¿Por qué Urrutia mantiene a Ziganda?

Ziganda mira su cronómetro en un entrenamiento del Athletic en Lezama./ /Borja Agudo
Ziganda mira su cronómetro en un entrenamiento del Athletic en Lezama./ / Borja Agudo

El presidente del Athletic desoyó las voces que le pedían destituir al técnico tras caer en la Copa porque creía que el equipo enderezaría el rumbo

JUANMA MALLOBilbao

«Urrutia es testarudo. Lo ha decidido así y lo mantendrá hasta el final. No va a echar a Ziganda», dice una persona próxima al presidente del Athletic que le conoce desde sus inicios como futbolista en la primera plantilla rojiblanca. Y menos ahora, a tres jornadas para acabar la Liga, como, por ejemplo, han hecho hecho el Espanyol y el Sevilla. O hace mes y medio, la Real Sociedad, su verdugo el sábado en Anoeta en otra tarde deprimente de fútbol de los rojiblancos.

Una vez escuchada la sentencia -«no va a echar a Ziganda»- surgen infinidad de preguntas que, de momento, no tienen respuesta. ¿Acepta el presidente que esta decisión deteriora su imagen de cara a la masa social e incrementa de forma gratuita el sufrimiento de un técnico alejado de su plantilla y que sabe que no cumplirá su segundo año de contrato? ¿Es consciente de que los dos encuentros que aún restan en Bilbao van a ser un calvario y una tortura para Ziganda y para él mismo con una afición encrespada por la forma de gestionar la grave crisis? ¿Asume el máximo responsable del club rojiblanco que el proyecto deportivo está a punto de tocar fondo -si no lo ha hecho ya- y desde la junta directiva no se ha adoptado ninguna medida correctora para dar la vuelta a la caótica situación?

A pesar de la firmeza de su decisión, desde el entorno de Urrutia se admite que a lo largo de este año horrible el dirigente ha atravesado por momentos de debilidad en los que llegó a plantearse la posibilidad de destituir al preparador. Pero no tanto por los malos resultados, sino por la preocupante información que le llegaba desde el vestuario y que alertaba de un progresivo distancimiento del técnico de una plantilla que dejó muy pronto de creer en los métodos del de Larrainzar.

Aunque en el seno de su grupo de trabajo había voces -tímidas, eso sí- que sugerían un cambio en el banquillo, Urrutia respaldó con todas las consecuencias a Ziganda, una apuesta personal que no contó en su día con el beneplácito de algunos dirigentes y sobre todo del director deportivo. De hecho, José María Amorrortu intentó, sin éxito, la contratación de Thomas Tuchel, muy cerca del PSG.

Las claves

El tramo final
Urrutia entiende que a estas alturas no existen plenas garantías de regeneración con la marcha de Ziganda
San Mamés
El presidente está decidido a soportar todas las críticas en estos últimos partidos
Elecciones
Si en los inicios de la próxima temporada el equipo no levanta cabeza, podrían ser en diciembre

Pero, ¿por qué le mantiene aún? Las mismas fuentes aseguran que cuando pudo o debió hacerlo, en especial tras la eliminación copera a manos de un humilde conjunto de Segunda B como el Formentera, Josu Urrutia pensó que las aguas volverían a su cauce y que sólo era cuestión de tiempo, de dejar pasar la tormenta. Fue, precisamente, en esa época cuando el propio Ziganda meditó ser él quien diera el paso de abandonar el banquillo para evitar hacer cargar a su presidente y amigo con la responsabilidad de reemplazarle en el banquillo del Athletic.

Casos aislados

Al final no hubo ni dimisión ni destitución. Y la esperanza de mejora de Urrutia no ha llegado a hacerse realidad. Al contrario, el equipo inició un rápido proceso de descomposición salpicado con ciertas dosis de esperanza que acabaron siendo espejismos -la victoria en Villarreal y el empate en el Bernabéu-, pero el dirigente entiende que a estas alturas no existirían plenas garantías de regeneración con la marcha de Ziganda, algo que sí ocurrió con algunos de los equipos con los que comparte los puestos comprometidos de la tabla.

De los últimos ocho clasificados, el Athletic es junto al Leganés -Asier Garitano ha cumplido su misión con creces- el único equipo que no ha destituido a su entrenador. Lo han hecho el Málaga, Las Palmas, Deportivo de La Coruña, Espanyol, Levante y Alavés.

Lejos de medidas drásticas, Urrutia ha decidido perpetuar su idea respecto a Ziganda y protegerse con una coraza de las cada vez más duras críticas procedentes de la masa social. Su objetivo es soportar con estoicismo «todo lo que venga» hasta final de temporada.

Mientras tanto, ya piensa en el futuro. Como ya informó este periódico, se ha lanzado en busca de refuerzos de máximo nivel para la próxima temporada, la última en el sillón de Ibaigane si no cambia de opinión y decide presentarse a unas elecciones que dijo convocará en el primer trimestre de 2019. Sin embargo, fuentes consultadas por este periódico no descartan que de iniciar la próxima campaña -casi con seguridad con Berizzo en el banquillo- como ha acabado ésta, desde su entorno le aconsejen convocarlas a finales de este año.

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