Ziganda y muchos culpables más

Ziganda observa atentamente a sus jugadores en el entrenamiento celebrado ayer en Lezama./JUAN ECHEVARRIA
Ziganda observa atentamente a sus jugadores en el entrenamiento celebrado ayer en Lezama. / JUAN ECHEVARRIA

El técnico aparece en el centro de las críticas, pero la responsabilidad del mal momento deportivo se distribuye entre todos los actores, deportivos e institucionales

ROBERT BASIC

Nada más terminar el partido contra el Formentera, José Ángel Ziganda pidió a sus hombres que olvidaran cuanto antes lo sucedido en el césped artificial del Sant Francesc y pensaran en el Barcelona. Tampoco podía hacer otra cosa, solo tratar de borrar cualquier rastro de un encuentro indigesto que volvió a evidenciar la depresión futbolística en la que vive instalado el Athletic. Los rojiblancos escribieron un nuevo capítulo en su cada vez más extensa recopilación de despropósitos y de ahí que el técnico recurriera al único remedio contra el dolor, el olvido. Y es justo lo que les recetó un hombre que sigue sin saber cómo enderezar el rumbo de una nave ya desviada de su ruta original y que busca un puerto en el que refugiarse hasta que pase la tormenta. Solo hay una manera de conseguirlo, con victorias y un fútbol al menos aseado. Definir la propuesta y saber a lo que se juega son dos requisitos indispensables para salir del agujero, además de profesarse confianza mutua tanto en el vestuario como en los despachos.

Como suele ser habitual en estos casos, el entrenador se sitúa en el centro de las críticas y es el receptor de toda la frustración que genera el pésimo juego del equipo. Es algo lógico y comprensible porque Ziganda es incapaz - al menos de momento- de armar el fútbol del Athletic y de proponer un estilo definido y reconocible, lo mínimo que se puede pedir a un técnico que lleva cuatro meses en el cargo y lleva consumidos 17 partidos oficiales y otros nueve amistosos. Ahora bien, convendría abrir el radio de análisis para distribuir la responsabilidad entre otros actores que están en el escenario, como los jugadores y el propio club, que asiste impasible al desgaste de la plantilla sin reforzarla en los últimos dos años. A continuación se exponen algunos puntos clave que explican los problemas deportivos del cuadro rojiblanco, que vienen de lejos, y su progresiva pérdida de fundamentos.

El entrenador

Sigue sin dar con la tecla y el equipo no sabe a qué juega

En su primera intervención como técnico del Athletic, Ziganda pronunció una frase que le acompañará hasta el resto de sus días: «Lo que no mejora, empeora». Tras cuatro meses en el cargo, el navarro sigue sin dar con la tecla y no logra definir la personalidad de un equipo que, sencillamente, no sabe a lo que juega. Está viviendo un sueño hecho realidad y el balón no le acompaña, los resultados se resienten y las sensaciones son malas. «No soy capaz de contagiar al equipo la alegría del filial», confesó hace poco ‘Cuco’, quien apostó desde el principio por las rotaciones masivas y continúa apegado a ellas. Pero las revoluciones no funcionan ni tampoco un centro del campo prácticamente inexistente en el que se echa de menos a Beñat, testigo mudo de una época huérfana de fútbol.

Ziganda ha repetido solo una vez el once -en la eliminatoria contra el Dinamo de Bucarest- y a partir de ahí el movimiento ha sido constante y abrumador. El Athletic está en la cuerda floja en Europa, transita por la zona gris de la Liga y el miércoles empató en la Copa con un rival recién ascendido de Tercera. Más allá de los marcadores, lo que preocupa es la triste imagen que dan los rojiblancos y los mensajes de un entrenador que con cada alineación confirma sus miedos y su predilección por protegerse.

Los jugadores

Gente de peso sigue sin aparecer para tirar del carro

Muy pocos futbolistas pueden decir que rinden a su nivel o que igualan o mejoran sus prestaciones respecto a las acreditadas en los años anteriores. Los pesos pesados siguen sin aparecer y gente como Laporte, San José, Williams y Raúl García, entre otros, no ha dado un paso adelante y se les echa de menos. Podría decirse que apenas se salvan Aduriz y Susaeta, además de los recién llegados Córdoba y Núñez, y que destacan por encima de los demás los dos porteros, Kepa y Iago. El resto se mueve en la insignificancia y urge que las piezas clave tiren del carro y contagien a los demás, que les seguirían de inmediato. Nadie cuestiona la actitud y la buena predisposición de la plantilla, sino el alejamiento de muchos jugadores de su verdadero potencial y las razones por las que sigue escondido. Sin una respuesta coral y un compromiso firme con la mejoría colectiva, el Athletic se condenaría a un curso gris y triste.

Plantilla exprimida

Valverde sacó todo el jugo a un equipo que entrenó 4 años

El equipo juega mal y no se reconoce en el espejo, sí, pero esta dinámica no es algo exclusivo de esta temporada sino que entronca directamente con la anterior. El pasado curso, el último de Ernesto Valverde en el banquillo de San Mamés, fue un continuo quiero y no puedo en el que se percibía el progresivo desgaste de la plantilla. Txingurri exprimió al máximo sus recursos humanos y salvó el ejercicio con un séptimo puesto -en Europa se hizo el ridículo con aquella eliminación ante el Apoel- que, a la postre, dio acceso al escenario continental. Eso sí, condicionado por la disputa de las dos previas que obligaban a comenzar a competir en julio. El ahora entrenador del Barcelona, que estará este sábado en San Mamés, tampoco consiguió que su equipo desplegara un fútbol convincente pero aprovechó la inercia -y la confianza mutua- de los cuatro años en común para cerrar dignamente una campaña llena de lagunas y avisos.

El club no refuerza al equipo

Más de dos años sin fichajes, desde Raúl García

A nadie se le escapaba que la plantilla necesitaba una mano de pintura y refrescos en forma de refuerzos. Gente de fuera que mejore lo que hay dentro y, además, suba el nivel de alerta y obligue a todo el mundo a ponerse las pilas. Pero el club ha sido incapaz de traer a nadie en dos años -hay que dejar en cuarentena la contratación en diferido de Ander Capa- y ha fiado su suerte -y la de su nuevo entrenador- a lo que ya había y a los chavales de Lezama. Ibaigane intentó posicionarse en el mercado y fue a por varios futbolistas de la Real Sociedad y Osasuna, pero no logró convencer a ninguno de ellos. Tampoco a Mikel Merino, al que tenía atado y ahora triunfa en el Newcastle. Nada que llevarse a la boca desde la llegada de Raúl García, en verano de 2015, quien a día de hoy sigue siendo el último fichaje rojiblanco. Había que hacer los retoques cuando todo iba bien, cubrir las necesidades presentes y sobre todo las futuras, pero Ibaigane no trajo nada a Ziganda.

Lesionados

Bajas importantes de Muniain, De Marcos y Yeray

A perro flaco todo son pulgas y por si no fuera suficiente con los malos resultados y las peores sensaciones ‘Cuco’ se encontró también con las lesiones de Iker Muniain, Óscar de Marcos y la recaída de Yeray. Tres hombres que son titulares y que hubieran venido de perlas al equipo. El navarro se rompió la rodilla cuando mejor estaba, el alavés continúa martirizado por su problemas en el tobillo izquierdo y el baracaldés por fin está libre de su enfermedad, aunque como es lógico todavía le falta para ponerse a punto. Pero de lo que se trata ahora es de gestionar con criterio lo que se tiene, mantener la confianza mutua y aunar fuerzas dentro de la obligación de remontar el vuelo. Y ahí debe estar todo el mundo, no solo el técnico, sino también la plantilla y el club.

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