¿Y si lo de Kepa no tuviera solución?

¿Y si lo de Kepa no tuviera solución?
BORJA AGUDO
Jon Agiriano
JON AGIRIANO

A este paso, dentro de unos pocos días, quizá a finales de semana, los aficionados del Athletic que acudan a Lezama se encontrarán con un individuo extraño, como sacado de otro tiempo, de un pasado gris, victoriano y londinense. Lucirá un impecable abrigo Ulster, gorra de cuadros con doble ala y guantes de cuero. Por supuesto, fumará en pipa. (En realidad, la llevará apagada porque, nada más entrar en las instalaciones, un txapelgorri le amenazará con requisársela y llamar a la Ertzaintza en caso de que la encienda). Cuando los jugadores salgan al campo de entrenamiento, el hombre se acercará a ellos todo lo que pueda, si hiciera falta abriéndose paso de mala manera entre los niños y pisando a un peñista de Minglanilla. Al paso de Kepa Arrizabalaga, sacará una gran lupa para observarle mejor y descubrir en él alguna pista que hasta ahora ha pasado desapercibida. ¿Exagero? Pues sí, oiga. Pero es que algo hay que hacer cuando ya no sabes qué pensar y te entran ganas de convertirte en Sherlock Holmes para intentar explicar el misterio que rodea al portero de Ondarroa.

Un misterio, por cierto, que quizá se resuelva antes de lo esperado y no, precisamente, con un final feliz para la hinchada del Athletic. Lo digo porque ayer el diario ‘Marca’ llevó a su portada una posibilidad en la que muchos no habíamos reparado: la de que Kepa pudiera irse en enero después de que el Real Madrid pagara su cláusula de 20 millones. La operación -la llamaré ‘Pardillo’ en alusión a la afición de Kepa por los pájaros cantores y a mis inocencias y perplejidades en este asunto- no es ningún disparate. No digo que vaya a consumarse, ni mucho menos. Si tuviera que apostar, de hecho, apostaría a que no se lleva a cabo. Lo que digo es que tiene unos sólidos cimientos lógicos.

Veamos. Florentino Pérez se aseguraría un portero con una proyección excepcional por un precio que, dentro del mercado en el que se maneja el Real Madrid, es una ganga. Kepa, por su parte, cumpliría su ambición deportiva y se quitaría de encima la presión ambiental que podría sufrir en el Athletic durante los próximos meses por no renovar. Y no sólo eso. También esquivaría la posibilidad de perder la titularidad o incluso de quedarse fuera de las convocatorias de Ziganda a partir de enero, lo cual podría dejarle fuera de la lista para el Mundial de Rusia. En Ibaigane, por último, ingresarían 20 millones. Esta cantidad no les serviría a Urrutia y a sus directivos para quitarse de encima la decepción -si 30 millones se les antojan una cláusula inaceptable por baja, 10 menos les parecerán una calderilla ofensiva-, pero menos es nada.

Veremos lo que sucede. Yo, la verdad, no albergo ya ninguna esperanza de que Kepa sea el portero del Athletic la próxima temporada. Se me han ido todas por el desagüe en unos pocos días. Ahora he depositado mis esperanzas en Herrerín, Unai Simón y Remiro, y he decidido tomarme lo de Kepa con deportividad, que en el fondo no deja de ser una forma gimnástica de resignación. De hecho, me he propuesto sinceramente no buscar culpables, hasta el punto de que me está incomodando la sospecha de haber sido injusto con Urrutia por haberle adjudicado hace unos días el pecado original de este fracaso, ya que no renovó al ondarrés hace un año, como ha hecho ahora con Núñez, Vesga. ¿Y si Kepa no quiso ya entonces, cuando todavía no era ni siquiera titular, aceptar una cláusula disuasoria que el club pudiera ‘vender’ ante los socios? ¿Y si nunca quiso atarse al Athletic porque siempre tuvo como objetivo profesional fichar por alguno de los grandes clubes de Europa? ¿Y si esto no hubiera tenido nunca solución, si habláramos de dos posturas objetivamente irreconciliables?

Athletic Club

No lo descartemos. Kepa no es ningún chisgarabís, como lo son tantos futbolistas de su edad. Se ha curtido dos años en los inviernos de Valladolid y Ponferrada, y es una persona madura, seria, fría, ambiciosa y muy segura de sí misma; uno de esos chicos que sostienen cualquier mirada y tienen tan claro lo que quieren que parecen mucho mayores de lo que son. En cierto modo, podríamos hablar de él como de alguien impermeable al discurso esencialista de Urrutia, al que imagino muy incómodo hablando con un joven euskaldun formado en Lezama al que el Athletic no colma sus aspiraciones económicas y, sobre todo, deportivas. Veremos cómo acaba esta historia. Lo que sí me gustaría es que, después de tantos meses de silencio informativo, cuando acabe podamos escuchar la verdad a las dos partes. Sería muy interesante.

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