En sus manos está

Ziganda se enfrenta a un dilema personal: debe decidir cómo va a jugarse el bigote

JON AGIRIANO

La pregunta es muy vieja. Digamos que siempre está ahí, al acecho, que aparece y desaparece, como un Guadiana en forma de interrogante. Ayer fluyó caudalosa por todas las geografías rojiblancas. «¿Por qué el Athletic no juega siempre así?», nos preguntamos, cada vez que el equipo firma un buen partido ante uno de los grandes después de haber perpetrado algunos lamentables ante rivales de mucha menor enjundia. La respuesta no suele ser coincidente entre los aficionados y los jugadores y técnicos. El hincha lo achaca esencialmente a una falta de actitud, a que los futbolistas son unos jetas que sólo dan lo mejor de sí mismos cuando les interesa, es decir, cuando se enfrentan a un grande y todos los focos están puestos en su actuación. Los profesionales se defienden y piden comprensión. No se trata de que les falte responsabilidad sino de que son humanos. Y es natural, vienen a decir, que uno, de forma incluso inconsciente, responda con más coraje ante el desafío que le plantea un enemigo superior que ante la obligación de poner el matasellos a uno de inferior categoría.

Después de tanto tiempo, este debate ha dejado de interesarnos a muchos. Básicamente, porque es evidente que hay una parte de razón en las dos partes y, sobre todo, porque no conduce a ningún lado. Mucho más interesante que discutir sobre la actitud de los jugadores, fiera unas veces y pusilánime otras en función de la estatura de su rival, me parece detenernos en una lectura estrictamente futbolística. Y es que somos muchos los convencidos de que es la propuesta de juego la que acaba determinando la actitud de los futbolistas, no la potencia del equipo que tiene enfrente.

Jugar ante el Real Madrid o el Barça te puede hacer más ilusión y añadirte un plus de entrega para equilibrar la superioridad técnica de sus jugadores, pero no provocar una metamorfosis en tu manera de jugar. Y menos una metamorfosis positiva. Si un equipo tiene grabado a fuego un estilo que le impulsa a presionar arriba, a jugar con intensidad y arriesgar en ataque poniendo mucha gente por delante del balón, el propio juego que resulta de esa apuesta ofensiva obliga al futbolista a tener una actitud firme y ambiciosa. Y al revés, si un entrenador impone un estilo blindado y amarrategi, alérgico a los riesgos, es natural que su equipo, tarde o temprano, termine desconfiando de sus propias fuerzas y dibujando la insostenible paradoja -en realidad, una absoluta incongruencia- a la que asistimos el sábado en San Mamés: que el Athletic fuera mucho más valiente enfrentándose al Barça -pensemos únicamente en dónde presionó en la segunda parte y la proyección ofensiva que tuvieron los laterales- que haciéndolo ante el Östersunds, el Leganés o el Formentera.

Confiemos en que Ziganda no vuelva a confundirse de camino. Por mucha confianza que Josu Urrutia haya depositado en él, con once puntos en la décima jornada, una sola victoria en los últimos diez partidos y la posibilidad de quedar eliminado de la Europa League en esta fase de grupos que parecía coser y cantar, su situación es muy delicada. Se lo va a jugar en el próximo mes. Dicho de otro modo: ‘Cuco’ no puede permitirse de nuevo el lujo de que el Athletic, tras asomar la cabeza ante el Barça como ya lo hizo ante el Valencia y el Sevilla, vuelva otra vez a la cueva y a las pinturas rupestres. Esto hay que enderezarlo de inmediato, empezando por el jueves ante el Östersunds, siguiendo el domingo por el Celta en Balaídos y continuando, tras el parón de Liga, por los partidos en San Mamés ante el Villarreal y el Hertha.

En esta tesitura crítica, el entrenador navarro se enfrenta a un dilema personal: debe decidir cómo va a jugarse el bigote. Dos son sus opciones. No hay más. Puede seguir como lo viene haciendo hasta ahora salvo puntuales excepciones como la del sábado, es decir, proponiendo un fútbol conservador, industrial, anestésico y pesado, sin ningún vuelo; exactamente el contrario al que prometió cuando accedió al cargo. O puede decidir arriesgar y apostar por un Athletic intenso, valiente y decidido que salga a por los partidos con un cuchillo entre los dientes aunque ello suponga a veces que puedan partirle la cara. En sus manos está. A modo de consejo, sólo le preguntaría cómo le gustaría ser recordado.

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