Todo sigue igual

Minuto 94: esto se acaba en medio de la impotencia. Suenan silbidos contra el equipo y se supone que contra Ziganda, pero el himno suena mucho más alto. La consigna es tapar las vergüenzas

Todo sigue igual
JON RIVAS

Todo bien. El campo en su sitio, el césped impecable, las rayas bien pintadas, los asientos limpios, las redes tensas, los videomarcadores como el primer día sin un pixel rebelde. Los empleados del club eficaces y amables. Magnífico. Hace frío, sí, pero es lo normal a estas alturas del año. Peor andan en Moscú.

¿Y lo otro? ¡Ay amigo! Si empezamos a preguntar por el fútbol... Y lo malo es que este espacio, en esta sección y en esta página es para hablar de fútbol y del Athletic, dos palabras que empiezan a ser antónimos, y a ver quién es el listo que les manda a los lectores a otro negociado y les dice que la ventanilla está cerrada. Vuelva usted mañana, y todo eso que contaba Mariano José de Larra.

Dan ganas de llamar al director del periódico y pedirle por favor que coloque esta columna en las páginas de local, para comentar la venta de Max Center, o en la de política y desde allí analizar las peripecias de Puigdemont, el increible hombre menguante; o por qué no, dedicar estas líneas a los cotilleos de los famosos o los famosillos.

Pero sé que va a decir que no, que yo estoy para lo difícil, por no decir lo imposible, y tengo que comentar el partido contra Las Palmas, qué diferencia con el de la temporada pasada: llegué diez minutos tarde por culpa del tráfico y cuando entré ya se habían marcado tres goles, ¡pero quedaban otros tres! Y hoy aquello parece una entelequia, algo casi tan complicado como volver a repetir aquel 12-1 al Barcelona, cuya efeméride se cumplió hace tres días.

Como si San Mamés fuera el mercado de la Ribera, habrá que decir que el kilo de fútbol está más caro que el de angulas, es un lujo que por una cosa o por otra, los athleticzales parecen no poder permitirse esta temporada. Pensábamos que con el comienzo de la segunda vuelta estaría más asequible, pero no. Al juego del equipo rojiblanco le está pasando lo mismo que al Dow Jones, que sigue bajando. Ya ven, al final yo mismo, sin permiso del director, me he puesto a hablar de economía, porque pienso en el partido y me vienen a la cabeza otras cosas: ¿habré sacado la basura al salir de casa?, ¿cuál es el título de ese libro que quería leer?, ¿tienen razón los escolásticos cuando afirmaban que todo ser contingente es causado?

En fin. Cuando escribo estas líneas corre el minuto 77, pero no sé si por las venas de los jugadores del Athletic corre la sangre, o se ha quedado congelada, mientras hibernan los osos y los jugadores de Las Palmas, que esperan con el empate a cero a que acabe el invierno, o el infierno que para ellos debe ser un partido así.

El párrafo anterior me ha inspirado. Ya está. Voy a escribir como si fuera un cuaderno de bitácora. Minuto 87: seguimos igual. Williams ha fallado un pedazo gol; Aduriz no ha llegado a otro remate. Los canarios siguen perdiendo tiempo. ¡Por Dios!

Minuto 94: esto se acaba en medio de la impotencia. Suenan silbidos contra el equipo y se supone que contra Ziganda, pero el himno suena mucho más alto. La consigna es tapar las vergüenzas. Pero el campo en su sitio, el césped impecable, las rayas bien pintadas, los asientos igual no tan limpios ahora, las redes tensas, los videomarcadores como el primer día, sin pixeles rebeldes; la megafonía a todo trapo. Comienza otra racha positiva, un partido sin perder, el fútbol sin aparecer, y ni se le espera ya a estas alturas de la temporada. Todo sigue igual.

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