Lo que supone kepa

Viernes, 10 noviembre 2017, 14:34

Si usted, amable lector, está leyendo estas líneas es que aún no ha renovado Kepa, o que sí lo ha hecho y quien tiene estas páginas en sus manos es un curioso del siglo XXII, interesado en la arqueología periodística. En tal caso, le recomiendo, desde la distancia de las décadas, que con mucho cuidado para no quebrar el papel, que ya andará frágil, pase a otra sección, porque hay un tema sobre Cataluña que le dará lectura para mucho tiempo, aunque no sé cómo andarán de ocupados de aquí a cien años.

Claro que yo me remito al primer supuesto, el de la renovación -o no- de Kepa Arrizabalaga, de lo que supone la situación que empieza a poner los pelos de punta a los aficionados, que tienen que tragarse titulares espectaculares, con la palabra Kepa ocupando toda la página, y que hablan del interés de otros equipos, con muchos más posibles que el Athletic, por hacerse con sus servicios.

No se trata ya de quién tiene la culpa de la situación. Posiblemente, en el club están haciendo todo lo posible por reconducir el asunto. Dicen que la semana previa al partido frente al Valencia, el futbolista fue convocado tres veces al despacho de Josu Urrutia para acercar posturas. Casualidad, fue en vísperas de su partido más nefasto con la camiseta del Athletic; apuntan que si la cláusula, que si el sueldo, que si una suculenta prima de fichaje que ofrece el Real Madrid. Desde Ibaigane se muestran herméticos y en estos casos suele ser lo adecuado, pero eso no impide que el personal esté de los nervios y muchos empiecen a pedir pena de grada para el portero titular del Athletic.

De lo que estoy convencido es de que si Arrizabalaga no estampa su firma en un nuevo contrato, estaremos frente a un fracaso mayúsculo. Tal vez el más grande en la historia reciente del club. Y no hablo de responsabilidades de nadie. Pueden tacharme de apocalíptico, pero la marcha de Kepa a otro equipo supondría el comienzo de la quiebra de un modelo.

Desde luego, no se puede comparar con la de Javi Martínez o Herrera, jugadores que llegaron un día y se fueron como vinieron, o la de Llorente, criado en Lezama pero con la cabeza, como se vio, en otro sitio. Kepa es vizcaíno, se le supone ADN rojiblanco, lleva en la casa desde pequeñito y se ha criado en un ambiente profundamente athleticzale. Si se va, por una cosa o por otra, estará enviando un mensaje a muchos chavales que sueñan con jugar en el Athletic. Les dirá algo así como que el sueño está bien, pero después llega la realidad, y cuando hay muchos millones de euros de por medio, la razón se impone al corazón.

Los tiempos cambian de forma tan vertiginosa que es posible que ese lector del siglo XXII ni siquiera sepa lo que es el papel y lea este artículo en algún soporte todavía inimaginable. Y también cambian para el fútbol. El Athletic expone una propuesta admirable en un mundo tan mercantilizado, pero si son los propios jóvenes que se suponen fidelizados, los que no creen en ella, nos enfrentamos a una crisis de consecuencias nefastas.

En fin: espero que estas líneas no se publiquen nunca, que en la redacción tengan que tirarlas a la papelera virtual del ordenador, pero me temo que de momento no va a ser así. Y usted, lector del futuro, si siente curiosidad, averigue en qué equipo jugó Kepa la temporada 2018/19 y siguientes. Si es en el Athletic, tómese una copa (o lo que se tome en su época), a nuestra salud.

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