Ahora toca sufrir

Para Urrutia mantener a 'Cuco' es una cuestión de principios, un sacrificio al que le obliga la filosofía del Athletic

Urrutia apostó por Ziganda como sustituto de Valverde./
Urrutia apostó por Ziganda como sustituto de Valverde.
JON AGIRIANO

Josu Urrutia está recibiendo muchas críticas por mantener a 'Cuco' Ziganda contra viento y marea. Y, desde luego, contra el deseo mayoritario de los aficionados rojiblancos, a quienes la decepción y el aburrimiento de la temporada, aliñados con esta lluvia tan cansina y este frío del demonio, están empezando a agriar el carácter. De hecho, muchos de ellos ya no quieren ni hablar del Athletic para no amargarse. Lo he comprobado este fin de semana tras efectuar un pequeño trabajo sobre el terreno en bares, campos de fútbol, calles y polideportivos... Cómo estará la cosa que, en pleno Carnaval, es decir, con señores bilbaínos muy respetables andando por ahí disfrazados de la abeja Maya, algunos encontraban más interesante hablar del nuevo estatuto y del derecho a decidir que de lo visto el viernes ante la Unión Deportiva Las Palmas. No digo más.

Es evidente que Ziganda acumula méritos de sobra para haber sido cesado. La realidad es que, en siete meses, no ha dado pie con bola: malos resultados, pésimo juego, pobrísima imagen del equipo, desplome casi generalizado del rendimiento de sus futbolistas... Un desastre, en fin, al que no le se vislumbra una solución que no tenga que ver con el efecto revitalizador, directamente atómico, de un suceso milagroso. Imagínenlo, aunque hacerlo obligue a un durísimo ejercicio físico: victoria legendaria en Moscú a quince bajo cero, los rojiblancos galopando sobre el césped como cosacos del Don, los hinchas vizcaínos presentes en las gradas del Otkritie Arena llorando emocionados, como Miguel Strogoff al ver a su madre, crónicas épicas de un partido histórico... Una hazaña así podría ser el germen de un despegue al espacio. Y es que estamos hablando de fútbol; ya saben, ese deporte impredecible en el que Abelardo puede sumar 19 puntos de 30 tras hacerse cargo de un Alavés moribundo.

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Pero volvamos a la realidad, al presidente y a su defensa de Ziganda. A propósito de ello me gustaría decir algo: Urrutia está siendo coherente consigo mismo. No digo yo que el hecho de que 'Cuco' fuese un apuesta suya y que exista entre ellos el cariño de unos viejos camaradas no esté influyendo en los niveles de su paciencia. El factor humano siempre tiene influencia. Claro que sí. Lo que digo es que para el mandatario rojiblanco sostener a su entrenador es también, en buena medida, una cuestión de principios. De los suyos, se entiende, de su particular manera de entender la filosofía del Athletic y el ejercicio de su cargo. Ya lo dijo en junio de 2017, durante un coloquio en el Palacio Euskalduna, cuando abogó por tener «una mirada diferente» a la hora de gobernar un club distinto y ofreció al público presente las claves de su ideario. «El Athletic no es un equipo de fútbol. No es ganar. Es otra cosa. Hay que adoptar decisiones deportivas, jurídicas, financieras y de comunicación que casen con esa narración; gestionar la incertidumbre y el conflicto; y resistir», afirmó.

Pues bien, ahí está Urrutia, gestionando a su modo la incertidumbre y el conflicto de esta campaña infumable, resistiendo al frente de algo, el Athletic, que para él no es un equipo de fútbol que tenga la obligación de ganar. Es otra cosa, la representación de un pueblo, un ente sagrado que, en ocasiones, obliga a sacrificios; en este caso, a soportar una temporada como la actual y aguantar lo que haga falta a uno de los nuestros como 'Cuco'. Esta es la cuestión central de lo que está sucediendo. Urrutia cree que mantener a un técnico de la casa -y más habiéndolo elegido él- es una penitencia que hay que padecer, un deber moral como rojiblanco, una demostración de cómo se debe ser del Athletic, una señal de distinción que le hace sentirse orgulloso.

De manera que ya pueden prepararse para lo que viene de aquí a mayo. Salvo que el equipo de Ziganda prosiga con su derrumbe y la afición estalle, harta de todo y con miedo incluso a angustiarse en la lucha por la permanencia, el técnico de Larrainzar mantendrá su puesto hasta final de temporada. En su próxima rueda de prensa, cuando toque, Josu Urrutia reconocerá que el juego no está siendo bueno, pero recordará que ganar no es el objetivo del Athletic. Es probable incluso que apoye sus palabras con un dato: en su época como futbolista, a lo largo de quince temporadas, él sólo pudo jugar 14 partidos en Europa, dos veces en la Copa de la UEFA y una en la Champions. Resumiendo, que la filosofía del Athletic, como el amor en el matrimonio, hay que demostrarlo en la salud y en el dolor. Y ahora, sencillamente, tocar sufrir. Esto es lo que hay.

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