de un Williams vibrante, indefendible para sus marcadores. Se mereció lo que más le cuesta, el gol. Su taconazo y posterior carrera para capturar el rechace de Asenjo a un disparo de Raúl García fueron una maniobra excepcional que terminó de decidir el partido. La victoria, realmente, nunca estuvo en peligro, ni siquiera después de que Bacca lograse el 1-2 en el minuto 66, justo después de que Asenjo volviera a amargar el día a Raúl García con otro paradón. Pareció falta del colombiano a Unai Núñez, pero Iglesias Villanueva, el más rápido desenfundando a este lado del río Pecos -hasta 9 tarjetas en un duelo de guante blanco- no lo vio así. El Athletic reaccionó a ese tanto dudoso como tantas otras veces se le ha pedido, sin que nos escuchara, desde septiembre: con valentía, tirando hacia arriba, buscando un nuevo gol y encontrándolo, haciendo que su hinchada se sintiera orgullosa. En fin, que por fin hizo lo que tenía que haber hecho hace mucho tiempo.

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