Buenas noticias para el Athletic pese a la derrota

Los rojiblancos caen en Mestalla penalizados por los fallos de Kepa, pero encuentran el camino perdido tras firmar el partido de más entidad en lo que va de temporada

Jon Agiriano
JON AGIRIANO

Era el de ayer en Mestalla un partido rebosante de malos augurios para el Athletic, que aparte de sus dolencias ya conocidas visitaba uno de los campos más nocivos para su salud. Las apariencias, sin embargo, a veces pueden engañar. El augurio de la derrota se cumplió, efectivamente, y a ello contribuyó en buena medida el que menos se esperaba, un Kepa fallón que regaló dos goles. Ahora bien, todos los demás quedaron desterrados. Lejos de hundirse, el equipo de Ziganda salió reforzado de Valencia. Ante un rival de alto rango, firmó el partido de más entidad de la temporada, con el único borrón de los errores que acabaron costando los goles. En la segunda parte, en concreto, se puede decir que los rojiblancos encontraron por fin el camino por el que deben transitar. Jugando con ambición, ocupando con valentía el terreno rival, disfrutando de un chaval como Córdoba que ayer demostró que ha venido para quedarse y de dos veteranos como Aduriz y Raúl García, puntuales de cara a gol saliendo desde el banquillo, el Athletic mereció mucho más que el 3-2 que acabó reflejando el marcador.

3 Valencia

Neto, Montoya, Garay, Gabriel Paulista, Gayà, Parejo, Carlos Soler, Andreas Pereira (Maksimovic, m.71), Guedes (Lato, m.83), Rodrigo (Sant Mina, m.73) y Zaza.

2 Athletic

Arrizabalaga, Lekue, Núñez, Laporte, Balenziaga, San José (Aduriz, m.46), Vesga, Iturraspe, Susaeta, Córdoba y Williams (Raúl García, m.60).

Goles:
1-0: m.27: Zaza. 2-0, m.35: Parejo, de penalti. 2-1, m.59: Aduriz. 3-1, m.65: Rodrigo. 3-2, m.76: Raúl García.
Árbitro:
Hernández Hernández (Comité Canario). Amonesto por el Valencia a Gayà, Zaza y Parejo; y por el Athletic a Arrizabalaga, Núñez, Raúl García y Vesga.
Incidencias:
partido disputado en Mestalla ante 42.000 espectadores.

El escozor de la derrota es inevitable, por supuesto. Son ya seis partidos sin conocer la victoria y eso se nota. La mochila de piedras se hace cada vez más pesada y el calendario, sobre todo en San Mamés, se pone muy empinado. El rival, además, resultaba ayer especialmente desagradable. Y duele que los equipos desagradables tengan suerte. La tuvieron los de Marcelino, sobre todo en los segundos 45 minutos. Salieron a especular con el 2-0 que se llevaron al descanso y acabaron pidiendo la hora. De hecho, tuvieron que encomendarse a su portero Neto, decisivo en varias acciones, sobre todo una ocasión de Raúl García en el minuto 80. Cuando ya cantábamos el gol, el 3-3, el brasileño la sacó con el pie. Fue una pena, claro que sí, pero lo cierto es que ahora el futuro se ve de otra manera.

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Los equipos de Marcelino son de sobra conocidos. Aún así tendemos a tragarnos el espejismo que provocan. Dejan que el rival se hago cargo del balón y lo transporte de aquí para allá, como si fueran un servicio de entrega a domicilio. Mientras tanto, ellos esperan en su campo, a la espera de robar y salir pitando al contragolpe o de aprovechar los balones largos de su portero en busca de peinadas. Aunque es más viejo que mear a la pared, suele ser un recurso efectivo si el rival, el Athletic en este caso, hace poco daño arriba y se deja sorprender en defensa. De esta manera, durante los primeros 25 minutos el partido fue un engaño, similar a otros que han sufrido los rojiblancos en El Madrigal cuando el técnico asturiano dirigía al Submarino Amarillo.

Los pupilos de Ziganda, que apostó por primera vez esta temporada por un trivote -Vesga, Iturraspe y San José- tenían el control y a punto estuvieron de adelantarse en el minuto 7 tras un error garrafal de Paulista, que regaló el balón a Susaeta. Neto, sin embargo, acertó a desviar el disparo cruzado del eibarrés. Todo parecía ir a la perfección. Mucho mejor de lo que se esperaba. Porque hay que reconocer que Mestalla se antojaba ayer un matadero. Y mas viendo el once, sin Raúl García, Beñat y Aduriz. El Valencia, sin embargo, aprovechó su primera oportunidad para adelantarse. Lo que pudo ser un contragolpe de Lekue tras una pérdida de Zaza se acabó convirtiendo, por esas paradojas del fútbol, en un gol del italiano, un tipo bronco y perdonavidas. Insufrible. El 1-0 descentró al Athletic, que de repente perdió el guión. Le costó caro. Defendiendo mal dos peinadas casi consecutivas a balones largos, Rodrigo se plantó solo ante Kepa. La primera vez no pudo batir al guardameta de Ondarroa. En la segunda, éste le derribó de forma absurda en una salida alocada. Parejo marcó el penalti.

La mejor noticia

Era el minuto 33 y quien más quien menos ya se imaginó a un Athletic desplomado al que iba a caerle la del pulpo. Pues no. El equipo de Ziganda demostró tener alma. Lejos de venirse abajo, deprimido por esos fallos tontos que le habían salido tan caros y, en general, por la deriva de las últimas semanas, se levantó. Un cabezazo a bocajarro de Vesga acabó en el poste, desviado por Neto, providencial para su equipo toda la tarde. Ese gesto de levantarse de la lona fue, sin duda, la mejor noticia del partido desde la perspectiva bilbaína. Es posible que a los resultadistas les importe un pepino y sólo miren el 3-2, pero eso es sólo porque no ven de lejos.

Aduriz salió en la segunda parte en lugar de San José, cuya titularidad sigue siendo un misterio. Ziganda estaba obligado a contar con el donostiarra, lo mismo que con Raúl García, si quería intentar la remontada. El Athletic se puso manos a la obra con ambición y prestancia ante un Valencia que reculó a las bravas, convencido de que podría defender el 2-0 hasta el fin de los tiempos. Un golazo de Aduriz en el minuto 59 -¡qué control orientado!- hizo añicos los cálculos rácanos de Marcelino y terminó de agrandar a los rojiblancos, entre quienes destacó un Iñigo Córdoba vertical y pujante. Un par de actuaciones más como la de ayer y no le sacan del once ni los GEO. El empate se empezaba a oler en Mestalla como si fuera chamusquina. Lo tuvo Núñez en un cabezazo franco a pase de Vesga. Se le fue alto. Digamos que el chaval tiene muchas virtudes, pero la sutileza no está entre ellas.

Lo peor de todo no fue su error, sino el que siguió a continuación en el área de Kepa, que hizo una salida calamitosa y dejó que Rodrigo empujara de cabeza a la red. El golpe fue terrible. El Athletic, sin embargo, volvió a levantarse. Su resistencia a la derrota resultó emocionante y habló a las claras de un equipo vivo. Que se lo pregunten si no a Marcelino, que vio como Raúl García acortaba distancias en el minuto 75 y pasó un cuarto de hora final mirando el desfibrilador. El 3-3 fue posible. Hubo tres ocasiones claras, incluido un remate al larguero de Laporte. Pero no pudo ser. Otro día será. Jugando así, a ser posible como en la segunda parte, hay que darlo por descontado.

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