Son otros tiempos

Como plantar cara al Madrid es una de las cosas que más pone a los seguidores del Athletic, el personal se retiró congelado pero satisfecho

Aficionados del Athletic levantando sus banderas./E.C.
Aficionados del Athletic levantando sus banderas. / E.C.
Jon Rivas
JON RIVAS

La historia de los duelos entre el Athletic y el Real Madrid es tan amplia que de ellos se puede contar de todo. La primera vez, en un amistoso en San Mamés, el 1 de enero de 1917, es decir, hace casi 101 años, hubo un jugador rojiblanco, Félix Zubizarreta, que recibió una pitada del público. Se quitó la camiseta, se marchó del campo y no volvió a jugar más. En su vida. La afición era así de exigente con los futbolistas. Apenas unos meses antes, Zubizarreta había marcado tres de los cuatro goles en la final de Copa contra el Barça, pero no fue suficiente.

La afición del Athletic ya no es así. Lo perdona todo, o casi. Un buen partido redime de media docena de actuaciones nefastas. Con Zubizarreta, que se compraba él mismo la camiseta y las botas, y que pagaba por jugar, no tuvieron piedad nuestros bisabuelos athleticzales, pero las cosas cambian. Al margen de los resultados, el juego del Athletic no alcanzaba los estándares de calidad que se le puede exigir a un equipo de la élite. Y la gente estaba enfadada, claro, porque los resultados son a veces un hilván con el que se sujeta el vestido liguero, pero cuando no llegan y se deshilacha la temporada, se destapan todas las vergüenzas. Y así andaba el equipo de Ziganda, en cueros pese al frío y con la afición de uñas.

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Pero el fútbol es a veces un estado de ánimo, y como plantar cara al Real Madrid es una de las cosas que más pone a los seguidores del Athletic, el personal se retiró congelado pero satisfecho, sin ningún reproche que hacer a los futbolistas y a su entrenador. Cómo le hubiera gustado a Félix Zubizarreta enfrentarse a un público tan comprensivo.

Por supuesto, los problemas siguen ahí, y será cuestión de repetir lo mismo que escribí hace algunas semanas cuando el rival fue el Barcelona: ¿Por qué no siempre es así? De acuerdo, la afición y los jugadores se motivan más ante los equipos importantes, pero esa no es, al menos esta temporada, la Liga del Athletic, que tiene obligación de rascar ante los de clase media y baja.

Fue el del sábado un duelo muy igualado, pese a las diferencias de calidad entre uno y otro, porque el Athletic quiso que lo fuera. Salió al campo convencido de que sería así, y aunque el Madrid tuvo sus opciones, no jugó a gusto. Pocas veces lo hace en San Mamés, donde se le exige desde hace más de un siglo.

A los hombres de Ziganda, además, les vino bien el respiro que supuso la expulsión de Sergio Ramos por su uso indiscriminado de los codos en el juego aéreo. Para entonces agobiaba el Madrid, obligado por la clasificación. Eran los instantes de más apuro. Cuando se fue su capitán, el Athletic volvió a coger aire y llegó incluso a acariciar un triunfo que el miércoles, tras el 'formenterazo', parecía lejano.

Fue un empate, y está bien. Los aficionados demostraron que cuando reciben un mínimo de cariño, en forma de fútbol, que la entrega se supone, regresa el amor. Ya no son los exigentes tiempos de Zubizarreta, que no fue el único; que el mítico Pichichi también dejó el fútbol amargado por la desafección de la afición. Que siga el romance, y el viaje a jugar contra el Zorya y el Levante sea como una segunda luna de miel. Por cierto, Kepa bien, gracias. El portero del Athletic, objeto del deseo madridista, resolvió su tarea con solvencia. Como Keylor Navas, por otra parte.

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