A la luz de las velas

Seguro que conocen esa molesta sensación que se produce cuando estás en una habitación y un gracioso empieza a tocar el interruptor de la luz; encendido, apagado, encendido, apagado, encendido, apagado. Eso es lo que hicieron los jugadores del Athletic contra el Getafe

Susaeta, en un momento del partido./Luis Ángel Gómez
Susaeta, en un momento del partido. / Luis Ángel Gómez
JON RIVAS

Seguro que conocen esa molesta sensación que se produce cuando estás en una habitación y un gracioso empieza a tocar el interruptor de la luz; encendido, apagado, encendido, apagado, encendido, apagado. Ese click, click que te pone de los nervios. Pues eso hicieron anoche los jugadores del Athletic, darle al interruptor como críos maleducados: encendidos, apagados, encendidos, apagados, hasta que llega un momento que salta el fusible o se estropea el mecanismo, que sigue haciendo un molesto click, click, y en este caso depende de si la última vez estaba encendido o apagado para quedarte toda la noche con la luz encendida, lo que se puede remediar desenroscando las bombillas, o a oscuras.

Y cuando el Athletic le dio por última vez al interruptor la luz estaba apagada. Así que los jugadores tuvieron que buscar por los cajones, a tientas, un par de velas para salir de las sombras, y las encontraron. Con aquella luz se podía, como máximo, evitar tropezarse con los muebles, pero no leer el partido como se debía, y siempre jugando con el riesgo de que una ráfaga de viento apagara las candelas. O que cualquier jugador del Getafe diera un soplido, claro.

La cosa no había empezado mal. Como la semana, en la que quedó claro que en Ibaigane empiezan a trabajar muy pronto. Está demostrado que a los dirigentes del Athletic no se les pegan las sábanas, porque a Urrutia se le ve lustroso en las fotografías de las renovaciones, y esta semana ha tenido bastante trabajo. Claro que a algunos, como Iñaki Williams, les ha venido bien madrugar. Como se le escapó en la rueda de prensa, ha firmado un pedazo de contrato y lo quiso festejar pronto en el Coliseum. No pudo ser a la primera, pero sí a la segunda. Pedazo de gol también, como el contrato.

Y otro que ha firmado su renovación, Iago Herrerín también quiso destacar enseguida. Cometió un penalti, esta vez por salir tarde y no madrugar como cuando fue a firmar, que fue el empate. Y en la segunda parte cometió otro, aunque esta vez se dijo que no podía suceder lo mismo y le aguantó el disparo a Jorge Molina para evitar el segundo del Getafe, apenas un suspiro después de que Raúl García marcara, también de penalti, otro para el Athletic.

Para entonces ya jugaba el equipo de Ziganda a la luz de las velas. Y si en una banda Lekue, otro de los que ha renovado, mostró la misma seriedad que en su indumentaria el día de la firma, en la otra Saborit sólo encontró sombras. Por allí no había velas encendidas. Habrá que enviarle un mensaje al chaval: si quieres que Josu Urrutia te despierte de madrugada para que, todavía sin amanecer, llames al timbre de Ibaigane y cuando te abran puedas subir al despacho del presidente a firmar y a que te hagan fotos, tendrás que espabilar un poco.

Porque, amigo, tendrás que darte cuenta de que hay que ser un poco más intenso en defensa, que no puede ser que cuando el rival aprieta, siempre busque tu banda porque ve que por allí hay más carne para masticar. No es que Sabin Merino ayude mucho, la verdad, pero igual es mejor meter un poco el pie que levantar la mano para pedir fuera de juego cada vez, o dejarse ganar la espalda por unos delanteros más ingeniosos que hábiles, que llegaban hasta la línea de fondo siempre por su derecha.

Por esa banda casi se apaga la poca luz con la que el Athletic, que aguantó hasta el final con la cera de las velas casi consumida.

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