Una toma falsa

Iker Muniain./
Iker Muniain.
JON RIVAS

Está claro que esta temporada no pasará a la historia. O pasará, pero a la de fiascos y desencantos más importantes de los últimos años, incluidos aquellos que terminaron por denominarse 'bienio negro'. Porque allí el Athletic se jugaba, en realidad todos nos jugábamos, algo muy importante, y aunque el fútbol no acompañaba todos pelearon -peleamos- hasta el final, cada uno con sus armas: los jugadores exprimiéndose hasta la última gota de sudor; los aficionados, alentando hasta el pitido final del último partido cuando sí, entonces, arreció la bronca en San Mamés. Como ayer, vamos, por infinitos motivos.

En un principio pensé en ponerme apocalíptico y escribir algo parecido al 'Yo acuso' de Emile Zola en 'L´Aurore' en enero de 1898, precisamente el año que se fundó el Athletic. Fue aquel un artículo valiente que dividió a Francia en dos bandos y que, miren por dónde, tuvo efectos en diversos campos, incluso el deportivo, porque de los anunciantes descontentos de un periódico por las informaciones que defendían a un bando nació otro diario que acabaría inventando el Tour, y que luego tras la II Guerra Mundial acabaría convirtiéndose en 'L´Equipe'. Ya saben, el de «Athletic, caso único en el fútbol mundial», que tanto nos hinchó el pecho durante décadas.

Pero el tono apocalíptico a estas alturas de la película como que no pega, porque no hay rayos ni truenos, ni volcanes en erupción, ni tsunamis ni terremotos que asolan San Mamés. Solo tedio, mucho tedio. Y un desapego brutal de la afición, que frente al Espanyol solo pudo ver el resumen de la temporada; una disparatada sucesión de tomas falsas, de jugadas en las que daba la sensación de que los jugadores se iban a quedar parados, aguantando la risa, o soltando una carcajada mientras desde el banquillo 'Cuco' Ziganda se disponía a dar la voz de «corten, otra vez».

De hecho, la temporada ha sido una toma falsa de principio a fin. ¿Se acuerdan del primer partido de Liga frente al Getafe en San Mamés? Si hacemos abstracción de la fecha y de que, por aquel entonces, pese a las vacaciones de verano, las gradas estaban bastante más pobladas, el juego del Athletic fue muy parecido. Incluso el rival marcó un gol, que Arrizabalaga sacó de dentro. Repaso lo que escribí aquel día: «La cruda realidad es la Liga», decía en la primera línea. «A la primera, el tropezón que devuelve al Athletic a la tierra». Venía el equipo rojiblanco de las previas de la Europa League, y ahora me releo y creo que no me equivoqué: «El campeonato doméstico aprieta mucho más. Lo aprenderá pronto Ziganda. Esperemos».

Pero ha sido que no. Lo que no mejoraba, empeoró, como él mismo auguró en su presentación. Acerté, desgraciadamente, con mi diagnóstico, y el partido frente al Espanyol fue el resumen completo de la temporada de un equipo sin rumbo, sin espíritu competitivo, sin un entrenador que convenciera a los futbolistas y con una junta directiva que al mejor estilo Rajoy decidió que la mejor manera de acabar con un problema es dejar que se pudra. Esa ambición sin medida de los primeros meses de mandato, que repudiaba la autocomplacencia, hace tiempo que se acabó con la coartada de que somos diferentes -algo que, por otra parte, creen los forofos de todos los clubes del mundo-. Ahora llegará Berizzo, si desde el club no me lo desmienten, y esperemos que abra la ventana para que entre una ráfaga de ambición fresca. Que hace mucha falta.

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