La vida después de Aritz Aduriz

La vida después de Aritz Aduriz
Jon Agiriano
JON AGIRIANO

Por las reacciones que ha provocado, la bella versión del Athletic en Villarreal ha podido parecer un gran hallazgo científico. A mí al menos me ha hecho recordar a los arqueólogos de una excavación cuando alguno, arrodillado en la zanja, anuncia que ha encontrado algo interesante y todos se arremolinan a su alrededor, entusiasmados, para observar cómo se desvela poco a poco el gran descubrimiento: esa falange del pie izquierdo de un neardental, esa huella de diplodocus, esa vasija de la segunda dinastía acadia, esa insignia del Athletic de la época visigoda... Exageramos un poco, claro que sí. La realidad es que los rojiblancos sólo llevan bajo tierra unos meses, de manera que no necesitábamos una prueba de carbono 14 para datar la antigüedad de cualquier versión ilusionante que pudieran ofrecer. No habíamos caído tan bajo, quiero decir, por mucho que, a veces, el aburrimiento atroz de la temporada nos haya hecho ver las cosas más negras de lo que realmente estaban.

Este pesimismo se había concentrado en los pronósticos sobre el futuro del equipo. Quien más quien menos, todos nos hemos hechos cruces pensando en el porvenir. A este respecto, el 1-3 del lunes ha dejado una gran cuestión para el análisis. Podríamos llamarla la vida después de Aduriz y merece una reflexión porque es de una importancia capital; la misma que ha tenido el delantero donostiarra desde que Josu Urrutia le fichó en 2012. Las cosas como son: desde entonces, el Athletic ha sido el equipo de Aritz, autor de 141 goles, a una media de 23,5 por temporada. Su porcentaje realizador por partido (0,52) mejora por poco al de un mito como Dani (0,50) y sólo es algo peor que el de otra vieja leyenda, Eneko Arieta (0,56). Lo digo para poner las cosas en su sitio y dejar bien claro, antes de proseguir con el análisis, que este Aduriz treintañero ha sido el mejor goleador del Athletic en el último medio siglo.

Es lógico que la perspectiva de la pérdida de un futbolista semejante lleve tiempo provocando inquietud. El Athletic debe conformarse con la producción de Lezama y en la posición de delantero centro la cosecha de calidad es escasísima históricamente. Son piezas exclusivas, verdaderos tesoros. Llorente y Aduriz, no lo olvidemos, han sido dos bendiciones del cielo que vinieron a romper una larguísima sequía: la que, durante las dos décadas posteriores a la marcha de Julio Salinas, impidió que la cantera del Athletic pudiera producir un 9 que se consolidara en el primer equipo. Hubo que ficharlos: Uralde, Ziganda y Urzaiz.

Así las cosas, una vez analizados los activos propios de Lezama y los que ofrece el fútbol vasco, podemos dar por descontado que Williams será el hombre llamado a sustituir a Aduriz cuando éste se retire, muy probablemente en junio de 2019. Hasta entonces, se producirá una especie de cohabitación. Williams jugará siempre, de 9 cuando el donostiarra descanse y de segundo delantero o extremo cuando éste salte al campo. Y saltará, seguro. Sobre todo, en San Mamés. Que esté declinando, que el fuelle sólo le llegue ya hasta marzo y lleve cinco partidos consecutivos en el banquillo no debería confundirnos. Aduriz es el tercer jugador en minutos disputados, ha sido titular en 31 ocasiones entre Liga y Europa League y suma 19 goles, más del doble que Williams, por decir algo. Estoy convencido de que la próxima temporada, con un solo partido por semana, todavía dará guerra. Y un poco de guerra de Aduriz tiene más poder destructor que la explosión atómica de la inmensa mayoría de sus compañeros.

En cualquier caso, hay que irse preparando para un relevo natural que va a obligar a cambiar, poco a poco, el estilo de juego del Athletic. Aduriz lo ha condicionado, sin duda. Lo hacen todos los grandes futbolistas. Y Williams, una flecha, también lo condicionará, a su manera. Habrá que buscarle bien en los desmarques, jugar el balón con propiedad y dinamismo a partir de tres cuartos, aprovechar su impresionante velocidad y darle el debido acompañamiento en las llegadas. Será otro Athletic. Ahora bien, sin un rematador excepcional como Aduriz, capaz de sacar petróleo debajo de las piedras y ganar partidos él solo, la exigencia de buen juego y mayor frecuencia de ataques se me antoja todavía superior. El ejemplo de Villarreal podría valer, sin duda. Es más, hasta podemos considerarlo un descubrimiento.

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