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Ziganda: una nueva forma de hacer las cosas

Ziganda, durante la pretemporada.
Ziganda, durante la pretemporada. / EFE

‘Cuco’ es un futbolista más. Y los gritos, aderezados de instrucciones y alabanzas, son constantes

JUANMA MALLO

Por encima de los resultados (una derrota, una victoria y un empate), más allá de las novedades que se perfilan en la alineación (la apuesta de Vesga en el centro del campo junto a Beñat) y unas sensaciones esperanzadoras sobre el césped, en el buen camino para la previa ante el Dinamo de Bucarest del próximo jueves 27, la semana del Athletic en Suiza ha alumbrado una nueva forma de hacer las cosas en el conjunto rojiblanco. José Ángel Ziganda y su cuerpo técnico han aterrizado en el primer equipo con unos métodos que difieren de etapas anteriores.

Sorprende e impacta la pasión que tanto ‘Cuco’ como Iban Urkiza, el preparador físico, impregnan en cada ejercicio, en cada instante de los entrenamientos, también en los partidos y sus calentamientos. Gritos, ánimos, correcciones... También difieren las charlas. No hay única dirección. No solo habla el preparador de Larrainzar. Él comenta, pero desea que sus futbolistas ofrezcan su parecer, resalten sus apuntes y expresen su opinión con el objetivo de mejorar al grupo. E incluso se puede ver a hombres, a Raúl García por ejemplo, ofrecer una serie de consignas durante una sesión, como sucedió el viernes mientras el equipo pulía la manera de defender y atacar las jugadas de estrategia, la fragilidad detectada tras el primer amistoso y que ya parece corregida.

Además, la tecnología, con unos GPS que se ponen en el pecho, monitoriza hasta el último detalle del rendimiento físico de los profesionales. Es una nueva forma de hacer las cosas. «Es una dinámica distinta. Ni mejor ni peor. Diferente. Hay un cambio de metodología», explicó Urkiza en Crans-Montana hace unos días.

Si la etapa de Marcelo Bielsa se caracterizó por esas sesiones maratonianas, de hasta tres horas, y las carreras por el circuito diseñado en Lezama a petición del rosarino, la era de Ernesto Valverde provocó que el balón tomara el protagonismo desde el primer instante, y también que las sesiones rondaran los 90 minutos. Estos dos aspectos se mantienen con Ziganda, es cierto, pero ambos técnicos se separan en la manera de plantarse sobre el césped y dirigir a sus pupilos en cada práctica. Txingurri, con muchos años de bagaje en la elite, era más reposado, más tranquilo: observaba los ejercicios con mayor distancia. Era típica su pose: rodilla al suelo, y mirada hacia su gente. Al frente. Sin embargo, ‘Cuco’ es un futbolista más. Y los gritos, aderezados de instrucciones y alabanzas, son constantes. Durante estos días en Suiza, ha acuñado una expresión: «¡Buenísima!», para aplaudir los aciertos de sus tropa. «No calla», comentan algunos jugadores para referirse a la insistencia del preparador en ofrecer consejos para alcanzar la excelencia.

Cuando se ensaya la táctica, cómo sacar el balón jugado, cómo ahogar a un rival, o el método para romper la línea, Ziganda, libreta negra en mano, se mueve al ritmo de la pelota y sus jugadores. Derecha, izquierda, arriba, abajo. No para. «Robo y corro, robo y corro», «que no progrese, que no progrese», «guarda y juega», «defiendo siempre la portería y el lado del balón»... Son solo cuatro frases de las muchas que ha empleado en Crans-Montana ‘Cuco’, que siempre que solicita algo a sus futbolistas lo acompaña de un «por favor». Por ejemplo, antes de iniciar la charla en el centro del campo de Terrain des Palletes, el navarro, que también graba los entrenamientos como hacía Txingurri -aunque en esta ocasión se emplea un andamio que había en este recinto- les dice: «Nos cerramos, por favor». Y ahí comienza el diálogo. Comenta el navarro, pero también sus futbolistas. Feed-back. «Es un ida y vuelta. Está abierto a todos», expresa otro miembro del plantel rojiblanco.

Catálogo de ejercicios

Por cierto, además de las charlas colectivas -el domingo por la tarde tocó sesión de vídeo en el Grand Hotel du Golf&Palace, su lugar de concentración-, Ziganda suele reclamar a más de un futbolista durante la sesión o cuando ésta concluye. También era costumbre de Valverde, es verdad, pero dicen en el vestuario que ‘Cuco’ recalca más aspectos para la mejora individual del futbolista; el vehículo para el desarrollo global del Athletic.

La forma de acondicionar el físico del grupo también se aleja del pasado. No solo por la energía que desborda Urkiza en su cometido, también por el catálogo de ejercicios que superan los jugadores. Son alrededor de 20 minutos con balones medicinales, cintas elásticas, saltos a la cuerda... Siempre con el preparador al mando -Ziganda se aparta y le deja el protagonismo- y la colaboración y vigilancia de otros miembros del cuerpo técnicos: Xabi Clemente, encargado de recuperar a los lesionados, y los fisios, entre otros. Y eso sí, el aliento en cada instante. Todo ello controlado con unos GPS -también se utilizan otros aparatos para medir distancias- que se colocan los futbolistas en el pecho al inicio de la sesión -también en los amistosos-, y se retiran cuando acaba, cada uno con el número de su propietario. Eso es otro cambio, como que Imanol Etxeberria graba con un Go Pro cada detalle del entrenamiento de sus porteros.

Y durante los partidos, a Ziganda solo le falta salir al campo y jugar. Igual que en los entrenamientos, no descansa a la hora de dar instrucciones, con una mayor frecuencia que otros entrenadores que ha tenido este equipo. En ese labor colabora Bingen Arostegi, su segundo, más reposado que el resto, aunque a veces muestra su lado más entusiasta. Por cierto, en líneas generales, el técnico de Larrainzar ha mantenido la estrategia de plantar un ‘once’ por cada tiempo. Una semejanza, pero hay cambios. Por ejemplo, ya no es solo Beñat el encargado de sacar los córners cuando está en el campo; ante el Fenerbahce colaboró Muniain. Otra novedad con este cuerpo técnico que ha llegado con una nueva forma de hacer las cosas en el Athletic.

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