Riojanos en el Athletic: ¿son futuribles?

¿Por qué se abrió un centro de entrenamiento en Oion, territorio vasco a 5 kilómetros de la capital de La Rioja? ¿Y para qué se hizo?

Un grupo de niños entrena en la escuela de Oion. /IÑAKI ANDRÉS
Un grupo de niños entrena en la escuela de Oion. / IÑAKI ANDRÉS
José Julián Lertxundi
JOSÉ JULIÁN LERTXUNDI

El 29 de Abril de 2011, el entonces presidente del Athletic Fernando García Macua y el inolvidable alcalde de Bilbao, Iñaki Azkuna, tuvieron la feliz idea de descubrir una placa conmemorativa en la antigua Campa de los Ingleses, lugar mítico dónde según los cronistas de la época se celebró el primer partido de fútbol entre aquel grupo numeroso de británicos que lo empezaron a practicar para nuestra sorpresa y admiración y un grupo de intrépidos jóvenes bilbaínos que, haciendo honor al carácter entrañable, amistoso y competitivo del que siempre hemos presumido -y lo seguimos haciendo-, tuvieron la histórica ocurrencia de hacer una de las más gloriosas bilbainadas; retarles a jugar un partido de fútbol. Dicen las crónicas que un gran gentío acudió a disfrutar de aquel espectáculo y constituyó uno de los momentos en el que se sustancia el nacimiento del Athletic.

Poco después unos jóvenes del gimnasio Zamacois comenzaban a jugar en Lamiako. Allí estaban Juan Astorkia, Alejandro Atxa, los hermanos Iraolagoitia, Goiri, Montejo, Márquez, etc., y de aquellos partidos salió la idea en 1898 de fundar una sociedad futbolística a la que llamaron Athletic Club. De forma natural se fue produciendo el mestizaje y en aquel equipo, cómo no, empezaron a participar numerosos jugadores ingleses, hasta que en los comienzos del siglo XX el Athletic era un equipo temido por su potencial y denunciado por sus contrincantes aludiendo alineaciones indebidas en los primeros campeonatos de España. Estas denuncias constituyeron el punto de inflexión más importante de la historia del Athletic, el momento en que de una vez y para siempre dejaron de utilizar jugadores foráneos.

Hecho este preámbulo, la llamada filosofía del Athletic, esa ley no escrita que nos hemos autoimpuesto y que nos distingue ante el mundo, es muy sencilla: en el Athletic jugarán únicamente jugadores vascos. Y éstos pueden serlo por nacimiento o por haberse hecho en el fútbol vasco. Y aquí llegamos al nudo gordiano de la cuestión. ¿Por qué se abrió un centro de entrenamiento en Oion, territorio vasco a 5 kilómetros de la capital de La Rioja? ¿Y para qué se hizo? No es difícil imaginar que la población de Oion, poco más de 2.000 habitantes, pudiera justificar la apertura de un centro de entrenamiento. Imagino asimismo que su ubicación, a 5 kilómetros de Logroño, le daba un carácter estratégico para poder incorporar a los niños limítrofes con Euskadi pero con connotaciones de sentimiento, relaciones familiares y de amistad, afinidad y simpatía, que pudieran ser un atractivo para que niños en edad muy temprana pudiesen formar parte de un proceso de formación y de ‘fabricación’ de futbolistas que pudiesen con el tiempo ser auténticos jugadores vascos. Y aquí se me ocurre la gran cuestión; nunca hemos discutido la vasquidad de jugadores nacidos en otros lugares de España y que han dado mucha gloria al Athletic, y estos jugadores lo fueron gracias a las circunstancias de la vida de sus familias, es decir, influyó la casualidad. Yo he nacido en Extremadura o en Venezuela y como mis padres vinieron a Euskadi, me he hecho desde los juveniles en esta tierra y he podido jugar en el Athletic.

¿Y esta casualidad no la podemos convertir en gestión de captación en zonas limítrofes, en edades tempranas, en lugares afines y sin, como dicen algunas voces denostadoras de nuestra filosofía, ‘hacernos trampas en el solitario’? ¿No es bastante dificultosa, aunque hermosa, nuestra limitación para que niños nacidos a 5 kilómetros del lugar de entrenamiento, y como decía antes con afinidades de amistad, de familia, de admiración y de amor al Athletic, hayan emprendido un proceso de formación con la ilusión última de un día vestir la camiseta del Athletic, para ahora decirles que su condición no les permite en el futuro conseguir su sueño?

Se ha hablado mucho de las formas en las que se ha producido la decisión de cancelar la relación con éstos niños, ojo, ¡niños de 8 años!. Pero subyace el fondo de la cuestión, y es si son futuribles estos niños o no. Para mí, aceptando todas las opiniones -seguro que más importantes y documentadas que la mía-, respetando siempre la decisión de nuestro presidente y nuestra junta directiva, y marcando unas pautas de edad, vecindad, relaciones, ilusión y amores por nuestro club, éstos niños SÍ son susceptibles de convertirse en jugadores vascos. Mucho más que jugadores ya adultos, con experiencia en Primera División, sin pertenencia geográfica, ni haberse ‘hecho’ en nuestro fútbol y que lo único que pudieran atesorar es haber jugado -más bien poco- en un club vasco.

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